El discurso de la crudeza o cómo el vice-signaling está cambiando la comunicación política
Washington, 22 mar (EFE).- El Gobierno de Donald Trump ha adoptado en el conflicto de Oriente Medio una narrativa descarnada que ya puso en práctica durante los ataques a lanchas en el Caribe o las redadas migratorias: para acabar con los «malos» hay que ser malo y para ganar todo vale. En respuesta al virtuosismo o ‘virtue-signaling’, la machosfera ha decido adoptar la crudeza del ‘vice-signaling’.
«El objetivo del vice-signaling es cambiar la arquitectura social que aporta el andamiaje de una conversación», explica el profesor de Filosofía de la Universidad de Georgetown Olufemi Taiwo. «El que señala virtud intenta aparecer como superior, mientras que el que señala malicia no tiene problema en aparecer como el malo», señala en un ensayo sobre el tema.
Trump y su equipo han hecho gala de esta máxima en su comunicación política: mofándose de migrantes deportados y más recientemente frivolizando sobre la guerra contra Irán con memes y paralelismos con videojuegos, ignorando las consecuencias humanas de la guerra.
Bromas macabras y memes
En otro ejemplo de que las formas no son ya necesarias, el jueves, Trump bromeó con que EEUU mantuvo el mismo secretismo en su ataque a Irán que Japón en su ataque a Pearl Harbor en 1941, considerado una gran tragedia nacional para Estados Unidos, delante de la circunspecta primera ministra japonesa, Sanae Takaichi.
El chascarrillo sobre Pearl Harbor, del que se jactaron colaboradores del mandatario, es parte de una constante en este nuevo discurso político.
Como indicó el profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Tokio Izuru Makihara al New York Times, esto tiene graves implicaciones: normalizar este tipo de retórica, en su opinión, es «inaceptable» y podría desembocar en extremos intolerables como dar por hecho que los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki no fueron para tanto.
Según Taiwo, desde los ataques en Venezuela y el Caribe este tipo de discurso tiene como objetivo «una proyección cruda de poder: comunicar ciertas posturas estéticas a la base del movimiento Maga y sus cómplices ideológicos y entrenarnos a todos para asimilar este tipo de narrativa».
El medio digital Politico explicaba esta semana, con base en fuentes de la Casa Blanca, que la estrategia de comunicación de esta guerra es «avasallar a saco con memes guapos, colega», porque nadie ha intentado comunicarse con los estadounidenses de esta manera «entretenida» antes.
El secretario de Guerra, Pete Hegseth, aseguró este jueves que «para matar a los malos hace falta dinero», en su petición al Congreso para ampliar el presupuesto de Defensa en 200.000 millones de dólares por la guerra, algo que suma a su dialéctica de dejarse de formalidades y hacer la guerra sin miramientos.
Ley del más malo
Según el columnista Robert Shrimsley, los promotores del «vice-signaling» entienden que «hay dinero que ganar en la economía del escándalo si se asume el rol de villano».
Algo que de una manera descarnada escenificó el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, cuando dijo el pasado jueves que la historia prueba que «Jesucristo no tenía ventaja sobre (el conquistador mongol) Gengis Khan, porque si eres lo suficientemente fuerte, despiadado y poderoso, el mal se impone al bien».
«La gente quiere ser naíf y no ven el mundo en que vivimos. En este mundo no es suficiente ser moral o justo», recalcó en rueda de prensa el líder de Israel, que junto con Estados Unidos inició el pasado 28 de febrero los ataques contra Irán con el pretexto de evitar las amenazas que supone su programa de misiles y de enriquecimiento nuclear.
Las declaraciones de Netanyahu son una copia casi exacta de las afirmaciones en enero del asesor de Trump Stephen Miller sobre la «toma» de Venezuela: «Vivimos en el mundo real, que está gobernado por la fortaleza, la fuerza y el poder. Esas son las leyes de hierro del mundo».
Ese discurso trae los ecos de la llamada «machosfera», en la que personajes como Andrew Tate, acusado de violación y trata de personas, pontifican sobre la necesidad de ser despiadados, de buscar el éxito a toda costa y de romper con la «matrix» que mantiene una sociedad dócil y manipulada.
Es algo que el escritor Sam Kriss describe en un artículo de Harper’s Magazine como una nueva filosofía de un Silicon Valley transformado por la revolución de la Inteligencia Artificial, que solo ve un futuro con ganadores absolutos o perdedores regados por las calles.
«Lo importante es tener agencia o ser altamente agéntico. La gente con alta agencia son los que solo hacen las cosas. No esperan tímidamente un permiso o consensos; conducen una apisonadora por lo que se les ponga delante. Cuando ven algo que puede ser cambiado en el mundo, no escriben un ensayo; lo cambian», describe. EFE
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