El drama de los secuestros parentales llega al Congreso de EEUU
«Los busqué todos los días», contó a la AFP un ecuatoriano residente en Estados Unidos que denunció este lunes ante la Cámara de Representantes que su exmujer se llevó a sus hijos a Quito y lleva dos años sin verlos.
Juan Garaicoa, cuyos hijos Mateo y Martín fueron llevados por su madre en 2016 a vivir a Ecuador, testificó delante de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara junto a otros dos padres que sufren también por el secuestro parental de sus hijos.
«El secuestro infantil es abuso infantil y continúa afectando a miles de familias en Estados Unidos», dijo durante la audiencia Chris Smith, un representante republicano que dirigió la ponencia.
Garaicoa concordó. «En la mayoría de los casos, no es un acto de amor sino una forma extrema de abuso infantil», afirmó.
Para Garaicoa los efectos en los niños son «catastróficos» y citó un estudio que indica que los menores víctimas de esta práctica guardan resentimiento contra ambos progenitores.
«La forma más extrema de alienación parental es el secuestro parental», explicó Garaicoa a la AFP. Contó que cada día de su vida vive «una montaña rusa de emociones», sin nunca perder la esperanza de volver a ver a sus hijos, que ahora tienen 14 y 9 años.
Según los datos entregados en la audiencia, cada año 450 niños son secuestrados por sus padres en Estados Unidos, sumando un total de 11.000 casos internacionales entre 2008 y 2017.
«El tiempo no borra nuestros recuerdos ni sana nuestro dolor. El tiempo desata una horrible ola de recuerdos diarios», contó.
Ante la falta de avances en su caso en los tribunales, pese a que hay acuerdos internacionales, Garaicoa pide que se impongan sanciones contra Ecuador.
– Una pesadilla sin fin –
Jeffery Morehouse, cuyo hijo Mochi está en Japón, también denunció ser víctima de un caso similar.
En 2010, cuando él tenía la custodia de su hijo de seis años, se lo entregó a su madre para que pasaran juntos un fin de semana. No lo ha visto desde entonces.
«Ahí fue cuando esta pesadilla sin fin comenzó», contó. «En ese momento mi vida quedó hecha añicos», dijo.
Este padre denunció que en Japón hay 400 casos como el suyo.
Morehouse contó a la comisión que cuando un juez le preguntó al menor si alguna vez pensaba en su padre, el menor le dijo en lágrimas: «A veces sueño con él en las noches».
Al escuchar eso, Garaicoa lloró.
Michelle Littleton, que vive en Mission Viejo en California, en el oeste de Estados Unidos, sufrió una situación similar cuando su expareja se llevó a sus hijos a Líbano.
«No hay ningún niño que haya vuelto de Líbano», dijo la mujer, que teme por el destino de sus dos hijas adolescentes, ya que en su familia paterna existe la opinión de que ya tienen edad para casarse.
El representante que organizó la audiencia dijo a la AFP que el juicio de custodia siempre debe ser celebrado en el lugar de residencia habitual del niño y que tampoco puede ocurrir que niños sean llevados a Estados Unidos en casos similares.»Estamos tratando de hacer esto de una forma recíproca, ya que si alguien trae a su hijo aquí, queremos asegurarnos de que vuelvan a ese país, salvo que haya algo como una guerra», explicó.