El ejército azerbaiyano, a las puertas de la ciudad clave de Shusha en Nagorno Karabaj
Las explosiones se oyen a lo lejos, pero Kamo Hairapetian se arrodilla para rezar en la catedral de Shusha, ciudad simbólica y estratégica de Nagorno Karabaj, de la que las tropas azerbaiyanas están ahora muy cerca.
«Nos bombardean todos los días. Se ha convertido en un hábito», lanza este reservista armenio, de 60 años, vestido de traje caqui y zapatillas blancas. Su casa fue destruida por estos bombardeos.
En la catedral, cuyo techo fue dañado por los ataques hace un mes, Kamo enciende algunas velas y hace la señal de la cruz. «Defenderemos nuestra tierra hasta el final. No nos rendiremos», asegura.
Emplazada sobre una montaña cuyos contornos la convierten en una fortaleza natural, Shusha es estratégica en más de un sentido. Es la última ciudad antes de la capital de la región separatista, Stepanakert, unos quince kilómetros al norte en automóvil.
También la atraviesa la principal carretera que une Stepanakert con Armenia, que apoya a los soldados separatistas.
Pero desde hace varios días, los combatientes azerbaiyanos multiplican las incursiones.
El presidente de Nagorno Karabaj, Arayik Harutyunyan, advirtió a finales de octubre que «quien controla Shusha controla Stepanakert».
Nagorno Karabaj, actualmente poblado casi exclusivamente por armenios, fue escenario de una guerra los años 1990, que causó más de 30.000 muertos y centenares de miles de refugiados. Desde entonces, no se ha firmado ningún tratado de paz y los enfrentamientos han sido constantes. Pero los combates actuales son los peores desde el fin de la guerra.
– Búsqueda de posibles grupos saboteadores –
Los funcionarios locales han informado de numerosos ataques al sur de Shusha en los últimos días. El sábado, una portavoz del ministerio de Defensa armenio, Shushan Stepanyan, aseguró que se habían producido «intensos y violentos combates» a las puertas de la ciudad.
Las fuerzas azerbaiyanas alcanzaron algunas partes de la carretera que conduce a Armenia, y su captura dejaría a Stepanakert sin una vía de abastecimiento crucial.
Por primera vez desde el inicio de los combates, fue cerrada el miércoles para llevar a cabo «operaciones de búsqueda de posibles grupos de saboteadores», según Stepanyan.
Es difícil decir hasta dónde han avanzado las tropas azerbaiyanas en torno a Shusha, o hasta qué punto controlan las posiciones que dicen haber recuperado, pero su presencia en los alrededores de la ciudad representa una gran victoria para Bakú.
Azerbaiyán afirma haber recuperado numerosas aldeas que habían estado fuera de su control desde el decenio de 1990, así como grandes partes de Nagorno Karabaj meridional.
Según los especialistas, entre 15 y 20% del territorio perdido por Bakú en los años 1990 se habría recuperado en las últimas semanas.
Pero estas puntos conquistados se encuentran en la llanura y los combates ahora tienen lugar en estrechas gargantas y laderas de montaña, donde las fuerzas armenias han tenido años para construir sus defensas.
Ereván afirma que el avance de su enemigo sólo fue posible a costa de grandes pérdidas que Bakú no reveló.
Si bien se desconoce el balance real de los combates, las fuerzas armenias han reconocido haber perdido más de 1.000 soldados y las dos partes se acusan mutuamente de apuntar deliberadamente contra zonas residenciales.
Desde el comienzo de las hostilidades han muerto más de 130 civiles.
En Shusha, las huellas de los combates están por todas partes, desde los cráteres en las calles y los jardines hasta los apartamentos destruidos.
La mayoría de los civiles huyeron a Armenia y Stepanakert parece ahora una ciudad fantasma.