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El extremo clima en WASP-94A b: nubes de arena por la mañana que desaparecen por la tarde

Redacción Ciencia, 21 may (EFE).- Se llama WASP-94A b y es un exoplaneta similar a Júpiter, situado a 700 años luz de la Tierra. Aunque este gigante gaseoso ha sido muy estudiado, nuevas observaciones con el Telescopio Espacial James Webb han descubierto un ciclo meteorológico sorprendente: amanece muy nublado pero al atardecer las nubes desaparecen.

Según el estudio, este gigante gaseoso que, en un lado siempre es de día y el otro de noche, está sometido a un fenómeno extremo que crea climas drásticamente diferentes en el planeta: por las mañanas, sus cielos están cubiertos de nubes de silicato de magnesio (un mineral común en las rocas y la arena); sin embargo, por las tardes los cielos están completamente despejados.

Por otro lado, al no estar obstruido por vapor, los investigadores han podido medir con precisión niveles de oxígeno y carbono de su atmósfera y descubrir que son similares a los del planeta Júpiter.

Para lograrlo, separaron los datos de ambos extremos del planeta, lo que les permitió corregir antiguos errores de cálculo que indicaban que WASP-94A b tenía una composición química imposible de explicar, un avance que supone un hito en la astronomía planetaria y que demuestra que los ciclos meteorológicos son esenciales para entender los exoplanetas.

El estudio, cuyos detalles se publican este jueves en Science, ha sido liderado por la Universidad Johns Hopkins y realizado por un equipo internacional de científicos de Estados Unidos, el Reino Unido, Alemania y el Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña (IEEC), España.

Un ciclo meteorológico extremo

Para estudiar WASP-94A b en la constelación de Microscopium, el equipo recopiló datos mientras el planeta pasaba directamente por delante de su estrella y, utilizando la potencia del James Webb, pudieron tomar mediciones separadas de ambos extremos de WASP-94A b que revelaron un patrón meteorológico con nubosidad por la mañana y cielos despejados por la tarde.

El estudio propone dos mecanismos para explicar este ciclo diario, uno de ellos es la vaporización extrema.

En este caso, las nubes de arena se condensan y se forman en la oscuridad del lado nocturno, que es mucho más frío, y a medida que los vientos arrastran estas nubes hacia la mañana y luego hacia el abrasador lado diurno (donde las temperaturas superan los 1.000 grados), los compuestos químicos que forman las nubes hierven y simplemente se evaporan, dejando la tarde libre de nubes.

«Fue una gran sorpresa. La gente esperaba algunas diferencias, como que hace más frío por la mañana que por la tarde; eso es algo natural que experimentamos aquí en la Tierra», explica Sing, pero «lo que vimos fue una verdadera dicotomía entre el clima en ambos lados del planeta, y enormes diferencias en la cobertura de nubes, y eso cambia toda nuestra perspectiva del planeta».

La segunda posibilidad es que poderosos vientos eleven las nubes hacia lo alto en el lado más frío del planeta y, al llegar al ardiente lado diurno, las corrientes las empujen bruscamente hacia abajo. Esto arrastraría las nubes de arena hacia las profundidades del interior del planeta, enterrándolas fuera de la vista antes de que llegue el atardecer.

En cualquiera de las dos propuestas, las nubes circulan constantemente desde la noche hacia el día, donde el calor intenso o las dinámicas atmosféricas las destruyen, apuntan los autores.

La atmósfera planetaria

La ausencia de nubes, además, ha permitido que los investigadores pudieran mirar específicamente al borde de salida para ver cómo era la atmósfera del planeta, algo que el telescopio Hubble no podía proporcionar.

No obstante, cuando los investigadores miraron el cielo despejado de la tarde, descubrieron que WASP-94A b se parecía mucho más a Júpiter de lo que pensaban.

Hasta ahora, los datos sugerían que el planeta estaba compuesto por cientos de veces más oxígeno y carbono que Júpiter, lo que desconcertaba a los científicos porque esa combinación no podía explicarse mediante la teoría de formación planetaria, pero los nuevos datos muestran que WASP-94A b solo tiene cinco veces la cantidad de oxígeno y carbono.

«Llevo 20 años observando exoplanetas, y la nubosidad general ha sido un problema constante». Es como «intentar mirar el planeta a través de una ventana empañada», comenta el investigador principal, David Sing, de Johns Hopkins.

Aunque ahora, «no solo hemos sido capaces de despejar la vista, sino que por fin podemos determinar de qué están hechas las nubes y cómo se condensan y evaporan a medida que se mueven alrededor del planeta», añade.

Los autores creen que la técnica aplicada promete transformar la forma en que se analizan otros exoplanetas similares en el futuro cercano. EFE

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