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El genocidio de Srebrenica es silenciado en los libros de historia serbios 30 años después

Bogdan Dasic

Belgrado, 10 jul (EFE).- Treinta años se cumplen este viernes del comienzo del genocidio de Srebrenica —la peor masacre en Europa desde la Segunda Guerra Mundial— y el negacionismo está muy extendido entre serbios y serbobosnios, alimentado por discursos políticos, libros escolares que minimizan lo sucedido y actos públicos de exaltación a los verdugos.

En julio de 1995, entre los días 11 y 22, miembros del Ejército serbobosnio comandados por Ratko Mladic ejecutaron de forma sistemática a más de 8.000 hombres y niños bosniomusulmanes.

El crimen ocurrió en Srebrenica, una pequeña ciudad situada en el este de Bosnia-Herzegovina, en una zona rodeada de colinas y bosques, que había sido declarada ‘zona segura’ por Naciones Unidas.

El episodio, calificado de «genocidio» por dos tribunales internacionales, tuvo lugar en los últimos meses de la guerra de Bosnia (1992-1995), que dejó unos 100.000 muertos.

Mladic fue condenado a cadena perpetua por un tribunal de la ONU en 2017 por crímenes de guerra, incluido el genocidio de Srebrenica.

Un negacionismo institucional

Según un informe de julio de 2024 del Centro Conmemorativo de Srebrenica, Serbia -gobernada por el nacionalpopulista Aleksandar Vucic- concentra hoy los actos y discursos negacionistas.

En el ente serbio de Bosnia, la llamada ‘República Srpska’, donde gobierna el líder separatista y prorruso Milorad Dodik, la negación ha disminuido algo tras la aprobación de una ley estatal que la penaliza, aunque el revisionismo sigue muy presente.

En Serbia, señala el informe, la narrativa negacionista se difunde sobre todo a través de medios afines al Gobierno, como ‘Informer’ y ‘Alo’, mientras que en la República Srpska predomina en medios públicos, como la cadena RTRS y la agencia Srna.

El informe también advierte que la mayoría de los libros escolares serbios y serbobosnios minimizan o directamente ignoran el genocidio de Srebrenica: los hechos suelen describirse como un «enfrentamiento bélico» y se omiten las sentencias de los tribunales internacionales.

En las escuelas el tema se elude de forma deliberada y Mladić es con frecuencia presentado como un héroe.

El analista serbio Dinko Gruhonjic asegura a EFE que negar el genocidio y glorificar a criminales de guerra es parte de un revisionismo político y cultural para minimizar los crímenes serbios durante los conflictos en la antigua Yugoslavia en los 1990.

«El reconocimiento del genocidio implicaría que las élites de Belgrado y Banja Luka (capital de la República Srpska) asuman su responsabilidad. En cambio, los criminales de guerra son exaltados y las víctimas humilladas negando su sufrimiento y los hechos históricos», asegura Gruhonjic.

En ese sentido, recuerda que los murales con la imagen de Mladic en Belgrado, la glorificación de criminales de guerra como «luchadores por la libertad» y la negación sistemática en las escuelas no son hechos aislados, sino parte de un patrón fomentado.

«No olvidemos que gran parte de la élite política actual en Serbia —desde el presidente hasta altos funcionarios— de una u otra forma formó parte de ese sistema durante la época de la guerra. Algunos estaban en las instituciones, otros en medios de propaganda y otros en los frentes de batalla», recuerda Gruhonjic.

De hecho, Vucic fue ministro de Información durante el régimen autoritario de Slobodan Milosevic, el líder nacionalista acusado de crímenes de guerra y genocidio, que murió en 2006 en su celda en La Haya, antes de que concluyera su juicio.

La enseñanza del odio

Dragan Popovic, autor del reciente libro ‘Perdiendo la humanidad – Srebrenica como hecho histórico’, advierte de que la negación del genocidio es una política estatal orientada a perpetuar la ideología nacionalista serbia que dio origen a aquellos crímenes.

«Este tipo de narrativa educa a las nuevas generaciones en la negación, la relativización y el odio. Los jóvenes crecen con mensajes que no solo niegan el genocidio, sino que presentan su reconocimiento como un ataque al pueblo serbio», afirma Popovic.

El autor destaca la manipulación discursiva que presenta el reconocimiento del genocidio como un intento de etiquetar a todo el pueblo serbio como «genocida», una estrategia que, según advierte, distorsiona el debate y alimenta el victimismo nacionalista.

La negación del genocidio también entra en el ámbito de la violencia simbólica y la provocación.

Recientemente, alguien intentó registrar en Google Maps un ‘Parque Ratko Mladić’ en Srebrenica, a pocos cientos de metros del Centro Memorial de Potocari.

La ubicación fue eliminada tras fuertes críticas, pero se convirtió en un ejemplo del tono cada vez más agresivo y abierto de los discursos negacionistas serbios, pese al creciente consenso internacional sobre lo ocurrido en Srebrenica.

En mayo de 2024, la Asamblea General de la ONU aprobó la Resolución que declara el 11 de julio como Día Internacional de Conmemoración del Genocidio en Srebrenica.

La resolución, con 84 votos a favor, 19 en contra y 68 abstenciones, insta a todos los Estados miembros a condenar la negación del genocidio y la glorificación de los criminales de guerra condenados.

Las autoridades serbias y serbobosnias rechazaron entonces la resolución, calificándola de «antiserbia». EFE

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(foto)

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