El tamaño de la recompensa importa para el aprendizaje
Redacción Ciencia, 21 may (EFE).- Cuanto más recompensa hay en juego, más rápido el aprendizaje para conseguirlo. Un experimento con ratones ha desmontado la creencia científica de que las nuevas habilidades se adquieren intentando las cosas muchas veces hasta lograr el éxito.
Un estudio con roedores dirigido por investigadores del Instituto Médico Howard Hughes, en Maryland (Estados Unidos) y publicado en la revista Science ha probado que el hecho de que haya de por medio una recompensa grande produce un aumento sostenido de la dopamina, un neurotransmisor del cerebro que ayuda a regular el aprendizaje y la motivación.
Al producir más dopamina -por la excitación del gran logro a conseguir- el cerebro se centra más en la tarea que ha de hacer, lo que contribuye a un aprendizaje más rápido.
Los investigadores llegaron a esta conclusión a través de un experimento con ratones sedientos, viendo que a los que dieron unos cuantos tragos grandes de agua como recompensa por completar una tarea, se hicieron con ella mucho más rápido que los ratones recompensados con muchos sorbos pequeños.
Los animales aprendieron la tarea en un día tras recibir menos de 10 recompensas grandes, en lugar de tardar muchos más días al recibir miles de compensaciones pequeñas.
Los investigadores también observaron algo curioso: cuando el logro a conseguir era menos ambicioso, los ratones mostraban mucha variedad en la destreza para conseguirlo. Sin embargo, si el objetivo era de mayor dimensión todos los animales aprendían la tarea en pocos días.
Cómo controla la dopamina la velocidad de aprendizaje
Los investigadores descubrieron que las recompensas grandes estimulaban tres procesos que hacían que los animales aprendiesen más rápido: la atención que prestan, cuánto aprenden con cada repetición y cómo recuerdan el conocimiento adquirido de un día para otro.
La clave estriba en que las recompensas más grandes producían mayores aumentos de dopamina que las pequeñas.
Además, las señales de dopamina asociadas a las recompensas mayores duraban más tiempo. De hecho, hicieron otro experimento para prorrogar artificialmente las señales de dopamina asociadas a recompensas pequeñas y comprobaron que el aprendizaje también se producía más rápido en esos casos.
«Creemos que cuando aumentamos considerablemente las respuestas de dopamina en estos experimentos, estamos convirtiendo a todos los “niños” de nuestra “aula” en alumnos realmente comprometidos», afirma uno de los autores, Luke Coddington, neurocientífico en el Instituto Médico Howard Hughes en un comunicado del centro.
Los autores subrayan que su trabajo tiene implicaciones clave para la neurociencia al concluir que el uso de grandes recompensas reduce el tiempo de entrenamiento y la variabilidad entre individuos, lo que facilita el estudio del proceso de aprendizaje.
«También demostramos que los ratones podrían ser entrenados en tareas más complejas de lo que se pensaba, lo que nos permitirá estudiar cuestiones sobre el aprendizaje y la cognición que antes creíamos fuera de nuestro alcance», apunta Coddington.
«Acabaremos estudiando nuevos aspectos de la cognición que no sabíamos que podíamos estudiar en un ratón. Si conseguimos involucrarlos adecuadamente en la tarea, quién sabe lo que pueden llegar a aprender», concluye. EFE
cam/crf