Eliades Ochoa: «En Cuba todo eran canciones políticas hasta que llegó Buena Vista»
Guillermo Cabellos
Barcelona, 22 mar (EFE).- Hablar de la música cubana es hablar, inevitablemente, de Buena Vista Social Club. También es hablar de Compay Segundo, Ibrahim Ferrer y Omara Portuondo. Y, cómo no, de Eliades Ochoa, el genial músico que aprendió a tocar la guitarra en el campo y las calles y que hoy, a sus casi 80 años, sigue haciendo «buena marcha».
«¿Cansarme de tocar? No, al contrario, yo siento que eso es lo que me da fuerza para seguir haciendo música en cualquier momento, en cualquier país y en cualquier escenario», cuenta Ochoa a EFE en Barcelona, pocos días antes de comenzar en España una gira mundial con la que sigue celebrando su extensa carrera.
Eliades Ochoa nació en 1946 en Santiago de Cuba en el seno de una familia campesina con fuertes lazos con la música popular, por lo que sus primeros recuerdos están ligados al mundo rural y a su padre cantando «sentado en un taburete o un secadero».
«Yo siempre lo acompañaba. Si no tenía una guitarra, tocaba un par de maracas o un par de claves; no había otra cosa que hacer», rememora Ochoa, que empezó a descubrir las notas de la guitarra a los seis años, cuando niño e instrumento eran del mismo tamaño.
Formado en la escuela de la calle
Entonces ya se pateaba los barrios de su Santiago «pasando el sombrero», un complemento del que no se desprende desde entonces y ya es seña de identidad, en un tiempo que le sirvió para perfeccionar su técnica con la guitarra.
De ahí pasó a la Casa de la Trova de Santiago de Cuba, para luego tocar en el Quinteto Típico Oriental y en el Quinteto de la Trova, antes de integrarse al Cuarteto Patria en 1978, formación que ha liderado hasta hoy.
«Con el Cuarteto Patria he caminado bastante por el mundo y me he sentido como un embajador de la música cubana. Vengo haciendo camino desde que era niño», sigue el guitarrista, que teoriza con que «es muy posible que la música dé salud».
De Cuba al mundo
Pese a que el Cuarteto Patria ya paseaba por el circuito internacional himnos de la música cubana como ‘Chan Chan’, ‘El Carretero’ o ‘El Cuarto de Tula’, el reconocimiento mundial llegó de la mano del guitarrista estadounidense Ry Cooder, quien juntó a músicos de la isla como Compay Segundo, Ibrahim Ferrer y Omara Portuondo en Buena Vista Social Club, un hito de la cultura mundial.
«Después de la Revolución, todo pasó a ser canciones políticas. La música tradicional cubana estuvo un poco aplatanada hasta que llegó Buena Vista. A partir de ahí hubo una nueva apertura hacia la salsa», saca pecho el guitarrista, que ve en el proyecto la semilla del éxito moderno de la música tradicional caribeña.
Una de las reivindicaciones contemporáneas palmarias es el son ‘Muriendo de envidia’ de C. Tangana, grabado en el mismo estudio de La Habana que el ‘Buena Vista Social Club’ de 1997, en que el madrileño invitó a Ochoa a cantar alguna de sus estrofas.
Conexión con las nuevas generaciones
«Para alegría mía, hoy mismo me han dicho dos veces que el mejor tema del disco del español C. Tangana es el que cantamos él y yo», confiesa el guitarrista, a lo que su mujer y biografista, Grisel Sandé, presente en el encuentro con EFE, apostilla que en esa colaboración hay «una química entre lo nuevo y lo viejo».
Esta conexión entre generaciones también se traslada a sus conciertos, los que Sandé ejemplifica con los cúmulos de jóvenes en las primeras filas de sus recitales.
Pese a que Ochoa mira al futuro, donde le espera un concierto el día 29 de marzo en Barcelona y otras 30 fechas alrededor del globo, su pensamiento está siempre en Cuba, una isla hoy apaleada.
Cuba hoy
En lo musical, cree que es muy complicado que salga un proyecto parecido a Buena Vista Social Club, pese a que no niega que en «100 años», cuando «ya esté un poco viejo», pueda aparecer «un ritmo nuevo que pegue en el público y empiece a vender cientos de discos».
Su análisis social es más desesperanzado y asegura que «Cuba está atravesando uno de los momentos más malos que yo conozco de mi país», una situación para la que no atisba solución.
«Si te digo, te engaño, porque ni en mis manos ni en las tuyas está arreglar eso. Es el pueblo que está allí, viviendo a las duras penas, el que tiene la última palabra», sentencia Ochoa mirando la bandera de Cuba pintada en la esfera de su reloj de muñeca. EFE
1012172
gcm/rm/lml/rod
(Foto)