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Elvira Lindo cree que «poder meter la pata debería ser un derecho constitucional»

Londres, 22 mar (EFE).- La escritora española Elvira Lindo reivindica «el derecho a meter la pata, que debería ser un derecho constitucional» frente a la ola de corrección política y la supremacía de las redes sociales, donde cada cosa que ella dice o escribe genera una cadena de reacciones que muchas veces prefiere ignorar, dice en una entrevista con EFE.

Lindo se encuentra en Londres, invitada por el Instituto Cervantes de la ciudad, para ofrecer una charla sobre su obra en la sede del instituto y participar hoy domingo en el Festival Literario de Oxford para leer su cuento musical «El niño y la bestia», una historia basada en la infancia de su propio padre.

La novelista, columnista y guionista, conocida por su espontaneidad, tanto en la vida personal como en sus personajes de ficción -especialmente en su popular serie de Manolito Gafotas- cree que hay un exceso de corrección política que ya le ha creado problemas con sus libros infantiles, y pese a todo reivindica «hablar con naturalidad, algo que no podemos perder».

Una persona como ella, que habla y se expone continuamente, «pues a veces metes la pata. Y mira, todos tenemos derecho a meter la pata, debería ser un derecho constitucional», bromea, pero reconoce que las redes sociales están interfiriendo en esa ‘libertad’ porque han creado una cultura de la reacción que dicta que hay que pronunciarse todo el tiempo.

«Yo puedo decir todo, siempre que no haga daño personal a alguien. Si ofendo sus creencias, pues mira… Yo no soy una persona bronca, pero cada semana escribo un artículo y ya tengo una nube de reacciones: unos para elogiarte, otros para denigrarte, pero yo procuro no mirarlos».

Empatía por los seres anónimos

La autora de ‘Tinto de verano’ y de ‘Don de gentes’ define su literatura como «un acercamiento a los seres anónimos, los que no han hecho nada trascendente, gente trabajadora que se mueve en sus barrios». A esos personajes, ella nunca los juzga, sino que trata de entenderlos «en el sentido chejoviano».

«Mis libros no cuentan grandes batallas, sino la pelea de cada uno por sobrevivir, las peleas de cada día», reflexiona, y subraya que en toda su obra está ausente el rencor, ya que jamás ha utilizado la escritura para ningún tipo de ajuste de cuentas, ni cuando habla de su familia.

Describe, por ejemplo, cómo su infancia fue casi ir dando tumbos de un lugar a otro, cambiando de casa, escuela y provincia cada dos años, pero ella lo ha visto y lo ve como «una vida aventurera, rica en experiencias» por la que se siente agradecida. Y su padre, el que iba arrastrando a la familia por sus obligaciones laborales, era un hombre «extravagante», pero también «extraordinario».

Opina que la literatura y la cultura españolas han estado impregnadas de clasismo, un clasismo geográfico que hacía despreciar a lo andaluz «y ya no digamos lo murciano o de Albacete», imponiendo una especie de acentos normativos, pero se alegra de que ahora haya muchas voces nuevas que se han incorporado al mundo cultural y han roto esos prejuicios que ella sí vivió.

«Manolito Gafotas ya vive por su cuenta»

Si hay un personaje que puso a Elvira Lindo en el radar, ese fue Manolito Gafotas. Los ocho libros sobre ese chaval gafoso y gordito -cero normativo- han sido traducidos a más de veinte lenguas, es lectura del programa escolar en muchos centros españoles y ha merecido películas, obras de teatro y hasta ha dado nombre a un parque en ‘su barrio’ de Carabanchel (Alto).

Sin embargo, no es un secreto que Elvira Lindo quiere dejar atrás a Manolito y dedicarse a literatura más adulta donde explora las relaciones personales, los miedos de la infancia, los secretos que ocultan las personas y las complejidades de los vínculos familiares.

«Yo veo a Manolito como muy independiente de mí, es ya un personaje que vive por su cuenta, es como si yo ya no gobierno sobre él». Sobre todo, se alegra de «no tener que alimentarlo».

Sobre si Manolito se ha convertido en una especie de ‘patrimonio nacional’, con frases icónicas que pasaron al habla popular -«¡Cómo molo!»- responde: «Es lo que deseo. Los lectores se acuerdan del personaje y de algunos diálogos mejor que yo misma», reconoce. EFE

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(foto)(vídeo)

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