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Escándalo de venta de visados pone en entredicho retórica polaca contra la migración

Cracovia (Polonia), 27 sep (EFE) – La inmigración descontrolada es presentada por Polonia como la gran amenaza a la seguridad europea que Bruselas no sabe entender, pero la trama de corrupción diplomática polaca que supuestamente vendió más de 250.000 visados pone en entredicho el papel de Varsovia como «guardián de Europa».

Desde Varsovia se ha defendido reiteradamente que los planes de reubicación de inmigrantes propuestos por Bruselas convertirían, en palabras del primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, «a las calles polacas en campos de batalla» y darían lugar a «imágenes como las de París pero en Varsovia», en referencia a los disturbios urbanos registrados en la capital gala.

Además, Varsovia se arrogó el papel de «guardián de la frontera oriental de la Unión Europea» al custodiar la frontera con Bielorrusia y la construcción, completada hace poco, de un muro de vigilancia con un sistema electrónico que ha costado más de 350 millones de euros. Una barrera similar está en proceso de construcción a lo largo de la frontera con el enclave ruso de Kaliningrado (norte).

Las actuaciones de la Guardia Fronteriza polaca y de la agencia europea Frontex que, con sede en Varsovia, vigila las fronteras exteriores de la Unión Europea, han sido criticadas en varias ocasiones por llevar a cabo, supuestamente, devoluciones «en caliente», tratar con brutalidad a inmigrantes y refugiados y obstaculizar la labor de organizaciones humanitarias, «tontos útiles que benefician a Moscú», en opinión de Morawiecki.

El peligro que pueda suponer la llegada de «centenares de miles» de inmigrantes a Polonia ha llevado al conservador Ley y Justicia, que gobierna el país desde 2015, a plantear un referendo junto a las elecciones generales del 15 de octubre, en el que se les harán a los polacos no una, sino dos preguntas sobre este tema.

«¿Está usted a favor de eliminar la barrera en la frontera entre la República de Polonia y la República de Bielorrusia?»; y «¿apoya la admisión de miles de inmigrantes ilegales procedentes de Oriente Medio y África, de acuerdo con el mecanismo de reubicación forzosa impuesto por la burocracia europea?».

Esta retórica, alimentada de manera consistente desde el Ejecutivo y su entorno, quedó en entredicho al descubrirse recientemente una trama de venta de visados que utilizó a la red diplomática polaca en varios países, precisamente de Oriente Medio, África y Asia, que supuestamente sirvió para que más de 250.000 personas de esas regiones obtuviesen visados Schengen de manera ilegal.

Según los detalles publicados por la prensa polaca, todo comenzó con la mediación de Edgar K., un joven de 25 años que, con permiso expreso del viceministro de Exteriores Piotr Wawrzyk, seleccionó a un grupo de trabajadores extranjeros para emplearlos en la empresa de su padre mediante un proceso preferente que les eximiese de trámites.

Meses después, Edgar K., que fue nombrado embajador de la Juventud polaca para las Naciones Unidas, extendió sus actividades como «facilitador» a gran escala y participó en un entramado de concesión de visados a cambio de dinero en países como Egipto, Nigeria, Jordania, Uzbekistán, Tayikistán o la India, entre otros.

En los correos electrónicos que supuestamente reenviaba a diario Wawrzyk a las correspondientes embajadas, figuraban decenas de nombres de personas que habían accedido a pagar una cantidad que iba de los 3.000 a 6.000 euros que, como pantalla, iban a parar a empresas subcontratadas por las embajadas polacas para gestionar el proceso de adjudicación de visados.

152.000 de las personas que solicitaron y consiguieron un visado de trabajo polaco en 2021, jamás llegaron a buscar empleo en Polonia, y al año siguiente hubo 82.000 casos similares.

El flujo de inmigrantes con visado polaco que acabó en Estados Unidos o Alemania llevó a estos Gobiernos a pedir explicaciones a Varsovia a través de sus embajadas lo que contribuyó a destapar el escándalo.

Warwrzyk fue forzado a dimitir y es uno de los siete investigados por un caso cuyos extremos aún están por descubrirse y, aunque de momento el escándalo parece haber afectado poco a la intención de voto de los polacos, lo cierto es que la imagen internacional de Polonia como abanderada de la lucha contra la migración ilegal ha quedado en entredicho.

Por otra parte, el Gobierno polaco prepara desde hace tiempo una ley que ampliaría el número de países cuyos ciudadanos podrán solicitar un visado a Polonia con menos trabas, con la mención especial de Irán, Emiratos Árabes o Nigeria, entre otros, algo que el líder de la oposición, Donald Tusk, denunció en julio.

La llamada «ciudad contáiner», un centro donde se alojan cerca de 6.000 trabajadores, en su mayoría extranjeros, y que están empleados en una planta química de propiedad estatal en Płock (centro), apenas ha sido publicitada por el Gobierno polaco, como sí lo han sido otras inversiones de mucho menor calibre. EFE

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