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Grito de auxilio de un médico gazatí: Incluso a los animales les costaría sobrevivir aquí

Marta Garde

Redacción Internacional, 23 abr (EFE).- Cinco días antes de la ofensiva israelí sobre Gaza, el médico gazatí Ezzideen Shehab se instaló de nuevo en la Franja tras estudiar Medicina en Irán. Allí, entre consulta y consulta, ha escrito un libro que refleja la vorágine de la guerra y unas condiciones de vida que, según denuncia, no son aptas ni para los animales.

«Ahora estamos viviendo en lo que se está llamando un alto el fuego, y quizá hasta cierto punto lo sea, en el sentido de que el motor continuo de los bombardeos ha cesado, pero la realidad es que estamos atrapados en condiciones en las que incluso a los animales les costaría sobrevivir», cuenta a EFE en una entrevista efectuada a través de un cuestionario.

En «Diario de un joven médico. Notas sobre el genocidio en Gaza» (Seix Barral) admite haber escrito este libro porque «algunas verdades no pueden quedar enterradas». Su relato mezcla la dificultad de seguir atendiendo a la población mientras él y otros compañeros sufren esa misma precariedad vital y física.

«Más del 80 % de las viviendas en Gaza han sido destruidas, por lo que la gente ahora vive en tiendas de campaña en un entorno de salud pública completamente colapsado. La mayoría de los hospitales están destruidos, y los que quedan operan con una capacidad mínima debido a la grave escasez de suministros», señala.

Había noches, añade, en las que su único sustento era una lata de atún para dos personas. Pero lo peor no es el hambre, según deja constancia, sino la «indiferencia» de la gente en un mundo en que las redes sociales permiten ser testigos en directo de ese sufrimiento.

Shehab, nacido en 1995 y criado en Jabalia, al norte de Gaza, lamenta el impacto a largo plazo de la ofensiva de Israel sobre los gazatíes.

«Un número creciente de niños ya no recibe educación tras casi tres años de interrupciones. Aunque algunas escuelas han reabierto recientemente, muchas familias, especialmente las que viven en tiendas de campaña, se ven obligadas a priorizar la supervivencia por encima de la educación», apunta

Hay una generación de menores «que está perdiendo incluso las bases más fundamentales del aprendizaje y, en algunos casos, el desarrollo social básico».

Shehab dice haber constatado también un creciente número de bebés nacidos con graves malformaciones.

«Es una consecuencia directa de la exposición a distintos tipos de armas y explosivos, algunos de los cuales están siendo utilizados o probados por primera vez en esta guerra, directamente contra civiles. Armas que podrían estar prohibidas internacionalmente y, sin embargo, hasta ahora no ha habido ninguna investigación significativa».

Un espacio seguro entre el caos

El médico, que montó su propia clínica gratuita al margen de sus turnos en el hospital para atender a la población más vulnerable, reivindica que la atención sanitaria «no es un privilegio, sino un derecho», y que por eso luchó por mantener su espacio en funcionamiento a pesar de los ataques sufridos.

«Se convirtió en un espacio en el que la gente se sintió segura de nuevo, que les dio sensación de calma en medio de la destrucción», recalca el joven, de 31 años.

Shehab rechaza la imagen que retrata a los palestinos como resilientes.

«Ciertos relatos intentan reforzar la imagen del palestino como alguien que no puede ser quebrado. Sugieren que no lamentamos nuestras pérdidas, que aceptamos todo con los brazos abiertos, que nos volvemos insensibles. Crean una percepción muy peligrosa en la mente de los espectadores: que de algún modo no somos normales, que no lloramos a nuestros muertos, que no nos importa vivir en tiendas de campaña rodeadas de muerte y sufrimiento», señala.

La realidad, dice, es «exactamente la contraria»: «Somos personas muy normales. Somos frágiles por naturaleza. No queremos esta vida y no estamos dispuestos a arriesgar la nuestra por ninguna idea, sea cual sea, porque nada es más sagrado que un ser humano».

En medio de ese sufrimiento, concluye, a él le permitió no «perder la cabeza» escribir el diario que posteriormente se convirtió en el libro: «Empecé a escribir simplemente porque había algo dentro de mí que necesitaba ser dicho. Escribir era lo único que podía hacer frente a todo este caos». EFE

mgr/jlp

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