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Cómo una campaña de ayuda suiza llevó a antiguos miembros de las SS a Brasil

Personas en una fotografía en blanco y negro delante de un tren
Los suabos del Danubio esperan en Linz, en mayo de 1951, su partida hacia Brasil. Margrit Bäumlin / Keystone

Una nueva investigación revela cómo uno de los mayores proyectos de ayuda humanitaria de Suiza facilitó la huida a Brasil de antiguos miembros de las Waffen-SS, la fuerza militar de las escuadras de protección nazis, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial.

El viaje a Brasil, de 10 000 kilómetros a través del Atlántico, fue largo, costoso y penoso. Sin embargo, para unos 2 500 suabos del Danubio supuso la oportunidad de empezar de nuevo. La minoría alemana había vivido durante generaciones en la antigua Yugoslavia. Sin embargo, tras la Segunda Guerra Mundial sufrieron represión, expropiaciones y expulsiones, ya que una parte de la comunidad había colaborado con el régimen nazi.

Entre quienes decidieron abandonar Europa para dirigirse a Brasil se encontraban al menos 16 antiguos miembros de las Waffen-SS. Esta organización era el brazo militar de élite del NSDAP (el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, liderado por Adolf Hitler). A diferencia del ejército regular alemán, las Waffen-SS funcionaban como una fuerza armada ideológica y paramilitar directamente vinculada al régimen nazi, y sus unidades fueron responsables de planificar y ejecutar numerosos crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad durante la Segunda Guerra Mundial.

Estos hombres no llegaron a Brasil por iniciativa propia. Entraron en el país desde Suiza en el marco de una acción humanitaria en la que la Iglesia católica, organizaciones no gubernamentales y el Estado suizo aportaron conjuntamente fondos para fundar un nuevo asentamiento en el estado de Paraná, en el sur de Brasil.

«Se sabía que los criminales de guerra nazis abandonaban Europa a través de las llamadas “rutas de las ratas”, y era evidente que algunos de los hombres [que emigraron en el marco del proyecto] eran nazis y miembros de las SS. Sin embargo, nadie hizo preguntas», afirma Peter Hug, un historiador especializado en las relaciones de Suiza con el régimen nazi. En mayo de 2026 se publicó su libro «Ayuda humanitaria de Suiza a los criminales de guerra de las SS», que saca a la luz esta historia.

Fotografía en blanco y negro en la que se ve a varias personas de pie en una calle, esperando
Los suabos del Danubio esperan en Génova, en mayo de 1951, para continuar su viaje hacia Brasil. Margrit Bäumlin / Keystone

Los resultados de su investigación demuestran la presencia de al menos 16 antiguos miembros de las Waffen-SS entre los colonos enviados a Brasil. Ponen de manifiesto cómo las organizaciones humanitarias y las autoridades suizas hicieron posible su reasentamiento.

«Para Suiza y el Vaticano, este grupo ofrecía la oportunidad de presentarse como protectores de refugiados, después de que Suiza hubiera estado muy cerca del régimen alemán y de que la Iglesia nunca hubiera protestado formalmente contra los crímenes nazis», afirma Hug. «El hecho de que entre ellos hubiera también delincuentes se consideró, en última instancia, de menor importancia».

La fundación de la colonia denominada Entre Ríos también tuvo repercusiones en las personas que vivían y trabajaban en las tierras asignadas a los europeos. En la nueva estructura social, quedaron marginados, mientras que los dirigentes del asentamiento intentaban preservar una supuesta superioridad cultural alemana.

Una iniciativa con múltiples actores

La operación que llevó a antiguos miembros de las Waffen-SS a Brasil tomó forma en los años inmediatamente posteriores al fin de la guerra. Surgió de una colaboración entre representantes de la Iglesia católica en Austria y del Vaticano, así como de un grupo de suabos del Danubio que mantenían vínculos con el antiguo Estado croata de los ustashas, un Estado títere fascista que existió entre 1941 y 1945.

«La idea partió de sacerdotes croatas afines a los alemanes, así como de Andreas Rohracher», afirma Hug. El entonces arzobispo de Salzburgo era una de las figuras más influyentes de la Iglesia católica austriaca. Según Hug, se mostraba cercano al austrofascismo, ese régimen autoritario, católico y conservador que gobernó Austria de 1934 a 1938.

«A partir de 1945 se quiso crear asentamientos cerrados para los suabos del Danubio, en los que se pudiera mantener la idea de la superioridad cultural alemana incluso tras la derrota en la guerra», explica Hug.

La participación de la organización católica de ayuda Cáritas de Lucerna dio un nuevo impulso al proyecto. La organización contaba con una ventaja decisiva: formaba parte de una red católica mundial capaz de abrir puertas en distintos países. «Fue una empresa colosal que hubo que coordinar en dos continentes», afirma Hug.

Sin embargo, la envergadura del proyecto superó las capacidades de Cáritas. A partir de 1950, el proyecto pasó a manos de la «Ayuda Suiza para Europa», la organización predecesora de la actual Swissaid, que en aquel entonces mantenía una estrecha relación con el Gobierno federal. Con ello entraron en juego también la diplomacia oficial suiza y los fondos estatales: las autoridades suizas participaron directamente en el proyecto, cuyo objetivo era la construcción de un nuevo asentamiento en el interior del estado brasileño de Paraná.

Una fotografía en blanco y negro muestra a dos hombres cargando mercancías en un camión
Los inicios de la ayuda internacional: tras la Segunda Guerra Mundial, Cáritas Suiza prestó apoyo a las personas que se encontraban en zonas de guerra mediante el envío de paquetes de alimentos y ropa. Keystone / Caritas Schweiz

El cambio no fue solo de carácter administrativo. Según la valoración de Hug, el proyecto se convirtió en una iniciativa que aunaba los intereses humanitarios, diplomáticos y económicos de Suiza. «El proyecto tuvo su origen en el seno de la Iglesia católica. Pero se encontraron con grandes dificultades y, finalmente, el Consejo Federal, junto con las ONG afines a él, se hizo cargo del proyecto», afirma Hug.

En el centro de todo estaba la cooperativa Agrária, fundada en 1951 para organizar el nuevo asentamiento. Su primer presidente, Michael Moor, había ocupado anteriormente puestos de responsabilidad en organizaciones económicas de la minoría étnica alemana en el Estado ustasha de Croacia —un aliado de los nacionalsocialistas—; e influyó en la elección de la zona de asentamiento, así como en la composición de los primeros grupos que fueron enviados a Brasil.

La colonia y su memoria colectiva

«Tras participar activamente en la Segunda Guerra Mundial junto a los alemanes, estas familias vivieron en Europa como refugiados y apátridas», afirma Méri Frotscher, profesora de Historia en la Universidad Estatal de Paraná Occidental y experta en inmigración alemana. «Sin embargo, la diferencia fundamental es que algunos de los hombres adultos que llegaron a Entre Ríos con sus familias habían servido en las Waffen-SS durante la guerra. No obstante, esto no les impidió entrar en Brasil».

Los suabos llegaron a Brasil en un momento en que el país volvía a abrirse a la inmigración europea; se les presentó ante las autoridades como refugiados y agricultores cualificados, un perfil que encajaba con la política de colonización del país.

Un pasado que cuestiona a la neutralidad suiza

Para Hug, el caso de Entre Ríos va más allá del descubrimiento de negligencias en una acción humanitaria concreta: pone en tela de juicio la forma en que Suiza ha construido y conservado su propia memoria de la Segunda Guerra Mundial.

«Somos neutrales. Somos humanitarios. Y somos los mejores del mundo», comenta Hug con ironía sobre esta narrativa. «La isla de la paz en un mundo de caos. Y eso es falso.»

Más de siete décadas después, esta reevaluación empieza a llegar también a las organizaciones suizas que participaron en la acción, al igual que la toma de conciencia sobre las repercusiones que tuvieron iniciativas como la fundación de la colonia de Entre Ríos, tanto en Suiza como en la población local.

Swissaid reconoce que la perspectiva de la población local ha quedado en gran medida sin investigar y explica que se está buscando a los descendientes de las comunidades afectadas en aquel entonces para conocer mejor las experiencias y los puntos de vista de dichas comunidades. ««Actualmente estamos en proceso de ponernos en contacto con los descendientes de las comunidades afectadas en aquel entonces», afirma la organización.

Según Swissaid, esta revisión histórica no debería limitarse a las organizaciones humanitarias. «Queda por ver cómo se puede contar la historia desde la perspectiva del Sur Global. Quizás —y esperemos que así sea— el [Consejo Federal] también se interese por el análisis de esta parte de la historia».

El 4 de abril de 1964, unos soldados se reunieron en una plaza de Brasilia a la espera de montar guardia frente al Congreso Nacional.
El 4 de abril de 1964, unos soldados se reunieron en una plaza de Brasilia a la espera de montar guardia frente al Congreso Nacional. Public domain / Arquivo Nacional Collection

Caritas Suiza también reconoce ahora graves negligencias en la campaña. La organización explica que no se llevó a cabo una verificación individual de los antecedentes de los colonos seleccionados y lamenta las irregularidades: «Lamentamos profundamente que, a través de este proyecto, los fondos destinados a fines humanitarios beneficiaran a personas que eran miembros de las Waffen-SS».

Cáritas analiza ahora también de forma crítica las repercusiones que el proyecto tuvo sobre la población que ya residía en la región; según la organización, sus derechos y necesidades no se tuvieron en cuenta durante la planificación. Para Cáritas, la creación de una colonia de colonos europeos aislada respondía a una lógica colonial. Hoy en día, el proyecto sirve de ejemplo de cómo la ayuda humanitaria puede lograr lo contrario de su efecto deseado.

«El enfoque elegido y la fundación de una colonia de colonos aislada en Brasil tras la Segunda Guerra Mundial pueden servir hoy como advertencia de cómo la ayuda puede volverse en su contra», afirma la organización en un comunicado.

La cooperativa Agrária no respondió a la solicitud de comentarios.

Edición, Virginie Mangin, adaptación al español, Patricia Islas

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