Isabel Muñoz expone por primera vez sus «coralotipias» en su regreso a Japón
María Roldán
Tokio, 15 abr (EFE).- La fotógrafa española Isabel Muñoz ha escogido la ciudad japonesa de Kioto para exponer por primera vez sus «coralotipias», impresiones sobre corales blanqueados por el calentamiento de los mares, con los que busca enviar un mensaje de sostenibilidad y una llamada de atención sobre el cambio climático.
Estas obras, que Muñoz (Barcelona, 1951) ha creado en colaboración con el impresor Manolo Gordillo, surgen de la aplicación de varias pasadas de serigrafía, varias pasadas con tintas pigmentadas y finalmente el grabado, para potenciar la propia imagen con un mensaje sobre este fenómeno que está acabando con los arrecifes.
Las «coralotipias» forman parte de las obras que Muñoz expone en el evento fotográfico más destacado de Japón, Kyotographie, al que regresa tras cinco años, en el décimo aniversario de un festival al que profesa un cariño especial porque le abrió «los jardines secretos de Japón», cuenta a Efe en una entrevista.
Muñoz, cuyos tempranos trabajos sobre el tango y el flamenco se expusieron a principios de los años 90 de la mano del diario Asahi en la galería Bunkamura, no desembarcaría en Japón hasta 25 años después, cuando su trabajo volvería al país asiático gracias a François Cheval en el marco de Kyotographie.
«Mi primer contacto con Japón viene desde muy pequeña», cuenta la dos veces galardonada con el World Press Photo, rememorando cuando sus padres volvían a casa desde la lejana Asia llevando consigo «cosas maravillosas», cámaras y otros enseres que incentivaban su curiosidad.
Su primera toma de contacto profesional con Japón despertó en ella un interés por la danza butoh que cultivaría a lo largo de los años y retomaría cuando finalmente pisó Japón. Desde entonces ha hecho siete viajes al país del sol naciente, en los que ha retratado desde a estos bailarines a escenas de ataduras «shibari» y tatuajes de la yakuza.
Visitaría también Japón en el marco de su trabajo para conmemorar los 20 años de la Convención sobre los Derechos del Niño.
«En esta ocasión se expone una muy pequeña parte del trabajo que he estado realizando a medida que se iban abriendo esas ventanas de luz en este país», explica Muñoz en Tokio, poco antes de participar en una conferencia en el Instituto Cervantes de la capital nipona.
Entre las obras presentes en Kyotographie están las mencionadas «coralotipias», un vídeo con música del compositor Marihiko Hara y tres «obi» (faja ancha de tela que se lleva sobre el kimono) muy particulares. Están hechos de fotografías deconstruidas. «Son platinos hechos sobre papel japonés gampi», cuenta la fotógrafa.
El proyecto es una colaboración con el taller Genbei, prestigiosos artesanos de la tela que durante generaciones (van por la décima) han hecho los «obi» que luce la familia imperial japonesa. «Los tejedores de Genbei, con una idea de Yosuke Nakanishi, han cortado en hilos esas fotografías y las han retejido con hilos de seda».
Dice Muñoz, la única española galardonada hasta ahora dos veces con el World Press Photo, que le gustaría abordar en algún momento el sumo. «Tengo toda una serie sobre todas aquellas artes marciales que tienen una connotación espiritual con la cultura de cada uno», y le gustaría abordar los ritos del sumo en unas piezas de vídeo.
La veterana fotógrafa confiesa que su perenne curiosidad y el «momento mágico» tecnológico que vivimos no hace sino estimular sus inquietudes. «No tengo suficiente con la fotografía. Necesito el sonido, necesito el vídeo, necesito el 3D, porque es una forma de evolucionar», señala en tono apasionado.
Hace tiempo que Muñoz no sabe separar la fotografía y su vida, y su agradecimiento hacia ella no conoce fin.
«La fotografía me ha permitido evolucionar como ser humano y me ha permitido conocer al otro, a muchos otros; y acercarme a realidades e historias a las que de otra forma a lo mejor no hubiera tenido acceso», dice al describir cuál considera que es el mayor regalo que le ha dado esta profesión.
La fotógrafa ya tiene varios proyectos en mente con los que busca «ir a los orígenes» del ser humano, su evolución espiritual y su deseo de «dejar algo para la posteridad». Uno de ellos es junto a un paleontólogo español, otro en el santuario turco de Göbekli Tepe.
«Yo necesito tener muchos sueños para poder seguir viva», dice Muñoz. «Luego de repente te viene algo. Entonces dejas eso y coges lo otro», explica. Pero siempre con un común denominador: «Mi motor siempre ha sido el ser humano», dice la fotógrafa mientras en su mente parece seguir dando vueltas a las infinitas posibilidades del mañana. EFE
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