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La artesana mexicana ciega que causa sensación con sus nacimientos navideños en miniatura

José de Jesús Cortés

Oaxaca (México), 24 dic (EFE).- Aunque los ojos de la artesana mexicana Josefina Aguilar se apagaron hace casi 10 años, sus manos no han dejado de moldear el barro para elaborar los nacimientos en miniatura.

La mujer, quien perdió la vista por su diabetes, crea estas figuras para recordar el pasaje bíblico del nacimiento de Jesús al estilo de los artesanos de Ocotlán de Morelos, en el sureño estado de Oaxaca.

A sus 78 años de edad, Josefina se resiste a dejar el barro que desde niña aprendió a dar forma, vida y textura ayudada por su madre.

«Qué maravilla es cuando empieza uno a hacer las cosas, se siente una cosa bonita cuando uno le va tallando al barro y van saliendo las figuras”, explica a EFE la artesana oaxaqueña.

Una artesana guiada por sus manos

Guiada por la memoria de sus manos, que ahora miran por ella al deslizarse en el barro, la artesana va dando forma al rostro a cada uno de los personajes que integran el tradicional nacimiento de Navidad.

Inspiradas en la pintura de la ‘Adoración de los Magos’, están las figuras del ángel, la estrella de Belén, los tres reyes magos, un pastor y, en el recuadro central, José, María y el niño Jesús, una escena que aquí se recrea armónicamente en un recuadro de menos de 30 centímetros cuadrados.

La técnica, conocida como barro policromado, se la ha traspasado a sus nueve hijos, entre ellos Demetrio Aguilar, quien ahora apoya a su madre mientras le deja en sus manos los pedazos amorfos de barro para que ella las moldee e inserte con precisión.

“Todas las piezas que hacemos son hechas a mano, las hay de dos centímetros”, comenta el hijo de la artista.

Una vez que se asienta el barro, la pieza se mete al horno durante nueve horas para seguir con el proceso de coloreado.

Para este nuevo nacimiento, creado a partir de las manos de su madre, Demetrio escogió el color rojo para la túnica de María, el verde y amarillo para José, el blanco para el ángel y un azul intenso para ambientar la noche.

“Esta es una placa de barro que hicimos nosotros y es una forma tridimensional donde mezclamos la pintura con la cerámica para darles los colores un poco más profundos, ponerle ahí unos paisajes, montañas”, explica Demetrio mientras pinta.

Solo una pieza quedará sin pintar: la del niño Jesús recién nacido, que se quedará del color del barro para otorgarle la pureza y tonalidad de las tierras oaxaqueñas.

“Muchas personas piensan que el hecho de una figura en miniatura es de un valor más pequeño, y es todo lo contrario, una figura pequeña requiere más trabajo que una grande, una miniatura te implica más elaboración, más atención y ponerle un poquito más de detalles, principalmente en el rostro”, dice el hombre.

Detrás de cada una de estas piezas, hay más de un mes de trabajo dedicado y llegan a costar más de 3.000 pesos (más de 150 dólares), una cantidad que invierten coleccionistas de representaciones navideñas y que llegan a Oaxaca en busca de un nacimiento tallado artesanalmente en barro. EFE

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