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La economía de África subsahariana tiembla ante la falta de petróleo por la guerra en Irán

Lucía Blanco Gracia

Nairobi, 27 mar (EFE).- Las crecientes filas en gasolineras y el aumento de los precios del combustible son realidades cada vez más comunes en África subsahariana, una región con economías muy dependientes de las importaciones de petróleo y, por tanto, muy sensible a la volatilidad en el mercado creada por la guerra de Irán.

«Se avecina una escasez. Desde la semana pasada, nos hemos quedado varios días sin existencias de gasolina y diésel. Nunca nos había pasado antes. Estamos bajo mucha presión porque podemos perder clientes», admite preocupada a EFE Cynthia Jebet, gerente de una gasolinera en la llamada Área Industrial de Nairobi.

En esta zona, en el sureste de la capital keniana, se sitúan los enormes depósitos de empresas proveedoras de combustible en el país, a las que ahora las autoridades acusan de acaparar reservas de manera artificial, en un contexto marcado por la incertidumbre ante las restricciones impuestas por Irán en el estrecho de Ormuz.

«He optado por esta ruta hacia el trabajo hoy porque he pensado que sería más fácil repostar. Ayer pasé cinco gasolineras sin existencias», dice a EFE Nelson Mayieka, un joven informático de 30 años.

Tras el ataque lanzado por EE.UU. e Israel contra Irán el pasado 28 de febrero, el impacto por la interrupción del tráfico en esa estratégica ruta marítima, por la que pasa un 20 % del petróleo mundial, ya se nota en África subsahariana.

El continente importa gran parte de sus productos refinados de petróleo de los países del golfo Pérsico, así como otros bienes, como fertilizantes, imprescindibles para la producción de alimentos.

Las economías africanas son especialmente vulnerables a crisis globales por su dependencia de los mercados extranjeros, la volatilidad de sus monedas, la falta de infraestructuras y el elevado endeudamiento.

Se añaden, en este caso, los vínculos comerciales desarrollados en las últimas décadas entre África y los países del Golfo, que han visto en el continente un mercado emergente para invertir en sectores como la logística o la energía.

Los consumidores, principales víctimas

«El primer gran impacto que estamos observando lo están sufriendo los consumidores africanos, con una subida en los precios de la gasolina en países como Sudáfrica, Zimbabue o Camerún», detalla a EFE NJ Ayuk, presidente ejecutivo de la Cámara Africana de Energía (AEC, en inglés), grupo de presión del sector energético de África.

Los datos plasman esta tendencia. En Sudáfrica, datos gubernamentales de principios de este marzo sitúan las recuperaciones insuficientes de la gasolina -dinero perdido por las empresas cuando no recuperan todos los costos con la tarifa que paga el consumidor- en al menos 3,52 rands por litro (17 céntimos de euro) y las del diésel, en más de 6 rands por litro (30 céntimos de euro).

Los precios de la gasolina en Nigeria rondan los 80 céntimos de euro el litro, frente al promedio de 50 céntimos antes de la guerra.

La crisis afecta a numerosos ámbitos, como el sector aéreo, donde las aerolíneas africanas sufren la volatilidad del coste del combustible y muchas, como Ethiopian Airlines, la mayor de África, han anunciado subidas en el precio de sus billetes.

Según la agencia de análisis financiero S&P Global, alrededor del 70 % del combustible para aviones y del keroseno que consume África llega a través de Ormuz.

Ante este escenario, países como Sudáfrica o Kenia aseguran que cuentan con suficientes reservas y piden a los ciudadanos evitar el pánico; mientras otros aplican medidas para amortiguar el impacto, como Etiopía, que decretó subsidios sobre la gasolina y el diésel.

¿Posibles beneficios?

En la otra cara de la moneda de esta crisis, analistas señalan que podría beneficiar a potencias petroleras del continente, como Angola, Libia, República del Congo o Nigeria, pero Ayuk advierte de las limitaciones estructurales para refinar y almacenar el crudo.

«Puede ser una oportunidad para que obtengan beneficios extraordinarios en la fase inicial de la venta. Pero, para ganar dinero, es necesario contar con capacidad de refino. Y no hay que olvidar que algunos de estos países tienen acuerdos a largo plazo con distribuidores para destinar el crudo a otros países donde se refina», puntualiza el presidente de AEC.

Incluso la gigantesca Refinería Dangote en Lagos, la mayor de África, con capacidad para 650.000 barriles diarios, que cubre gran parte de las necesidades domésticas de Nigeria y exporta a todo el continente, compra crudo de otros países para aumentar su cuota.

Así, explica a EFE Kennedy Mbeva, investigador del Centro de Estudio del Riesgo Existencial de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), «esta crisis pone de manifiesto un desafío más profundo en materia de infraestructuras, soberanía y seguridad para el continente». EFE

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