La guerra en Irán: el estrecho de Ormuz como arma clave y otros armamentos más usados
Clara Antón
Redacción Internacional, 26 mar (EFE).- Este sábado se cumple un mes de la guerra en Irán lanzada por Estados Unidos e Israel en la que un arma ha condicionado la escalada del conflicto y las decisiones tomadas por los líderes involucrados en él: el bloqueo del estrecho de Ormuz.
Más allá de los misiles, las armas más avanzada, los ataques aéreos o los drones, el bloqueo de Ormuz se ha revelado como la principal pieza armamentística: un paso de agua de una treintena de kilómetros de anchura por su parte más estrecha por el que circula el 20 % del petróleo mundial.
Su cierre de facto, desde el 28 de febrero, supuso una grave alteración del comercio energético mundial con un fuerte impacto en los precios y en las cadenas de suministro.
Esta paralización disparó los precios del petróleo y ha afectado de igual manera al gas natural y a los fertilizantes.
Además de bloquear de hecho esta vía de agua, Teherán ha prometido sembrar de minas todos los accesos y rutas de comunicación del golfo Pérsico después de que Estados Unidos amenazara con invadir la isla de Jarg, donde se ubica el principal centro petrolero de Irán.
Estados Unidos: superioridad y dominación
Estados Unidos ha presumido de usar sus armas más avanzadas en el conflicto.
Entre ellas los ya conocidos Tomahawk, misiles de crucero subsónicos de largo alcance que representan una de las armas de precisión más emblemáticas de su arsenal. Miden 5,56 metros sin propulsor y alcanzan una velocidad de hasta 2.500 kilómetros por hora.
Sin embargo, el proyectil más destacado de Estados Unidos en esta guerra es, posiblemente, el Misil de Ataque de Precisión (PrSM), que nunca antes había entrado en combate, según explicó a EFE el profesor de la Universidad de Waterloo (Canadá) Alexander Lanoszka, experto en armas nucleares y seguridad internacional.
Según el Mando Central de los Estados Unidos (CENTCOM) estos nuevos misiles de precisión tienen un alcance de al menos 500 kilómetros y han sido creados para reemplazar a los ATACMS, ya suministrados a Ucrania en su guerra contra Rusia, y que se suman a los Tomahawk, los Jassm y otras municiones de este tipo.
La armada estadounidense incluye en su despliegue bélico los portaaviones Gerald Ford, considerado el más potente y avanzado del mundo, y el Abrahm Lincoln, además del USS George HW Bush, que se encuentra en camino para sumarse a la flota de submarinos y destructores con misiles guiados que ya operan en la zona.
El secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, aseguró que en la Operación ‘Furia Épica’, con la que dio comienzo la guerra, se desplegó «el doble de poder aéreo» que en la invasión de Irak de 2003 y que tiene una intensidad siete veces mayor que los bombardeos a instalaciones nucleares iraníes de la anterior guerra contra Irán de junio de 2025.
Irán: saturación y desgaste
Por su parte, Irán ha utilizado numerosos tipos de misiles (más de 400 misiles balísticos desde el inicio) y drones de ataque, tanto kamikazes como convencionales, para atacar objetivos de Estados Unidos en países de Oriente Medio y en el territorio israelí.
Entre ellos, se encuentran los misiles Haj Qasem, de medio alcance y alta precisión diseñados para evadir defensas; el Fateh-110, un misil balístico de corto alcance utilizado contra bases de EE.UU en países de la región, especialmente en Irak, o misiles de racimo (según Israel), que liberan decenas de mini-bombas en el aire.
Además, Irán utilizó los drones Shahed, de largo alcance, muy baratos y que vuelan en enjambres, o drones kamikaze de largo alcance como el Arash-2, diseñado específicamente para atacar a Israel.
De esa forma, Irán trata de saturar las defensas estadounidenses en sus países vecinos a un coste bajo.
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, declaró el 19 de marzo que Irán ya no tenía capacidad para producir misiles balísticos y que sus arsenales de misiles y drones están siendo «degradados masivamente» y el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, dijo tres días después que la Fuerza Aérea y la Armada iraníes están «completamente debilitadas». A pesar de eso, los ataques de Teherán han continuado.
Israel: intercepción y precisión
Según dijo a Efe el experto militar israelí Tal Inbar, la ofensiva de Israel contra Irán es posible mediante el uso coordinado de cazas F-35I (‘Poderoso’), F-15 (‘Trueno’) y F-16I (‘Tormenta’), cada uno con un rol definido dentro del dispositivo militar.
Los F-35 encabezaron las incursiones al penetrar el espacio aéreo iraní sin ser detectados y consiguieron neutralizar sistemas de defensa antiaérea, lo que permitió abrir corredores seguros para el resto de aeronaves.
Sin embargo, su fortaleza es su sistema antimisiles. La batería de defensa antiaérea de Israel es una de las más exhaustivas y sofisticadas del mundo y se divide en tres capas, la Cúpula de Hierro (corto alcance), la Honda de David (alcance intermedio) y el sistema Flechas (largo alcance).
Aunque la efectividad de este sistema ha demostrado ser muy alta, ha presentado vulnerabilidades ante algunos ataques de misiles iraníes y el lanzamiento de enjambres de drones por parte de Hizbulá, lo que obliga a complementarlo con la actuación de cazas.
El ingente gasto militar
Este despliegue sin precendentes ha ido acompañado de un gasto desmesurado: Estados Unidos es el país que más dinero lleva gastado, con entorno a 11.300 millones de dólares solo en la primera semana, según el Pentágono, que el 19 de marzo avanzó que solicitará 200 mil millones de financiación adicional al Congreso.
Mientras que se desconocen las cifras del coste económico que la guerra le ha supuesto Irán, sí se sabe que para Israel, el impacto del conflicto se calcula en unos 5.500 millones de euros por semana, lo que eleva el coste acumulado a cerca de más de 22.000 millones de euros, según el economista israelí Esteban Klor, de la Universidad Hebrea de Jerusalén. EFE
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