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La OSCE denuncia que Rusia busca borrar la identidad de 1,6 millones de menores ucranianos

Luis Lidón

Viena, 9 jul (EFE).– La Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) denunció este jueves que Rusia aplica una política deliberada para borrar la identidad nacional de hasta 1,6 millones de menores ucranianos bajo su control en los territorios ocupados, con el objetivo de imponerles la identidad rusa mediante un adoctrinamiento sistemático.

Esta es la conclusión de un informe difundido hoy por la organización con sede en Viena y elaborado por tres expertos independientes por encargo de 41 de los 57 Estados miembros.

El documento, de 143 páginas, sostiene que las medidas adoptadas por Moscú buscan «borrar la identidad ucraniana de los niños» para integrarlos en el Estado ruso y «glorificar» la guerra contra Ucrania.

«Hasta unos 1,6 millones de niños en edad escolar en los territorios ocupados de Ucrania están sometidos a un sistema integral de adoctrinamiento estatal ruso y militarización», señala el informe, que indica que este modelo se expandió tras la invasión de Ucrania en febrero de 2022.

Los pilares de esta estrategia rusa son la deportación y la «adopción ilegal» de menores, la eliminación del sistema educativo ucraniano, la imposición de la propaganda histórica rusa, la obtención obligatoria de la ciudadanía y la «militarización» desde temprana edad.

Desde deportaciones masivas …

Uno de los elementos más graves señalados en el informe es la deportación en masa de menores, que, según registros oficiales ucranianos, ascendía hasta junio pasado a al menos 20.610 niños, muchos de ellos sin la compañía de sus padres.

Rusia utiliza para estos traslados forzosos más de 210 instalaciones distribuidas por su propio territorio y por las zonas ocupadas, entre ellas campamentos de «reeducación», orfanatos y centros sanitarios.

El informe destaca la participación en este proceso de empresas estatales rusas como el gigante gasístico Gazprom, la petrolera Rosneft y la aerolínea Aeroflot.

La OSCE denuncia que Rusia favorece la adopción de los menores en territorio ruso y altera sus documentos de identidad -modificando nombres y lugares de nacimiento— para romper sus vínculos con Ucrania y dificultar su localización.

La deportación y el traslado forzoso de niños son considerados por la organización posibles crímenes de guerra y, de hecho, la Corte Penal Internacional (CPI) ya emitió por este motivo órdenes de detención contra responsables rusos, incluido el presidente, Vladímir Putin.

El informe denuncia, asimismo, que Moscú utiliza el sistema educativo como herramienta de rusificación, eliminando la enseñanza en ucraniano, confiscando los libros escritos en esa lengua y sustituyendo los materiales escolares por contenidos que difunden la visión del Kremlin.

La enseñanza de la historia en las regiones ocupadas tiene un carácter adoctrinador y propagandístico, con contenidos que minimizan la identidad nacional ucraniana, cuestionan la existencia histórica de su Estado y presentan la guerra como una «respuesta defensiva rusa frente a la agresión de Occidente», destaca el texto.

Al mismo tiempo, se introducen desde edades tempranas actos escolares con la bandera y el himno rusos, así como ceremonias en las que los menores deben «jurar lealtad a la potencia ocupante» y gritar «soy ruso».

… hasta asignaturas militarizadas

La militarización de los menores mediante el sistema educativo, orientada a prepararlos para su futura incorporación al Ejército, es otro de los aspectos denunciados por la organización.

Desde septiembre de 2024, la asignatura ‘Fundamentos de Seguridad y Defensa de la Patria’ incluye formación sobre armas de fuego, drones de combate y lanzamiento de granadas para estudiantes de 13 y 14 años, critica el documento.

«Los niños también fabrican material para el frente ruso, como redes de camuflaje y velas para trincheras. Estas actividades se presentan como ejercicios de civismo o patriotismo, pero, en última instancia, normalizan tanto la guerra de Rusia contra Ucrania como la obligación de apoyarla desde una edad temprana», cita el informe.

La OSCE denuncia una glorificación constante de las fuerzas armadas rusas mediante encuentros con veteranos, lecciones que presentan a los soldados rusos como héroes y actividades obligatorias en las que los menores deben enviar cartas de apoyo a las tropas que combaten contra su propio país.

Este adoctrinamiento se refuerza fuera de las aulas con organizaciones como Yunarmiya, creada por el Ministerio de Defensa ruso, que recluta a niños desde los ocho años para promover actividades militares y patrióticas.

Para imponer estas políticas, Moscú recurre a presiones y castigos: los profesores que rechazan aplicar los programas educativos rusos se enfrentan a despidos, registros, detenciones, torturas o incluso desapariciones.

A los padres, por su parte, se les amenaza con multas y con la pérdida de la custodia de sus hijos si no aceptan la escolarización bajo el sistema impuesto por las fuerzas de ocupación.

La OSCE también condena el uso de la legislación antiterrorista para perseguir expresiones pacíficas de la identidad ucraniana, tales como el uso de símbolos nacionales o contenidos culturales.

El informe concluye que la combinación de persecución cultural, adoctrinamiento y la eliminación sistemática de la identidad nacional puede encajar en la categoría de crímenes de lesa humanidad. EFE

ll/wr/mra

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