Las municipales francesas, termómetro electoral a un año de las presidenciales
Luis Miguel Pascual
París, 21 mar (EFE).- La segunda vuelta de las municipales francesas medirá este domingo las fuerzas de los partidos a un año de las presidenciales, con un suspense garantizado en las cinco primeras ciudades del país y tras el ascenso de los extremos en el primer turno de hace una semana.
París centra buena parte de la atención mediática porque la izquierda puede perder su mayor presa tras un cuarto de siglo; Marsella y Niza aspiran a convertirse en el mayor triunfo de la extrema derecha; Toulouse pone a prueba los pactos de la izquierda moderada con la más radical; y Lyon y Burdeos examinan la resistencia de la ola ecologista que sorprendió en la última cita con las urnas locales en 2020.
Como el pasado domingo más del 80 % de los alcaldes ya fueron elegidos, esencialmente en la Francia rural, solo 17 millones de franceses, de los más de 48 millones totales, podrán acudir a los colegios electorales en 1.526 municipios que restan por decidirse del total de 35.000 que tiene el país.
Pero la batalla se centra en los municipios mayores, aquellos que mejor permiten evaluar la importancia de la victoria y las cicatrices de la derrota, sobre todo porque ya no habrá más elecciones hasta que en 2027 se abra la carrera por el Elíseo.
Suspense en París
El suspense es mayúsculo en París, según los sondeos, que otorgan un empate entre el socialista Emmanuel Grégoire, a la cabeza de una alianza de izquierda moderada y la exministra conservadora Rachida Dati.
La victoria de Grégoire en la primera vuelta con el 38 % de los votos no le garantiza el triunfo final ante una rival que se quedó en el 25 %, pero que ha logrado ser la única alternativa de derechas, tras un pacto con los centristas y la retirada de los ultraconservadores.
Ante su empuje, la izquierda se presenta dividida, porque la radical Sophia Chikirou, que obtuvo algo menos del 12 %, decidió mantenerse en carrera.
La división, esta vez de la derecha, puede beneficiar en Marsella al socialista Benoît Payan, que tiene al alcance la reelección tras haber quedado en cabeza con el 36,7 % de los votos frente al ultraderechista Franck Allisio (35 %), pero que se ha beneficiado de la retirada del candidato de la extrema izquierda, mientras que se mantiene la postulante conservadora.
Pactos de izquierdas
Si en las dos principales ciudades del país no ha habido pactos entre izquierda moderada y radical, en otras muchas ciudades sí. Toulouse, Nantes, Brest, Clermont-Ferrand o Limoges son algunos de los ejemplos de fusión de listas socialistas con los de La Francia Insumisa (LFI) de Jean-Luc Mélenchon, pese al distanciamiento que la cúpula del PS lleva meses estableciendo con ellos.
Una estrategia que será examinada con atención de cara a futuras citas electorales en las que la izquierda persigue reorganizar sus fuerzas en un panorama dominado por el ascenso de la ultraderecha en todos los comicios.
El empuje de la extrema derecha
Además de Marsella, donde alberga algunas esperanzas de victoria, la extrema derecha prepara el champán en Niza, la quinta ciudad del país con 360.000 habitantes, que puede convertirse en su mayor bastión en sustitución de Perpiñán.
Su candidato, Éric Ciotti, disidente del partido conservador, supero el pasado domingo el 43 % de los sufragios y acaricia el triunfo frente al centrista Christian Estrosi (31 %), en posición delicada tras casi una década en el poder.
La resistencia ecologista
Los ecologistas, por su parte, pelean por conservar Lyon, la tercera metrópoli, donde Grégory Doucet tiene opciones de resistir al asalto del empresario Jean-Michel Aulas, expresidente del influyente Olympique Lyonnais, que tiene el apoyo de todo el centro derecha.
Más difícil lo tienen en Burdeos y Estrasburgo, los otros dos símbolos de la ola verde de hace seis años.
Precisamente estas dos últimas pueden caer en manos de candidatos centristas procedentes de la alianza ‘macronista’, que no aspiran a grandes éxitos, pero que también tienen la mirada fijada en Le Havre, donde el ex primer ministro Édouard Philippe están en buenas condiciones de mantener el Ayuntamiento y usarlo de trampolín al Elíseo en un año. EFE
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