Los iraníes desafían a las bombas y la lluvia para celebrar Noruz
Jaime León
Teherán, 20 mar (EFE).- Miles de iraníes desafiaron este viernes las bombas y la lluvia y se acercaron al bazar de Tajrish para realizar las compras típicas de Noruz -año nuevo persa- que se celebra hoy en medio de una guerra que se alarga ya por 21 días.
A pesar del sonido lejano de los disparos de las defensas antiaéreas, familias y grupos de amigos compraban flores, peces rojos o espejos, artículos indispensables para Noruz, la festividad más importante del país persa, por encima de las celebraciones islámicas.
Una fuerte lluvia azotaba la zona de manera intermitente, con trombas de agua que eran interrumpidas por el sol para seguir lloviendo después.
El Noruz (nuevo día) representa el final de la oscuridad del invierno y la llegada de la luz con el equinoccio solar que da inicio a la primavera, una fiesta pagana con 3.000 años de historia.
“Hemos venido a comprar flores como todos los años”, dice a EFE Maryam (nombre ficticio por seguridad) .
“Y por la vida”, añade, aunque lamenta que Tajrish no tenga el bullicio de otros años cuando no se puede ni andar en este popular bazar del norte de la capital.
Su acompañante Hosein (nombre ficticio) asiente y dice que aunque haya menos gente le sorprende que hayan venido muchos tras 21 días de bombardeos diarios desde que Estados Unidos e Israel iniciaron la guerra contra Irán el 28 de febrero.
“Noruz es especial para los iraníes por eso han venido”, dice Hosein.
Explica que lo que peor lleva de la guerra es no poder dormir: “Me despiertan las explosiones y no descanso bien”.
Para Maryan, sin embargo, lo peor es la incertidumbre del futuro, las dudas de cuándo acabará la guerra, cómo acabará y qué vendrá después.
“No se que pasará”, afirma antes de irse a su casa para la típica cena de Noruz de Sabzi polo ba mahi, plato que consiste en arroz, verduras y pescado.
A su alrededor los puestos exhiben los productos que según la tradición hay que colocar en una mesa en las casas: ajo, trigo, lentejas, los frutos «somag» y «sanyed», un dulce de germen de trigo y vinagre.
Cada uno de ellos invoca un deseo, como la salud, la riqueza o el amor.
Además, en la mesa se ponen un espejo para simbolizar la reflexión; huevos coloreados, para la fertilidad y peces dorados, que representan la vida.
La vida de hoy en el bazar contrasta con las últimas semanas e incluso días cuando estaba prácticamente vacío ante el temor los ataques que han causado la muerte a más de 3.000 personas según la ONG opositora HRANA con sede en Estados Unidos.
Pero la tradición de una festividad con 3.000 años de historia que no pudieron eliminar los clérigos tras su llegada al país en 1979 parece pesar más que los continuos bombardeos israelíes y estadounidenses. EFE
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