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Los lazos entre Austria y Rusia sobreviven a la campaña electoral y al Ibizagate

La exministra austriaca de Relaciones Exteriores, Karin Kneissl, y el presidente ruso, Vladimir Putin, bailando en la boda de la primera, el 18 de agosto de 2018 en Gamlitz, Austria afp_tickers

La buena relación de Austria con Rusia no parece que vaya a sufrir con la esperada reelección del conservador Sebastian Kurz en las legislativas del domingo. Y eso pese al «Ibizagate», un escándalo de corrupción.

La imagen de Karin Kneissl bailando con el presidente ruso Vladimir Putin en su boda en 2018, cuando era ministra de Relaciones Exteriores, escenifica esta buena sintonía.

Según Peter Schulze, especialista de Rusia en la universidad de Gotinga, (Alemania), «Austria ocupó el vacío dejado por Berlín, cuyas relaciones con el Kremlin se degradaron en los últimos años. Desde Moscú, se percibe más fiable que nunca».

No obstante, Rusia desempeñó un papel, a su pesar, en la caída del gobierno de Kurz hace cuatro meses y en la convocatoria de los comicios del domingo.

Kurz estaba aliado con el nacionalista Partido de la Libertad de Austria (FPO) y no se descarta que repita la coalición si gana las elecciones.

En mayo, medios alemanes difundieron un video filmado con cámara oculta en las islas Baleares (este de España) en 2017 en el que se veía al vicecanciller del FPO, Heinz-Christian Strache, proponiendo mercados públicos a una joven que se hacía pasar por la sobrina de un oligarca ruso, a cambio de financiación oculta.

El caso provocó la dimisión de Strache, pero no rompió el «consenso político» actual, por el que todos los partidos son favorables al mantenimiento de un alto nivel de cooperación con Rusia, según Paul Schmidt, del centro de reflexión Osterreichische Gesellschaft fur Europa Politik.

En julio, el excanciller socialdemócrata Christian Kern se unió al consejo de vigilancia de la empresa rusa de ferrocarriles RZD.

«Para nosotros sigue siendo importante mantener este diálogo [con Rusia] en el respeto de la posición común europea», explica a la AFP el diplomático Peter Launsky-Tieffenthal, portavoz del gobierno austriaco entre diciembre de 2017 y mayo de 2019.

– Cortesía –

Sebastian Kurz reservó a Vladimir Putin su primera visita oficial fuera de la Unión Europea, en febrero de 2018.

El presidente ruso le devolvió la cortesía tras su reelección, unos cuatro meses después, cuando calificó a Austria de «socio tradicional».

Era la sexta visita oficial de Putin a Austria y cuando Donald Trump recibió a Kurz en la Casa Blanca a principios de 2019, el presidente estadounidense se mostró intrigado por esta cercanía, según una figura cercana al partido conservador.

«Sebastian Kurz le respondió que se debía a la garantía del suministro energético de Austria y a que Rusia demostró ser una interlocutora digna de confianza», explica esta fuente.

Paul Schmidt confirma los «evidentes intereses económicos» entre los dos países. El año pasado prolongaron para 20 años más su contrato gasístico, el primero firmado entre la antigua Unión Soviética y un país de Europa occidental, hace más de medio siglo.

Viena se distanció de Reino Unido y de la mayoría de Estados europeos en marzo de 2018, cuando se negó a expulsar a los diplomáticos rusos en su territorio en represalia al caso Skripal, el envenenamiento del exespía Serguéi Skripal, atribuido al Kremlin.

El FPO va aún más lejos, al apoyar sin excepciones la política moscovita respecto a Ucrania, Georgia o los Balcanes. Hace dos años, la extrema derecha firmó un acuerdo de cooperación con Rusia Unida, el partido en el poder en Rusia.

– Mozart y el zar –

Vladimir Putin, quien trabajó para el KGB en la antigua RDA entre 1985 y 1989 «habla un alemán excelente», recuerda Peter Schulze.

No se sabe en qué idioma invitó Karin Kneissl, la ministra de Relaciones Exteriores del gobierno Kurz y vinculada con el FPO, a Vladimir Putin a su boda en agosto de 2018, pero las imágenes de la ministra bailando vals con el presidente ruso dieron la vuelta al mundo.

La relación especial entre Viena y Moscú se inició hace siglos, cuando Pedro I el Grande llegó a Austria, en 1698, para establecer relaciones diplomáticas entre los imperios de los Habsburgo y de los Romanov. Mozart dio conciertos ante el embajador del zar.

Austria, que fue ocupada por los aliados tras la Segunda Guerra Mundial, desempeñó un papel importante durante toda la Guerra Fría. Nikita Jrushchov y John Kennedy estrecharon allí sus manos en 1961, y Leonid Brézhnev y Jimmy Carter hicieron lo propio en 1979.

Austria, que no es miembro de la OTAN en nombre de su neutralidad, aloja como herencia de esta época las sedes de organizaciones internacionales como la ONU y la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), escenario de frecuentes negociaciones multilaterales.

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