Pacifistas en estado de guerra: cómo viven los Hare Krishna en Ucrania
Marcel Gascón
Kiev, 4 abr (EFE).- La guerra ha reducido la exposición pública de los devotos del movimiento internacional hinduista Hare Krishna en Ucrania, que han dejado de celebrar sus coloridos festivales en las calles pero siguen rezando por la paz y la armonía en sus templos y contribuyen a proteger y cuidar a la sociedad de la que son parte como cualquier otra comunidad o grupo religioso.
“En nuestra filosofía las personas se dividen en varias categorías. Los brahmanes, o personas que estudian y enseñan, son los más necesarios en este mundo, pero están también quienes se ocupan de producir y comerciar, quienes construyen cosas con sus propias manos y los administradores y guerreros, personas que cuidan y protegen a la comunidad”, dice a EFE uno de los monjes que viven en el templo de Hare Krishna en Kiev.
“Esta inclinación viene de la infancia. Cada devoto tiene un tipo de espíritu”, agrega Vallabha, el nombre espiritual de este monje nacido en Lituania.
Vallabha hace esta breve explicación sobre la forma en que ven el mundo los seguidores de esta rama del hinduismo que empezó a extenderse en Occidente en la década de 1960, al ser preguntado por el cartel con fotografías de devotos caídos en combate que puede verse en la planta baja del templo, un imponente edificio de seis pisos.
Aunque el movimiento no anima a sus seguidores a alistarse, decenas de Hare Krishna se han unido a las filas del Ejército ucraniano desde que hace más de cuatro años comenzara la invasión rusa, una decisión personal que tiene cabida en la filosofía de este grupo religioso.
“La mayoría fue al Ejército de forma voluntaria, sobre todo al principio de la guerra”, explica Vallabha, que conoce personalmente a algunos de los Hare Krishna muertos en el frente.
“Alrededor de cincuenta de nuestros devotos han muerto en la guerra. Algunos de ellos eran civiles, pero la mayoría eran militares”, señala Achyuta Priya, uno de los pioneros de Hare Krishna en la última década de la Ucrania que era parte de la Unión Soviética, cuando algunos seguidores fueron encarcelados e internados en psiquiátricos.
A más ‘brahmanes’ menos guerreros
Sobre la relación de Hare Krishna con la guerra, Vallabha subraya que cuanta más gente tenga conciencia espiritual menos conflictos habrá en el mundo. “Cuando la persona tiene conciencia quiere vivir en paz. No necesita la tierra de otros, el dinero de otros, porque sabe que Dios le da todo lo que necesita”, dice.
“A nuestra gente le decimos que estamos en un momento de movilización general, y que si uno no está combatiendo tiene que ayudar, servir a la sociedad”, le completa Achyuta Priya, el pionero del movimiento, que es tras más de cuarenta años de estudio uno de los grandes divulgadores en Ucrania de los principios ancestrales que cultiva Hare Krishna.
El templo de la congregación en Kiev sirvió de refugio para decenas de devotos en los primeros días de invasión, cuando las tropas rusas intentaban rodear la capital y su entrada a la ciudad parecía inminente. Uniéndose a la quincena de monjes que viven en el templo, estos devotos se instalaron en los sótanos, donde, a resguardo de las bombas y los misiles, esperaron a que la situación se estabilizara.
Millones de raciones de comida vegetariana
Desde el comienzo de la guerra, los voluntarios de la organización benéfica Food for Life, creada en 1974 por Srila Prabhupada, fundador de la Asociación Internacional para la Conciencia de Krishna, que popularizó en todo el mundo la tradición ancestral hinduista india conocida ahora como Hare Krishna, han intensificado su programa de reparto de comida, que funciona en más de sesenta países, hasta llegar a ofrecer más de 5 millones de raciones en toda Ucrania.
Además de las salidas que sus voluntarios hacen todas semanas a tres lugares de la capital donde se concentran personas sobre todo mayores o que viven en la calle, monjes y devotos de la congregación se desplazan a las zonas de Kiev en que impactan misiles o drones rusos para dar de comer a los afectados y al personal de servicios sociales que los atiende.
“Aquí en Ucrania, desde que empezó la guerra, nuestra misión es llegar al lugar de los ataques para compartir la comida rápidamente y que la gente que ha perdido su casa pueda comer ese mismo día”, dice a EFE Lolita Coker, Coordinadora del departamento de distribución de Food for Life en Kiev, que acaba de regresar a Ucrania tras siete años viviendo en México.
“Nuestra comida es vegetariana y refleja uno de los principios básicos de las escrituras védicas: ahimsa, que significa no violencia. Para vivir en paz, primero debemos cultivar la paz en nosotros mismos,” explica en español con acento de México. EFE
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