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Las enseñanzas de la crisis entre Berna y Trípoli

Tras el arresto de Hannibal Kadhafi en Ginebra en julio de 2008, hubo manifestaciones en Trípoli en protesta de esa acción.

(Keystone)

Iniciada el 15 de julio de 2008, la crisis entre Libia y Suiza perdura, pese a los progresos alcanzados en los últimos meses. swissinfo.ch traza un balance de un asunto de Estado insólito para la Confederación Helvética.

Acostumbrada desde hace lustros a mantener buenas relaciones con otros países, Berna se ve confrontada desde hace un año a una grave crisis diplomática con Libia.

"Suiza destaca en sus tareas de mediación, pero casi nunca había estado confrontada ella misma en una crisis directa con otro Estado", advierte Hasni Abidi, director del Centro de Estudios sobre el Mundo Árabe y Mediterráneo, con sede en Ginebra.

El investigador se refiere a una primera lección sobre esta cuestión: "El caso Gaddafi ha constituido un desafío para el gobierno, su diplomacia e, incluso, para el sistema federal helvético, porque ha habido tensión entre las autoridades del cantón de Ginebra y el gobierno suizo para saber quién endosaría la responsabilidad del asunto".

Arresto estival

Justamente, la crisis inició a nivel de la justicia ginebrina con el arresto, el 15 de julio de 2008 de Hannibal Gaddafi, el hijo menor del coronel Gaddafi, y su esposa Aline tras ser acusados de golpear a dos empleados domésticos durante su estancia en un hotel ginebrino.

El hijo del líder libio se había visto anteriormente en situaciones similares en Europa, pero fue la primera vez que, en lugar de que se le solicitara abandonar el territorio –ocurrió en Francia o en Alemania-, fue puesto en detención preventiva, antes de recuperar su libertad bajo fianza de 500.000 francos.

En Berna no se evalúo de inmediato la dimensión plena del asunto. Cabe señalar que el breve encarcelamiento de la pareja Kadhafi ocurrió durante las vacaciones de la ministra de Asuntos Exteriores, Micheline Calmy-Rey, y de un buen número de altos funcionarios de la administración federal.

Gobierno de medios limitados

El analista Hasni Abidi menciona una segunda lección: "Esto plantea el problema en torno a las células de vigilancia y de crisis y de guardias en el Ministerio de Asuntos Exteriores. Cuando uno tiene un asunto con un miembro de la familia Gaddafi, uno toca al Estado libio. Algo que está bien entendido en países como Francia o Alemania, igualmente confrontados a las actitudes de Hannibal Gaddafi."

"El ministro de Justicia y la ministra de Asuntos Exteriores debían haberse dirigido inmediatamente a Ginebra. No se puede esperar que un policía o un juez se comporte como un diplomático", agrega.

En su opinión, "se requiere absolutamente un grupo especializado en los detalles de diversos sistemas políticos de países con los que puede producirse un problema, análogo al que se ha implantado en otros países".

El régimen Kadhafi no tardó en reaccionar. Cuatro días tras el arresto de Hannibal, dos residentes suizos fueron detenidos en Libia. La empresa ABB y otras compañías helvéticas debieron cerrar sus oficinas en Libia.

Con ello queda claro para la diplomacia suiza que se trata de un asunto de Estado. El 22 de julio, la ministra Micheline Calmy-Rey interrumpió sus vacaciones y llamó a su homólogo libio, Abderrahmane Shalgam, para protestar contra las medidas.

La réplica de Libia fue inmediata, que amenazó a Suiza de detener las entregas de crudo.

En búsqueda del buen canal

Tras meses de esfuerzos diplomáticos y tentativas de conciliación que aún no abren el camino para encontrar la armonía en las relaciones, Libia conserva la iniciativa. Suiza está en la defensiva.

Hasni Abidi explora una tercera lección sobre este asunto. Durante los primeros meses de la crisis, Suiza evaluó inadecuadamente la naturaleza particular del régimen libio y se contentó con aplicar los procedimientos habituales en materia de relaciones internacionales. Y esto en un modo reducido.

"Hubiera sido necesario enviar rápidamente a un responsable de alto rango, como la ministra de Asuntos Exteriores, para expresar la voluntad de Suiza de mantener buenas relaciones con Libia. Y esto, recordando, por ejemplo, que Suiza facilitó el otorgamiento de visados para los libios, mientras que las puertas de la vecina Unión Europea estaban cerradas durante los años de embargo contra Libia".

Sólo luego de 6 meses de crisis, la diplomacia suiza encontró el canal de comunicación correcto. En enero de 2009, durante el Foro Económico de Davos, Micheline Calmy-Rey se reunió con Seif al-Islam, uno de los hijos del coronel Gaddafi, promotor de la apertura al mundo occidental. No se llegó a un acuerdo, pero este encuentro fue un primer contacto con uno de los miembros del clan Kadhafi.

Y el segundo paso positivo, según Hasni Abidi: la visita en mayo pasado de Micheline Calmy-Rey a Trípoli, un viaje que permitió avanzar en el asunto.

En el calor de la visita, el presidente suizo, Hans-Rudolf Merz, mostró su implicación al declararse dispuesto a ir a Libia y reunirse con el coronel Gaddafi. Ese proyecto de viaje que permitiría el regreso de los dos suizos a los que se les prohibió salir del territorio libio, contó con la colaboración de Dubai; una mediación solicitada por Libia.

Los límites de un caso de excepción

Hasta allí, Suiza estuvo sola en esta crisis. Justo en ese sentido es la cuarta lección observada por Hasni Abidi: "Este asunto mostró el aislamiento de Suiza en la escena internacional. Ni siquiera los ministros de Exteriores occidentales no se han realmente movilizado para apoyar a Suiza. Una reserva que contrasta con la reciente reacción de los países de la Unión Europea tras el arresto de diplomáticos británicos en Irán".

Esta crisis de relaciones entre Suiza y Libia, para la mala suerte de Berna, ocurre cuando el régimen de Gaddafi sale de un largo aislamiento para verse de nuevo cortejada por las grandes potencias, como los Estados Unidos.

En ese contexto de busca de petróleo, -pero también marcado por la inculpación del presidente sudanés Omar el-Béchir por la Corte Penal Internacional-, ¿una diplomacia suiza más cuidadosa hubiese podido evitar esta crisis?

No hay certidumbre de ello. "El régimen libio se permite sancionarla porque Suiza está aislada y es pequeña, un modo de mostrar que Trípoli no es un paria en la escena internacional", concluye Hasni Abidi.

Fréderic Burnand, Ginebra, swissinfo.ch
(Traducción: Patricia Islas Züttel)

El caso a nivel judicial:

Expediente cerrado. Dos empleados domésticos acusaron a la pareja Gaddafi de maltrato. Pero retiraron la queja presentada ante la justicia ginebrina después de la detención del hijo del líder libio. El expediente fue cerrado a principios de septiembre de 2008.

Informe de expertos. Una comisión independiente encargada de evaluar el caso de la pareja Gaddafi presentó su informe en diciembre de 2008. Se concluye que no hay ningún acto ilegal que pudiera ser imputado a las fuerzas del orden ginebrinas. Pero el documento vapulea duramente a la policía y a la justicia de Ginebra por varios aspectos.

Demanda civil. En abril de 2009, Hannibal Gaddafi presentó una demanda civil contra el cantón de Ginebra, bajo la consideración de que el Convenio de Viena sobre las relaciones diplomáticas y consulares fue violada. Según el abogado de los Gaddafi, los expedientes sobre el procedimiento civil contra el Estado de Ginebra serán presentados ante el tribunal de primera instancia de Ginebra el 24 de septiembre de 2009.

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El petróleo libio y Suiza

En 2007 y 2008, el petróleo crudo libio representó más del 50% de las importaciones helvéticas.

Suiza importa cada año alrededor de 4,5 millones de toneladas de petróleo crudo tratado en sus dos refinerías y más de 7 millones de toneladas del producto refinado en Europa.

En Suiza, la empresa petrolera Tamoil posee más de 350 gasolineras y la refinería de Collmbey, en Valais. Libia tiene el 35% de las acciones del grupo.

Libia busca desarrollar su mercado de exportación. Se estima que el subsuelo libio resguarda aún importantes reservas del crudo y de gas. El petróleo libio es ligero y tiene bajo contenido de azufre. Su refinamiento genera excelentes rendimientos.

Si Libia dejara de suministrar su petróleo a Suiza, existiría alternativa de nuevo proveedor.

El mercado petrolero internacional está marcado por un excedente de la oferta.

Desde hace tres décadas, los países productores de petróleo no han decretado ningún embargo petrolero.

Los países consumidores han impuesto ese tipo de limitaciones a libia, Irán, Irak o a Sudán, países importadores que utilizan el petróleo como arma política.

Fuente: Nicolas Sarkis, director del Centro árabe de Estudios Petroleros

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