Preocupa salud de feminista presa en Marruecos por exhibir lema «Alá es lesbiana»
Rabat, 2 mar (EFE).- Familiares y abogados de la activista marroquí Ibtissame «Betty» Lachgar, condenada tras publicar un fotografía con la frase «Alá es lesbiana», alertaron de que el grave deterioro de su salud en prisión podría conducir a la amputación de un brazo, mientras el Gobierno admite que ha recibido asistencia hospitalaria en varias ocasiones desde su ingreso en la cárcel.
«Betty ha sobrevivido a un cáncer de huesos y tiene una prótesis entre el hombro y el codo izquierdo. Hace poco se fracturó el codo en prisión», denuncia la organización Avaaz, parte del colectivo «Libertad para Betty» que incluye, entre otros a Amnistía Internacional y Human Rights Watch.
Según Ghizlane Mamouni, una de sus abogadas, «el deterioro de su salud es alarmante. Su prótesis se ha desprendido por completo y a pesar de permanecer en la cárcel con el brazo fracturado y requerir de una compleja cirugía de urgencia, solo le han recetado paracetamol».
Activistas de Derechos Humanos y organizaciones LGTBIQ+ suman más de 380.000 firmas en una campaña para pedir la puesta en libertad de esta psicóloga de 50 años, encarcelada hace seis meses tras ser condenada a dos años y medio de prisión por la publicación en redes sociales en 2022 de una fotografía en la que viste una camiseta con el texto «Alá es lesbiana».
Su hermana, Siham Lachgar, denuncia que Betty «corre un serio peligro. Esta situación es extremadamente preocupante para ella y para nuestra familia y necesita cuidados especializados en Francia. De lo contrario, las consecuencias pueden ser nefastas».
A su juicio, la condena «no tiene que ver con sus actos sino con lo que ella representa, y demuestra que, incluso hoy en día, te pueden encarcelar simplemente por pensar distinto».
«Cada día que Betty permanece entre rejas es otra injusticia más contra ella, y otro golpe contra la libertad», concluye en un comunicado de Avaaz.
Atención médica en prisión
En respuesta a las denuncias de la familia y la defensa de la activista, la administración penitenciaria de Marruecos afirmó este lunes que, desde que ingresó en la cárcel, el 12 de agosto del pasado año, Lachgar «ocupa una habitación individual que reúne todas las condiciones necesarias».
«Teniendo en cuenta su estado de salud, la dirección del centro dispuso además que varias internas compartieran el espacio con ella para asistirla cuando fuera necesario, en consideración a sus circunstancias particulares».
«Asimismo, se autorizó de manera excepcional que recibiera la visita de una amiga, acompañada de su madre», continúa la institución en el comunicado.
«La reclusa recibe atención médica siempre que su estado lo requiere», agrega la nota, que reconoce que «hasta la fecha, ha sido atendida en ocho consultas de medicina general y ha participado en dos sesiones con el especialista en psicología».
Además «ha sido trasladada en ocho ocasiones a un hospital externo para ser examinada por un especialista en traumatología, en el marco del seguimiento de su estado de salud y con el fin de garantizar que reciba el tratamiento necesario».
La Constitución de Marruecos, aprobada en 2011, garantiza el derecho a la libertad de expresión, pero la legislación castiga con penas de seis meses a dos años de cárcel, además de multas de hasta 200.000 dirhams (18.900 euros), a quien «atente contra la religión islámica, contra el régimen monárquico o incite a atentar contra la integridad territorial del Reino».
La pena puede llegar hasta cinco años de prisión si el acto se difunde por medios públicos electrónicos, impresos o audiovisuales.
Lachgar, cofundadora del Movimiento Alternativo por las Libertades Individuales (MALI), fue detenida en agosto de 2025 en Casablanca y trasladada después a una prisión de Rabat.
Su defensa alegó que la fotografía de la camiseta fue tomada en 2022 en Londres, y el eslogan que exhibía era una muestra de apoyo a dos mujeres iraníes, activistas de la comunidad LGTBIQ+, que habían sido condenadas a muerte.
«Vestir una camiseta no es un crimen y nadie debería ir a prisión por apoyar los derechos humanos. Instamos al rey Mohamed VI a que libere a Betty de inmediato”, reclama Melanie Motta, encargada de campañas internacionales de Avaaz.EFE
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