Rendeiro, el último viaje de un símbolo portugués del «dinero fácil»
Mar Marín
Lisboa 13 may (EFE).- Hijo de un vendedor de zapatos, Joao Rendeiro se convirtió en un símbolo de la cultura del enriquecimiento fácil, el «pelotazo», en Portugal, donde se le conoce como «el banquero de los ricos». Su vida de película terminó este viernes en la celda de una de las peores cárceles de Sudáfrica.
Rendeiro fue encontrado muerto en la prisión de Westside, en Urban, donde esperaba una decisión sobre su extradición a Portugal para cumplir casi 20 años por delitos de blanqueo, falsificación y fraude.
Su abogada confirmó que apareció ahorcado en su celda y que iba a dejar de asesorarle por falta de pago.
El banquero, de 69 años, debía comparecer hoy ante los tribunales sudafricanos.
¿Cómo uno de los hombres más conocidos de Portugal terminó muerto en una prisión sudafricana?
EL ASCENSO DEL HIJO DEL ZAPATERO
Joao de Oliveira Rendeiro fue un alumno aventajado. Del barrio lisboeta de Campo de Ourique, donde su padre tenía una tienda de arreglo de zapatos, saltó a la universidad de Sussex para doctorarse en Economía.
Se hizo un nombre entre la «elite» lusa en los años 80, cuando vendió por 15 millones la gestora de un fondo de inversión que había creado con un capital de 25.000 euros.
Un dinero fácil que le abrió puertas. Trabajó unos años en el banco Santander y logró otro «pelotazo» con una marca de refresco. A mediados de los 90, cumplió su sueño y creó el Banco Privado Portugués (BPP).
AUGE Y CAÍDA DEL BANQUERO DE LOS RICOS
Bautizado como el «banco de los ricos», el BPP tenía una cartera reducida de clientes con grandes patrimonios.
Rendeiro intimaba con la aristocracia financiera lusa, coleccionaba obras de arte y se convirtió en accionista del mayor banco privado portugués, el BCP.
En 2008, en medio de la crisis financiera, el BPP colapsa. Sus antiguos aliados y clientes le dan la espalda. El Estado le niega un rescate de 700 millones y quiebra definitivamente en 2010.
Comienza para el banquero un calvario legal, acusado de fraude fiscal, abuso de confianza y blanqueo de capitales.
La Justicia considera probado que Rendeiro y tres de sus colaboradores se apropiaron de más de 31 millones de euros del banco. De ellos 13,6 millones fueron retirados por el banquero.
Rendeiro nunca aceptó los cargos. En su libro «En defensa de la honra» reivindicó su inocencia y denunció conspiraciones en su contra. Llegó a declararse «víctima de racismo social».
El BPP, decía, era una «competencia incómoda» para otro gran «banco de los ricos», el Espíritu Santo. Un fiasco más de la banca portuguesa, que colapsó en 2014 y fue rescatado con una inyección de 4.900 millones de euros de fondos públicos.
CÁRCEL EN SUDÁFRICA
Mientras la Justicia le acosaba, el banquero viajaba y mantenía su rutina en la residencia familiar, en una exclusiva zona de Cascais -en las afueras de Lisboa-, donde guardaba una valiosa colección de arte.
Rendeiro nunca ocultó que no tenía intención de cumplir su condena. Huyó de Portugal el pasado septiembre y logró esquivar a la Interpol hasta su detención en una zona turística próxima a Durban en diciembre.
Mientras se resolvía el proceso de extradición, fue internado en la cárcel de Westside, que según la ONG Just Detention South Africa es una de las prisiones más grandes y en peores condiciones del país.
Compartía una celda de 80 metros con 50 presos. «Las condiciones son terribles. Las ventanas no tienen vidrios. No hay agua caliente. No hay asistencia médica», denunció tras su detención.
Desde Sudáfrica defendió su inocencia y exculpó a su mujer de cualquier responsabilidad, aunque María de Jesús Rendeiro está en prisión domiciliaria desde noviembre investigada por la venta de obras de arte intervenidas y por indicios de blanqueo de capitales y falsificación.
«No voy a regresar a Portugal», afirmó en una entrevista concedida en noviembre a CNN Portugal. La alternativa, dijo, es «libertad o muerte».EFE
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