Salmos contra la guerra
Mar Marín
Lisboa, 24 mar (EFE).- La voz de Olga retumba en la pequeña iglesia ucraniana de Lisboa. Canta por la paz, por el fin de la guerra. Como Rostyslav, que reza por su hijo y sus nietos, que siguen en Ucrania y no van a dejar su país.
En el corazón de Lisboa, la iglesia de Nuestra Señora de Nazaré acoge cada día a decenas de fieles ucranianos greco-católicos de rito bizantino.
«Una mezcla de la iglesia ortodoxa y la católica», explica Rostyslav, seguida por alrededor de un tercio de los ucranianos y mayoritaria en regiones como Lviv, próximas a Polonia.
Esta iglesia ha sido siempre un punto de referencia para la comunidad ucraniana de Portugal, pero desde que estalló la guerra, el 24 de febrero, es además un centro neurálgico de distribución de ayuda y orientación para los refugiados.
Cedida por la Iglesia Católica, en sus rincones se apilan las cajas con donaciones destinadas a Ucrania y sus voluntarios asesoran a los recién llegados sobre los trámites para registrarse en Portugal, escolarizar a sus hijos y aprender el idioma.
«Todos ayudan», dice Mateus Vitalii, uno de los capellanes ucranianos que atiende a la comunidad.
Desde hace un mes, las necesidades se multiplican. Y también los fieles. La ucraniana ha pasado a ser la segunda comunidad extranjera en Portugal: A los 28.000 ya registrados se han sumado en las últimas semanas cerca de 20.000.
Su «flechazo» con Portugal se remonta a los años 90. Entonces, más de 80.000 llegaron al país huyendo de la crisis en el Este. Su contribución, reconoce el Gobierno luso, ayudó al despegue portugués.
Avanzada la década del 2000, el idilio terminó. Muchos regresaron a Ucrania y otros eligieron a sus vecinos europeos.
Ahora, Portugal les de abre de nuevo las puertas.
CAMBIARON LOS CORAZONES
Olga Yakovets tiene 40 años y lleva media vida en Portugal. Llegó «muy joven» y «por curiosidad» y se quedó. Hoy tiene una «gran familia» en el país y no piensa en volver.
Su voz se impone durante la misa cada tarde en el coro de la iglesia. Pero, se lamenta, en el último mes «todo cambió mucho. Cambiaron las personas, los corazones».
«Estábamos tristes, preocupados y desesperados al principio; luego empezamos a hacer todo para ayudar, cada uno ayuda como puede», continúa, convencida de que los refugiados regresarán a Ucrania cuando la guerra termine porque «dejaron su vida allí».
Olga no tiene amigos rusos -«nunca hubo buena relación, no la tuvimos, no la tenemos y mucho menos la queremos tener en el futuro»- y cree que la guerra viene de lejos.
«Acontece desde hace siglos. Invadieron hace años nuestro país en las regiones del Donbass, ahora quieren más y no paran».
¿Y cómo terminará? «Solo con la victoria», asegura. «Hace muchos años que conocemos a los rusos, no van a volver atrás. Solo con la victoria vamos a resolver»
NO HAY VUELTA ATRÁS
Tampoco para Rostyslav Pashchak hay vuelta atrás. Su vida cambió de golpe hace un mes. Este médico ucraniano de 60 años se despierta cada amanecer en Lisboa para llamar a su hijo, que volvió a Ucrania y no puede abandonar el país.
Rostyslav, que llegó en 2000 a Portugal, evita dar detalles sobre su familia. Su hijo regresó hace años, con su nuera y sus dos nietos. «Viven en el sur», explica, «en nuestra vieja casa», en una zona que hasta ahora se ha librado de los bombardeos.
«Funcionan todos los servicios» en la ciudad y entre su hijo y la familia de su nuera han acogido a una decena de personas que han logrado huir de Kiev. Son parte de los más de 6,5 millones de desplazados internos por la guerra. «Se ayudan unos a otros».
En cualquier momento, su hijo puede ser reclutado. Y Rostyslav no oculta su tristeza. Desde hace un mes acude con mayor frecuencia a la iglesia y se vuelca en ayudar a los refugiados y en buscar medicinas y comida para enviar a Ucrania.
«Muchos ucranianos han muerto por causa de un psicópata, que es Putin. Es un psicópata porque la persona que está feliz cuando otras sufren no puede ser una persona normal», estalla.
La guerra, defiende, comenzó con la anexión de Crimea en 2014. «Y continúa». Pero «vamos a ganar, ya hemos ganado porque todo el mundo está con nosotros, tenemos la verdad y a dios con nosotros».
«No tenemos otra alternativa, solo ganar esta guerra. Putin no va a parar».EFE
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