Túnez 15 años después, de la dictadura de Ben Ali al sistema presidencialista de Said
Túnez, 14 ene (EFE).- Túnez conmemora este miércoles el décimo quinto aniversario de la caída del dictador Zine El Abidine Ben Ali, fruto de la rebelión popular conocida como la Primavera Árabe, que dio paso a una etapa en la que el país se posicionó como la ‘cuna de la democracia’, un apelativo que se desdibuja 15 años después bajo el sistema presidencialista del actual mandatario, Kais Said.
Said se arrogó plenos poderes en 2021 para «rectificar» la transición democrática, pero el cambio del sistema político llevó a la oposición a reclamar una nueva revolución que devuelva las libertades logradas como consecuencia de las revueltas de 2011, en un momento en el que la población ha caído en la desafección política.
Principio y fin atípicos
En 1987, ostentando entonces el cargo de primer ministro, Ben Ali llegó al poder por la vía de un ‘golpe médico’, al hacerse con la Presidencia cuando el mandatario de turno, Habib Bourguiba -declarado presidente vitalicio en 1975-, con 84 años de edad, había sido declarado mentalmente incapacitado por un comité de facultativos, debido a su «senilidad y paranoia».
Ben Ali aprovechó la coyuntura y, apelando a una particular lectura del artículo 57 de la Constitución tunecina -que contemplaba una presidencia interina y la convocatoria de elecciones en un plazo máximo de 60 días-, se hizo con el bastón del mando del país, que ya no soltó hasta que el pueblo decidió en 2011 que había llegado su hora.
El heredero de facto de Bourguiba convocó elecciones, por primera vez desde su asunción del poder, en 1989, cuando revalidó su cuestionado mandato con un 99,27 % de los votos, en unos comicios sin rivales.
De igual manera, como candidato único, ganó en 1994, una victoria que revalidó, también con más del 99 % de los sufragios, en 1999 -un hito, al ser las primeras en la historia del país con más de un aspirante-, bajo la sombra del cuestionamiento nacional e internacional, por la falta de transparencia.
Tan atípica como su llegada y permanencia en el poder fue su salida, fruto de un descontento popular reflejado en semanas consecutivas de protestas, conocidas como la Revolución de los Jazmines, que marcaron el principio de la Primavera Árabe.
Ante la imposibilidad de contener las revueltas y sin apoyo del Ejército, el dictador abandonó Túnez junto a su familia para refugiarse en Arabia Saudita -donde falleció en 2019-, previo intento de petición de asilo en Francia, pero el Gobierno de Nicolás Sakozy impidió el aterrizaje del avión en el que viajaba.
Quince años, una revolución y seis presidentes
Tras el derrocamiento de Ben Ali, Túnez -reconocido desde entonces como el país más abierto y avanzado del mundo árabe- pasó por mandatos tan dispares como fugaces, bajo la batuta de seis presidentes, en su periplo de búsqueda de la estabilidad democrática que, por momentos, parecía haberse logrado.
Desde Mohamed Ghannouchi -entonces primer ministro-, que tras la huida del dictador asumió la presidencia interina, en la que duró menos de 24 horas, hasta Said -al mando del país desde 2019 hasta la actualidad- desfilaron por el palacio de Cartago mandatarios que, en mayor o menor medida, ya forman parte de la trascendental transición.
Pero el hito lo marcó Beji Caid Essebsi en 2014, al ser el primer presidente elegido por sufragio universal directo en la historia del país, donde es recordado como el controvertido político que «salvó la Primavera Árabe» y guió a Túnez a la democracia.
Essebsi falleció en el cargo en 2019, dando paso a otro interinato de seis meses, tras el cual llegó Said, elegido en las presidenciales de 2019 para un mandato de cinco años, que revalidó en 2024, pese a estar cuestionado desde 2021, cuando, mediante un ‘golpe de mano’, se arrogó todos los poderes.
La drástica decisión de Said despertó recelos entre la sociedad civil y la oposición, que regularmente exigen su salida del poder, y exhiben pancartas con el rostro de un hombre formado con media cara de Ben Ali y la otra media del actual mandatario, en clara alusión a las similitudes que perciben entre ambos.
Said y Ben Ali, dos hombres, dos rostros, dos presidentes y… ¿un mismo credo? EFE
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