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Foro Mundial de Túnez


"La democracia participativa es una cuestión de mentalidad"



Por Kamel Dhif, Ginebra




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Explosión de júbilo en la Asamblea Constituyente tras la adopción por abrumadora mayoría del texto final de la nueva Carta Magna, el 26 de enero de 2014. (Reuters)

Explosión de júbilo en la Asamblea Constituyente tras la adopción por abrumadora mayoría del texto final de la nueva Carta Magna, el 26 de enero de 2014.

(Reuters)

Contrariamente a otros países de la Primavera Árabe, Túnez ha llevado a cabo con éxito la transición política desde la época de Ben Ali. Para el abogado Yadh Ben Achour, que ha desempeñado un papel clave en la planificación de las reformas políticas, tanto la historia del país como cierta experiencia en el consenso y la democracia participativa explican este éxito aún frágil. 

A pesar de la seguridad amenazada por la violencia, Túnez prosigue su camino democrático con la redacción de una nueva Constitución y la elección de un Parlamento y un presidente. Entrevista con el profesor Yadh Ben Achour, (blog en árabe y francés) presidente de la Alta Instancia para la realización de los Objetivos de la Revolución, de la Reforma Política y de la Transición Democrática (AI), durante una reciente visita a Ginebra.

swissinfo.ch: En 2011, usted dirigía este órgano cargado de reformas políticas. ¿Cuáles son las principales lecciones que extrae de esta singular experiencia?

Yadh Ben Achour: Estábamos en un período revolucionario, y en un período como ese, el derecho no puede gobernar completamente la realidad. ¡Pero tampoco se puede prescindir del derecho en un período revolucionario!

El resultado de estos dos hechos es que hemos tenido una especie de ‘parlamento’ a través de la Alta Instancia. Este órgano se componía de los partidos políticos que habían resistido a la dictadura de Ben Ali, independientemente de sus ideologías. Todos ellos hicieron oposición y se unieron en un determinado momento tras la huelga de hambre de octubre de 2005, a través de una plataforma común que volvería a estar presente más tarde en la finalización de la nueva constitución. En efecto, la Alta Instancia, sin legitimidad electoral, se construyó sobre el consenso.

La gran lección que extraigo es que la existencia de este consenso prerrevolucionario nos ha ayudado mucho. Es precisamente esta experiencia de democracia participativa la que explica que, más tarde, hayamos conseguido atravesar ese período transitorio con éxito y que haya dado lugar a la nueva Constitución, una Constitución democrática, a pesar de la presencia de un partido islamista en el poder.

Siete meses de debates y sobresaltos políticos

14 de enero de 2011: Tras un mes de manifestaciones y de enfrentamientos con las fuerzas del orden, el antiguo presidente Ben Ali abandona Túnez para exiliarse con su esposa y algunos miembros de su familia en Arabia Saudí.

15 de enero de 2011: Yadh Ben Achour acepta la proposición del primer ministro de presidir la Comisión para la Reforma Política con la misión de ‘asear’ la Constitución de 2002 y proceder a una revisión de las principales leyes que gobiernan la vida pública y política del país.

3 de marzo de 2011: Tras una fuerte presión de la calle, de las fuerzas políticas y de los sindicatos, el presidente del primer periodo transitorio anuncia la suspensión de la Constitución y la creación de la Alta Instancia para la  realización de los Objetivos de la Revolución, de la Reforma Política y de la Transición Democrática. Seguidamente anuncia los preparativos del marco jurídico y en particular del marco electoral para elegir la nueva Asamblea Constituyente.

Con 151 miembros y presidida por Yadh Ben Achour, la Alta Instancia está formada por juristas, agentes representativos a distinto nivel de los partidos políticos, las regiones, los jóvenes, las organizaciones de la sociedad civil o profesionales, como el sindicato UGTT, la Liga Tunecina de los Derechos Humanos, la Asociación de Magistrados de Túnez, y personalidades independientes.

13 de octubre de 2011: La Alta Instancia da por finalizado, después de siete meses de debates y de obstáculos, el trabajo político y jurídico del primer periodo transitorio. Elabora las normas para la futura elección de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), elige la Instancia Superior Independiente para las Elecciones (ISIE) y define su organización.

23 de octubre de 2011: Celebración de las primeras elecciones libres y democráticas en Túnez para elegir a los 217 miembros de la nueva Asamblea Constituyente.

26 de enero de 2014: La Asamblea Nacional Constituyente aprueba, por  mayoría aplastante de sus miembros (200 de 217), la nueva Constitución tunecina.

26 de octubre de 2014: Es elegida una nueva Asamblea de Representantes del Pueblo (ARP). La formación Nidá Tunis (Llamada de Túnez), que reúne a miembros del antiguo partido en el poder, sindicalistas, personalidades de la izquierda e independientes), fundada en junio de 2012, es la más votada (86 escaños), seguida por Al Nahda (Renacimiento, islamista), con 69 representantes.

18 de diciembre de 2014: Béji Caid Essebsi, exprimer ministro (de marzo a diciembre de 2011) y exministro de Bourguiba, es elegido presidente de la República tunecina con un 55,68% de los votos.

5 de febrero de 2015: Un nuevo gobierno dirigido por Habib Essid obtiene la confianza de la ARP. En él figuran ministros pertenecientes a Nidá Tunis, a otros tres partidos de tendencias liberales y conservadoras, y a los independientes.

swissinfo.ch: ¿Cuál es el secreto de esta singularidad tunecina en el marco de un mundo árabe agitado y poco o nada democrático?

Y.B.A: El secreto de lo que llamamos "la excepción tunecina" procede de distintos elementos. En primer lugar, está la experiencia de Bourguiba, que, a pesar del carácter autoritario de su gobierno, ha infundido en nuestro país reformas modernistas profundas, sobre todo en lo que se refiere a derecho familiar, liberación de la mujer y modernización de la mentalidad. Estas reformas quedaron fuertemente enraizadas en el nuevo espíritu cívico tunecino, tanto en las leyes como en las convicciones de los ciudadanos.

¡Y hemos recobrado ese legado! En efecto, los tunecinos han defendido después de la revolución – y de una manera apasionada – los derechos de la mujer. Y a pesar de su carácter profundamente religioso, han sabido retener del bourguibismo el rechazo a cualquier tipo de confusión entre política y religión. Desde que el ala radical del partido mayoritario (los islamistas de Al Nahda o partido Renacimiento) empezó a querer implantar su gran proyecto de islamización del Estado y de la sociedad, esta última en su gran mayoría reaccionó de inmediato.

La suerte de Túnez radica en su larga experiencia reformista, que se remonta al siglo XIX. El propio Bourguiba se inserta en un ciclo mucho más largo, que comienza con el Pacto Fundamental de 1857, y sigue con la primera Constitución tunecina de 1861. Por tanto, tenemos una tradición reformista, constitucionalista y estatal, que ha servido de base a la acción de la sociedad tunecina frente a un gobierno, cuya ala radical al menos, intentaba islamizar el Estado y la sociedad. Y si finalmente hemos logrado una constitución democrática ha sido gracias a que Túnez dispone de un amplio legado histórico del que extraer modelos con los que hacer frente a esas tentativas.

swissinfo.ch: En un texto publicado recientemente usted afirma que la Constitución del 27 de enero de 2014 "es ante todo el resultado de una ciudadanía naciente" en Túnez. ¿Cree usted que esta ciudadanía activa va a continuar así y se va a ampliar?

Y.B.A: Esta experiencia democrática ha tenido lugar de manera espontánea, ya que la sociedad se sintió amenazada por esos intentos de islamización, que por otra parte han dado lugar a un amplio debate democrático.

Esta es la razón por la que dije, en el artículo que usted ha citado, que se trataba del producto de una ciudadanía naciente. La ciudadanía es la libertad del sujeto de derecho, la libertad de todo individuo que afirma su presencia frente a un Estado. Se trata de un equilibrio difícil de encontrar –salvo en los regímenes democráticos– entre las convicciones personales y colectivas, por un lado, y, por otro, entre la libertad del individuo y la autoridad del Estado. Por eso he dicho "una ciudadanía naciente". Hemos conquistado la libertad del individuo frente al Estado y la sociedad, pero no hemos encontrado todavía el punto de equilibrio.

Yadh Ben Achour

Nacido el 1 de junio de 1945 en La Marsa (un suburbio al norte de Túnez), este abogado tunecino es especialista en derecho público y teorías políticas islámicas.

Ha sido decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas, Políticas y Sociales de Túnez (1993-1999), miembro del Instituto de Derecho Internacional y miembro del Comité de expertos, encargado de la elaboración del informe sobre el desarrollo humano en el mundo árabe realizado por el PNUD (2007).

El 15 de enero de 2011 fue elegido para presidir la Comisión Nacional para la Reforma Política, que dos meses después se transformó en la Alta Instancia para la Realización de los Objetivos de la Revolución, de la Reforma Política y de la Transición Democrática, la cual realizó lo esencial del trabajo político y jurídico que condujo a la elección de la nueva asamblea constituyente en octubre de 2011.

Ha publicado una docena de trabajos de investigación y decenas de artículos académicos. Es especialista, en particular, en las relaciones del Islam con la práctica política, tema al cual ha dedicado dos trabajos: ‘En los fundamentos de la ortodoxia sunita’ (PUF, París 2008) y ‘La segunda Fatiha, el Islam y la idea de los derechos humanos’ (PUF, París 2011).

swissinfo.ch: A lo largo de estos últimos años se han mencionado distintas ideas para ampliar la participación ciudadana en los procesos de decisión (un capítulo de la Constitución está dedicado al poder local, la posibilidad del presidente de recurrir al referéndum, etc.). ¿Este enfoque participativo va a llevarse a cabo a nivel local y regional?

Y.B.A: Los fenómenos que acaba de mencionar son técnicas jurídicas. Ahora bien, la democracia participativa no es un problema jurídico, sino un problema de mentalidad, de experiencia. La ley no crea el fenómeno, pero sí lo organiza. En realidad, el fenómeno se crea a causa del espíritu mayoritario de un pueblo.

Aunque se mantuviera la mentalidad ciudadana en el estado actual, resultaría imposible conseguir redactar la mejor constitución o las mejores leyes del mundo. Al contrario, podría incluso agravar el problema. Voy a ponerle un ejemplo: tanto la democracia local como el poder local son excelentes, pero solo en la medida en que exista una unidad de la sociedad que se resista a las divisiones. Así que, más unidad y menos división, más prosperidad y menos pobreza.

En los últimos años, hemos visto reaparecer el fenómeno del tribalismo, que creíamos ya desparecido. Si se abre la mano sin prudencia al gobierno local, se puede estimular este tipo de divisiones, lo que podría convertirse en algo mucho más peligroso.

swissinfo.ch: A mediados de mayo, Túnez albergará la 5ª reunión del Foro Mundial sobre la Democracia Directa Moderna. ¿Cuál podría ser la aportación de este Foro a los procesos políticos actualmente en marcha en este país?

Y.B.A: Pienso que este tipo de eventos (con el ruido mediático que les acompaña) solo puede beneficiar a mi país. Porque, de hecho, la reforma de la mentalidad ciudadana se lleva a cabo a través de la comunicación.

Por ejemplo, en el problema de los derechos humanos, de la democracia, de la participación, de las elecciones, etc., cuanto más hincapié se hace en la comunicación de estos temas, más se enraízan en el espíritu de la gente y les da un nivel de conciencia mayor. 

Es un camino muy largo, imposible de ver a escala de la historia inmediata, por eso un Foro como este, con toda la mediatización que lo rodea a nivel nacional e internacional, solo puede beneficiar a Túnez.


Traducción del francés: José M. Wolff, swissinfo.ch



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