Un drama visibiliza a la clase trabajadora pobre de Suiza
A Happy Family (‘Una familia feliz’) cuenta la historia de una madre soltera que pierde la custodia de sus hijos a manos del Estado y saca a la luz una realidad poco vista: la pobreza en uno de los países más ricos del mundo. La película acaba de consagrar a su protagonista y coguionista, Anna Schinz, con el premio a la Mejor ActrizEnlace externo en el ‘Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary’Enlace externo.
Suiza suele evocar imágenes de riqueza, paisajes prístinos y una vida social bien ordenada, y su cine, por lo general, ha sabido mantener ese imaginario. Pero en A Happy Family (‘Una familia feliz’), el director Jan-Eric MackEnlace externo lo pone patas arriba.
«Queríamos mostrar una faceta de la Confederación de la que rara vez se habla», explica Mack por Zoom, pocos días antes de viajar a Karlovy Vary, donde su ópera prima hizo historia al convertirse en la primera película suiza seleccionada para competir por el ‘Globo de Cristal’Enlace externo, el máximo galardón del festival checo. Este thriller, tan entretenido como provocador, explora la precariedad económica y la inseguridad social en Zúrich, una de las ciudades más ricas del mundo.
La sospecha se instala desde el propio título de la película, demasiado idílico como para resultar creíble. Una imagen elocuente resume enseguida la situación: una mujer sentada en la mesa de una cocina completamente calcinada, con un cigarrillo encendido en la mano. Es Niki, la protagonista, en su momento más bajo: una madre de dos hijos, soltera, que encadena dos trabajos, alternando jornadas en una lavandería industrial con noches en el guardarropa de un club.
Durante uno de esos turnos nocturnos, Leonie, de nueve años, provoca accidentalmente un incendio en la cocina mientras prepara la comida para su hermano menor, Jimmy. Para las autoridades, que ya habían visitado a la familia tras detectar signos de desnutrición y falta de atención en la escuela, ese incidente es la gota que rebosa el vaso. Pese a las explicaciones de Niki, los niños quedan bajo el cuidado de una familia de acogida hasta que se considere que su situación ha mejorado.
Pasión por los temas sociales
El director Jan-Eric Mack, nacido en Trüllikon (cantón de Zúrich), llegó al cine tras iniciar una carrera como diseñador gráfico. «Mi segunda gran pasión, además del diseño, era el cine. Como cinéfilo, siempre me interesó esta forma de arte. Por eso a los 26 años decidí volver a estudiar», cuenta.
El cortometraje que realizó para su maestría en la Universidad de las Artes de ZúrichEnlace externo, Facing Mecca (2017),Enlace externo ganó un Premio de la Academia para Estudiantes y posteriormente quedó preseleccionado para los Óscar. «Es una historia de temática social sobre un musulmán sirio que intenta enterrar a su esposa, fallecida de cáncer. Como eso es algo poco habitual en Suiza, especialmente en un pueblo pequeño, tienen que encontrar la manera de hacerlo», explica.
«En esa localidad, la gente aún no está familiarizada con los ritos funerarios musulmanes, lo que genera problemas burocráticos y enseguida se convierte en un asunto político», señala Mack. «Nos pareció que ‘medir la muerte’ era una metáfora adecuada de cómo se gestionaba entonces la política suiza de asilo».
Aquel éxito no solo elevó su perfil dentro de la industria, sino que también definió su enfoque en los temas sociales. Después llegaron éxitos televisivos, entre ellos la serie Wilder y el drama de espionaje Davos 1917. Sin embargo, A Happy Family representa su debut en el largometraje de ficción. Cuando se le pregunta qué une a Facing Mecca con su nueva película, responde que se trata de una cuestión de dignidad. «Me interesa mucho la perspectiva humanista sobre la vida, más que la política», asegura el cineasta zuriqués.
Tan acuciante como invisible
«Nos llevó unos seis años hacer toda la película», añade Mack, quien sitúa el origen de la idea en la pandemia de COVID-19, cuando comenzó a «ver a gente haciendo cola para conseguir comida, una imagen inusual en Suiza. Empezamos a investigar porque nos sorprendió lo evidente que se había vuelto que tantas personas estaban luchando contra la pobreza».
Las cifras son impactantes. «En Suiza hay alrededor de 1,4 millones de personas, de una población de nueve millones, afectadas por la pobreza o en riesgo de caer en ella», afirma el director. «Algunas de esas personas son los llamados ‘trabajadores pobres’: tienen uno o más empleos y, aun así, no pueden hacer frente al costo de vida medio. Nos pareció sorprendente que esto ocurriera en uno de los países más ricos del mundo y que, sin embargo, siguiera siendo un problema tan acuciante como invisible».
La elección de la protagonista también es deliberada: entre los trabajadores pobres, son las madres solteras quienes llevan la carga más pesada, haciendo malabarismos entre el cuidado de sus hijos y la necesidad de ganarse la vida. Niki es un retrato colectivo de una desigualdad sistémica que el equipo de la producción estudió meticulosamente, entre otras cosas, conversando con madres solteras afectadas por la pobreza.
Sin embargo, agrega, también era fundamental escuchar la versión oficial y «conocer sus puntos de vista, porque son ellos quienes deben tomar esas decisiones difíciles». Entre otros, consultaron a organizaciones de acogida familiar, madres de acogida de SOS y otras ONG como Cáritas Suiza.
El contacto con personas y organizaciones que trabajan en este ámbito confirmó lo que el realizador considera un problema sistémico. «Una de sus raíces es la fragmentación institucional. Debido al sistema federal suizo, los organismos funcionan de manera diferente según las normas y leyes específicas de cada cantón». El equipo también descubrió que Suiza se encuentra entre los países europeos con menor apoyo estatal a las familias, y que las madres solteras son quienes más sufren las consecuencias de estas desventajas.
Aun así, Mack no es del todo pesimista, pues cree que esos problemas pueden aliviarse. «Si la sociedad asumiera más responsabilidad», afirma, «habría menos necesidad de recurrir a los funcionarios».
Descubrir la ambivalencia
El extenso proceso de desarrollo e investigación requirió un equipo de cuatro guionistas. Junto al cineasta participaron Nikita Afanasjev y Eva Kienholz, procedentes del periodismo y la literatura, y Anna SchinzEnlace externo, quien además tenía un vínculo personal con el proyecto: «Anna es mi esposa, así que la película vivió en nuestra casa», cuenta.
Dicho esto, Schinz no supo desde el principio que acabaría interpretando a Niki en la película. Según él, su esposa «necesitaba, de alguna manera, olvidar todo lo que había ocurrido [durante la escritura del guion] y sentirse completamente libre para encontrar el enfoque emocional» necesario para actuar.
La actriz suiza lo logra de manera brillante. Niki carga con el dolor, la tristeza y el peso de las circunstancias en cada una de sus reacciones impulsivas, manteniendo al espectador suspendido entre la empatía y el juicio. El jurado de Karlovy Vary, que concedió a Schinz el premio a la Mejor Actriz, afirmó que había ofrecido una «interpretación cautivadora y de una contención inquietante».
Mack explica que la ambivalencia estuvo en el núcleo de la película desde el principio. «Estábamos convencidos de que queríamos una protagonista ambivalente. Eso hace que el espectador se pregunte constantemente: ¿qué haría yo?, ¿y es siquiera posible emitir un juicio moral? Es más interesante hablar de un tema que satisfacer a la gente con respuestas fáciles. Se trata de una situación sumamente compleja y, por eso, no queríamos contar una historia en blanco y negro». Fiel a la realidad, en A Happy Family (‘Una familia feliz’) nunca llega una solución reconfortante ni milagrosa.
Entre géneros
Una vez que los niños quedan bajo el cuidado de una familia de acogida en una aldea remota, la película se transforma en un intenso drama criminal. Al tener prohibido cualquier contacto con ellos, Niki adopta una nueva identidad para mantenerse cerca de sus hijos. A medida que se obsesiona cada vez más con recuperar el control, la película evoluciona con ella: incorpora destellos de comedia negra y aumenta la tensión narrativa con cada giro inesperado.
Esa montaña rusa emocional tiene su origen en la manera en que el cineasta suizo entiende el género en sí. «Para mí, un drama tiene partes luminosas y oscuras, y el humor también forma parte de la vida. Incluso en una situación sumamente difícil, de inmediato aparece algo grotesco», dice. Los diálogos cargados de ironía y los incómodos encuentros sociales de la película funcionan sin menoscabar nunca la dignidad de Niki.
A Happy Family también destaca por su exquisita puesta visual: una inmersión urbana en los rincones menos favorecidos de Zúrich y en sus tensas oficinas de protección de menores, con la naturaleza alpina como telón de fondo. Además de Zúrich, la película se rodó en Raron -un pequeño pueblo del cantón de Valais- y cerca de Domodossola (Italia).
Lo que mantuvo el proyecto encaminado, afirma Mack, fue el clima de trabajo dentro del equipo. «Era importante hacer cine, tener total libertad creativa, pero también contar con la confianza y el interés de quienes formaban parte del proyecto. Todos los que participaron influyeron en esta película. Como director, tengo que liderar y mantener la cohesión, pero siempre quise permanecer abierto para encontrar algún tesoro en el camino».
La película se estrenará en los cines suizos en enero de 2027.
Artículo editado por Catherine Hickley; y adaptado al español por Norma Domínguez. Revisado por Carla Wolff.
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