La empresa suiza que quiere profesionalizar el negocio del bótox
Galderma, empresa suiza basada en Zug, forma a millares de especialistas en medicina en la administración de inyecciones debido al creciente riesgo de que procedimientos estéticos mal realizados generen complicaciones.
Keywan Taghetchian, formador de profesionales de la salud en la utilización de los tratamientos de Galderma, considera que «la belleza es muy subjetiva».
Galderma ha sido una de las principales firmas beneficiarias de la normalización de los «retoques» a la apariencia a través de bótox y rellenos.
Las ventas de productos inyectables de la firma, que incluyen una toxina botulínica equiparable al Botox de la empresa estadounidense AbbVie, así como «rellenos» en gel que aportan volumen bajo la piel, e inyecciones estimuladoras de producción de colágeno, aumentaron 11,5% en 2025, cuando sus ventas totalizaron 2.500 millones de dólares (2.020 millones de francos suizos).
Durante los últimos años, las clínicas que suministran estos tratamientos se han convertido en un negocio común en las principales calles y grandes plazas comerciales. Especialistas en medicina se han vuelto influyentes que promocionan en redes sociales los nuevos procedimientos, y publican videos en primer plano de personas a las que inyectan los labios y la frente. La farándula de Hollywood parece haber dejado de envejecer.
En una entrevista realizada en las inmaculadas instalaciones de la sede de Galderma, a orillas del lago de Zug, el director ejecutivo, Flemming Ørnskov, aseguró que «para las personas que desean conservar un aspecto determinado, o realzar algo en particular, este tren ya está en marcha».
Pero este incremento en la demanda también trae riesgos para Galderma. La empresa tiene poco control sobre las personas que administran los tratamientos, lo que puede colocarla en una situación compleja si algo sale mal. Los efectos secundarios indeseables que pueden provocar los inyectables estilo bótox van desde la hinchazón hasta una sonrisa deformada, o dificultades para respirar.
Para Naveen Cavale, integrante de la junta directiva de la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética (ISAPS), este sector ha sido el «Viejo Oeste». Uno en donde las empresas consolidadas han hecho tanto como han podido para evitar que sus productos caigan en las manos equivocadas, pero el alcance es limitado.
Por ello, Galderma se apresura a formar a un número cada vez mayor de profesionales de la medicina, de la enfermería y a dentistas que laboran en el campo de la estética, ya que administran sus productos a la gente.
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La firma suiza fue fundada en 1981 dentro del consorcio que era propietario de L’Oréal y Nestlé. Tras cinco años de haber pasado a manos de un grupo liderado por la firma de capital de riesgo EQT, Galderma empezó a cotizar en la bolsa de valores suiza en 2024.
Desde entonces, las acciones de la empresa se han más que duplicado, convirtiendo a Galderma en la segunda fabricante de productos inyectables más importante a nivel global, solo superada por la titánica empresa estadounidense AbbVie, cuya capitalización bursátil ronda los 41.000 millones de francos suizos.
Pese a ello, las acciones del grupo experimentaron una caída del 6% a principios de julio, luego de que la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) rechazara una solicitud de autorización que presentó Galderma para el Relfydess, un producto que rivaliza con el Botox de su competidora, pero tiene una mayor duración.
Además de los productos inyectables que comercializa, que representan aproximadamente la mitad de la facturación del grupo, Galderma vende medicamentos para atender afecciones cutáneas, como el eccema o el acné, que requieren prescripción médica, y ofrece marcas especializadas en el cuidado de la piel como Cetaphil. Analistas estiman que este año la empresa suiza tendrá ganancias del orden de los 1.100 millones de dólares antes de impuestos, e ingresos por 6.300 millones de dólares, lo que supondría un incremento en las ventas del 21% con respecto al año pasado.
L’Oréal decidió volver a invertir en la empresa adquiriendo el 20% de las acciones. Nicolas Hieronimus, director ejecutivo de la empresa de belleza, afirma que las mujeres que se someten a tratamientos como los que ofrece Galderma suelen gastar el doble en cremas y productos de belleza.
El auge de la longevidad
Las dos empresas sacan partido del floreciente negocio de la longevidad, que propulsan fundamentalmente mujeres adineradas de entre 40 y 65 años.
Ørnskov se graduó como médico en su natal Dinamarca antes de dar un salto hacia la industria farmacéutica. Actualmente, también presenta una serie de videos llamada «Beauty X Medicine», que «revela la ciencia que se esconde detrás de una piel sana y hermosa». Un espacio al que invita a figuras como la doctora Jean Carruthers, la primera especialista en descubrir que el producto Botox podía usarse para tratar las arrugas del entrecejo. La frase que ha hecho clásica es: «No he fruncido el ceño desde 1987».
El director general de Galderma asegura que su principal población consumidora quiere «envejecer de forma natural» y deja claro que quiere distanciar a su empresa de provocar el aspecto conocido como «cara de almohada», que desarrollan quienes han decidido recibir demasiados rellenos.
Tras un periodo de «agotamiento de los rellenos», Galderma y AbbVie observaron una ralentización de sus ventas hace unos años. Ørnskov asegura que la empresa enfrentó esta desaceleración impulsando Sculptra, una inyección que ayuda a la estimulación del colágeno propio.
Este producto se usó inicialmente para tratar a personas con VIH/sida porque perdían grasa en las mejillas y las sientes. Pero ahora es todo un éxito entre la población que utiliza fármacos de GLP-1, como Ozempic y Wegovy, porque experimentan síntomas semejantes cuando inician un rápido proceso de pérdida de peso.
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La afirmación de Ørnskov de que los productos de Galderma aseguran a las personas que los usan un «aspecto natural» depende también de su correcta administración por equipos cualificados.
Pero la multiplicación de clínicas y spas médicos que ofrecen tratamientos inyectables ha traído al sector a un gran número de profesionales que carecen de la formación necesaria, lo que multiplica los riesgos de los procedimientos mal realizados.
Creciendo en Reino Unido y Estados Unidos
Un estudio publicado por la University College London a principios de este año refirió que un total de 19.701 profesionales administraban bótox en el Reino Unido en 2025, un dato que supone un crecimiento del 437% en dos años. Del total, solo 28% poseía una cédula médica, y se había duplicado el número de esteticistas que inyectaban bótox sin licencia para ello, representando 24% del personal que realiza esta tarea.
En algunas regiones de Estados Unidos se observa una tendencia parecida. Un estudio elaborado por la Universidad de Florida Central y la Fundación Americana de Medicina Estética reveló que había 1.038 spas médicos en Florida, el doble que hace solo cuatro años. Se constató también que más de tres cuartas partes de estas instituciones estaban dirigidas por profesionales que no tenían una formación en medicina estética.
Las reglas que determinan qué personas están autorizadas para inyectar los productos de Galderma varían en cada país. Reino Unido no exige una formación específica para la inyección de rellenos, pero deben ser profesionales del sector salud. En Estados Unidos, las normas cambian de un estado a otra. Galderma asegura que, siempre que es posible, vende sus productos exclusivamente a profesionales con la cualificación requerida para este tipo de inyecciones.
La empresa ha confirmado su voluntad de formar al mayor número posible de personas del sector salud que adquieren sus productos. En 2025, Galderma impartió entrenamiento a más de 100.000 especialistas.
Stefan Schneider, analista de Vontobel, asegura que el «objetivo es reducir al máximo el riesgo de que haya resultados adversos que puedan asociarse a la marca a través de las redes sociales».
«Los programas (de formación) son costosos y demandan mucho tiempo, pero son fundamentales», agregó.
En Francia, las autoridades realizaron una redada en Galderma en abril, sospechaban que dos de sus marcas, parecidas a Botox, se comercializaban ilegalmente entre profesionales de la medicina general. La normativa francesa establece que los productos de tipo bótox deben ser administrados por especialistas en medicina dermatológica o estética.
Ørnskov destacó que era difícil controlar el destino final de sus productos en Francia, ya que deben venderse a través de las farmacias. «Francia es un caso particular, pero haremos todo lo posible. Ya hemos dejado de realizar envíos a algunas farmacias».
El «bótox joven» preventivo
Las autoridades reguladoras también se preocupan por una tendencia creciente: el uso del «bótox joven». Una población juvenil se somete a inyecciones preventivas, con la esperanza de evitar la formación de arrugas.
De acuerdo con el analista de Barclays, James Gordon, información de primera mano obtenida en el sector salud permitiría concluir que está aumentando el uso de bótox entre mujeres de veintitantos años, lo que impulsa el mercado de los inyectables.
«Si hay personas que comienzan a una edad mucho más temprana, es posible que sigan recibiendo (las inyecciones) durante toda su vida», agregó.
Un informe de la Comisión de la Mujer y la Igualdad del Gobierno del Reino Unido reveló que el aumento en la demanda de procedimientos cosméticos ha crecido especialmente entre la población de mujeres jóvenes debido a las redes sociales, espacio en donde los equipos médicos que suministran las inyecciones anuncian sus servicios.
Ørnskov desestima las inquietudes que hay sobre la influencia de Galderma en esta nueva tendencia, y argumenta que la magnitud de su negocio es «una gota en el océano» en comparación con la industria cosmética mundial, y con respecto a sectores como la nutrición y el bienestar.
«Somos una parte minúscula de una colosal, de una monumental ola de una sociedad que quiere vivir más tiempo y con un mejor aspecto», afirmó.
«Y, por supuesto, lo que miran cada día es su rostro».
Copyright The Financial Times Limited 2026
Artículo adaptado al español por Andrea Ornelas. Revisado por Carla Wolff.
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