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La confianza más alta: ¿por qué no siguen más países el ejemplo de Suiza?

El consejero federal Guy Parmelin
El presidente de la Confederación Suiza, Guy Parmelin, se hace una foto con unos niños durante el viaje del Consejo Federal en junio de 2026. Keystone / Anthony Anex

La confianza de las sociedades en las instituciones públicas se está consolidando en el contexto internacional. Así lo demuestra una encuesta realizada en 38 países. No obstante, en muchas naciones la ciudadanía sigue teniendo la sensación de que el gobierno no escucha a la gente. Una excepción es Suiza, donde la confianza en las soluciones políticas es alta. Un análisis de Benjamin von Wyl.

A pesar de haber alcanzado puntuaciones máximas en relación con la confianza en las instituciones, Suiza apenas se tematizó durante la presentación en línea del estudioEnlace externo realzado en 38 países. Tampoco hizo acto de presencia ningún representante del Gobierno suizo.

El que sí habló fue el presidente del Gobierno español Pedro Sánchez, quien recalcó el incremento del porcentaje de personas en España que tienen una confianza alta o moderada en el gobierno. El porcentaje supera el 40%. Y en México, la confianza en el gobierno subió incluso al 53%, mucho más que en el promedio internacional. Por eso, también pronunció un discurso Raquel Buenrostro Sánchez, la secretaria mexicana de Anticorrupción y Buen Gobierno.

Visiblemente contento sobre el 51% de confianza en su gobierno se mostró también Patrick Gorman, representante del Gobierno de Australia, quien interpretó el resultado como una ratificación de la prohibición de las redes sociales a menores introducida por su gobierno. Dijo que los progenitores australianos habían exigido esa prohibición y que el Gobierno los ha escuchado para enfrentarse a las grandes empresas tecnológicas.

Dos de cada tres personas suizas se sienten escuchadas

Pero como demuestra el estudio de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) en la página 133, incluso en Australia son menos de la mitad de los ciudadanos quienes tienen la sensación de que el sistema político ofrece «a personas como ellas» la posibilidad de participar en las decisiones que toma su gobierno.

En el conjunto de los países analizados, el porcentaje de personas que tienen esa impresión sólo alcanza un tercio. El resultado demuestra «las expectativas crecientes e incumplidas de la ciudadanía por obtener un derecho de coparticipación que va más allá de las elecciones», señala el estudio.

Suiza es la única excepción. Aquí, el 65% de las personas encuestadas tienen la sensación de que el sistema les otorga derechos de participación política.

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En comparación internacional, el país helvético también ocupa en solitario la posición más alta de la clasificación en cuanto a confianza en las instituciones públicas: la confianza en el Gobierno suizo permaneció estable en el 62% de la población, con una confianza alta o moderada.

Más confianza en la policía, los medios y los partidos

Este dato apenas sorprende: la confianza de la sociedad es tradicionalmente alta en Suiza. Así lo demuestra, por ejemplo, el estudioEnlace externo anual “Seguridad” de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (EPFZ). Por otro lado es preciso resaltar que los suizos casi nunca fueron tan positivos y confiados, como demuestra la comparación con el último estudio de la OCDE. No importa si se refieren a la policía, a la justicia, a los medios de comunicación o a los gobiernos cantonales: en 2025, las personas en Suiza mostraron más confianza que en 2023.

Así ha evolucionado la confianza a nivel internacional

El estudio de la OCDE concluye con un análisis positivo: califica de «robusto» el nivel promedio de confianza. Se ha conseguido frenar el decrecimiento de la confianza de los años precedentes o incluso reverter la tendencia hacia el lado positivo.

En los países de la OCDE, por término medio confiaban cuatro de diez personas en sus gobiernos en 2025. No obstante, el porcentaje de personas con poca o ninguna confianza era con el 43% más alto.

Más bien positivos fueron los resultados en Islandia (59%), Noruega (57%) y Luxemburgo (55%). Niveles de confianza más bien bajos registraron Bulgaria (16%), Perú (20%) y Francia (22%).

A la luz de este incremento de la confianza en los partidos políticos, resulta difícil comprender los debates encarnizados y las acusaciones mutuas que se presencian durante las campañas electorales suizas. Pues, casi la mitad de las personas en Suiza confían en los partidos.

El porcentaje del 49% es un valor excepcional en comparación internacional: en países vecinos como Francia (15%), Italia (22%) y Alemania (25%) es sólo una minoría pequeña la que confía en las formaciones políticas.

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Confianza en la reducción del CO2 y en las leyes reguladoras de la IA

Ahora bien, la confianza ciega de la población suiza no se limita a las instituciones.

También en relación con los grandes desafíos de nuestros tiempos prevalece una actitud optimista: más de la mitad de las personas creen que Suiza es capaz de reducir las emisiones de CO2. Sólo en Brasil y Finlandia comparte la mayoría de la población ese optimismo, mientras este porcentaje se sitúa en tan sólo el 38% en el promedio internacional. En Suiza, la mayoría de la población también cree que se conseguirá equilibrar los intereses de las generaciones actuales y futuras, modificar leyes impopulares y regular «de forma conveniente» las nuevas tecnologías como la inteligencia artificial.

Según el estudio de la OCDE, más del 50% de la ciudadanía suiza cree que los políticos reaccionan «de manera notable» a una toma de contacto. En ningún otro país lo cree más de la mitad de la población.

La base de la confianza

¿La población suiza es simplemente ingenua o tiene motivos para confiar? Tener confianza significa ceder control. Esta cesión de control no es tan absoluta en Suiza como en otros países: si la ciudadanía suiza está descontenta, no tiene que esperar años hasta la próxima cita electoral para expresar su descontento.

Es evidente que este optimismo democrático suizo también está relacionado con la democracia directa. Por ejemplo, la ciudadanía puede estar casi segura de que leyes impopulares no van a lograr una mayoría en las votaciones populares. Además, la ciudadanía suiza sabe que es muy probable que una persona que comparte los mismos valores intervenga en el Ejecutivo, dado que los partidos políticos más grandes tienen representación en el gobierno de concordancia helvético.

La sensación de ser escuchadas y escuchados va más allá del ámbito político: alrededor del 60 % de la población en Suiza cree que la administración mejora sus servicios tras recibir una queja. Y, si no queda otra opción, la gente se implica o entra directamente en política: Suiza es uno de los pocos países donde la mayoría considera que podría participar activamente en la vida política por sí misma.

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Democracia suiza

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Las brechas en la sociedad suiza

Lo cierto es que en Suiza una mayoría se siente escuchada, pero no todos. En relación con una cuestión, los datos son atípicamente negativos en Suiza: mientras cuatro de cinco personas bien formadas —con estudios académicos en universidades, universidades de ciencias aplicadas y escuelas técnicas superiores— confían en el gobierno, sólo lo hace el 45% de las personas con formación profesional o sin formación.

Esta brecha es un desafío para la sociedad suiza. Después de todo, precisamente un país que se basa en los cargos honoríficos y la participación y que se enorgullece de la calidad de su formación profesional no se puede permitir que personas sin estudios se sientan abandonadas. Además, la gente que en Suiza tiene «grandes preocupaciones financieras» tiene menos confianza que las personas sin problemas económicos; y el primer grupo también confía menos en mujeres que en hombres, aunque aquí las diferencias no son tan grandes como en relación con el nivel educativo.

Optimismo moderado en la OCDE

La confianza es esencial para las democracias. En los últimos años, muchas democracias experimentaron agitaciones populistas y el desmantelamiento de los fundamentos democráticos. En todo el mundo observan los politólogos cómo este desmantelamiento va acompañado de una crisis de confianza. Quienes no confían, son más propensos a aceptar restricciones en sus derechos políticos y participativos, posiblemente porque ven en esos derechos de todos modos una promesa vacía.

No obstante, la OCDE se mostró levemente optimista con ocasión de la presentación del estudio. Si bien en los países analizados sólo el 40% de las personas muestra una confianza alta o moderada en el gobierno, también es verdad que este valor se ha estabilizado después de un bajón.

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Se puede considerar baja la cifra, pero el estudio de la OCDE se ha limitado a examinar quienes tienen confianza y quienes no.

La ausencia de confianza no significa lo mismo que desconfianza. No todos los que expresaron tener «poca o ninguna confianza» son seguidores de los relatos de conspiración o personas indignadas. Es legítimo hacerse la pregunta si también puede considerarse un aspecto positivo el hecho de que la ciudadanía vea con ojos críticos al Gobierno, siempre y cuando se sienta parte del sistema democrático.

Más deplorable que los bajos valores de confianza es la circunstancia que fuera de Suiza no haya ningún país con una mayoría de la población que tiene la sensación que «personas como ellas» puedan participar en el sistema político.

Con ocasión de la presentación, Elsa Pilichowski de la OCDE recalcó que el estudio no sólo pretende informar, sino también servir como «instrumento importante para los gobiernos». Por eso es realmente cuestionable por qué no se ha prestado más atención al caso de Suiza, el país con los valores de confianza más altos.

¿Deberían emprender representantes de agencias gubernamentales extranjeras un viaje de estudios a Suiza? Es probable que sólo tendría sentido si están preparados para la concordancia y el federalismo en combinación con la democracia directa.

Es dudoso que exista esta predisposición. Tal vez sea precisamente esta la razón por la cual la alta confianza en Suiza no recibe más atención en el ámbito internacional.

¿Influyen las redes sociales en la democracia? Participe en el debate:

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Debate
moderado por Benjamin von Wyl

¿Le preocupan los efectos de las redes sociales sobre la democracia?

En vez de las esperanzas de antaño, hoy predominan más bien indicios preocupantes.

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Artículo editado por Reto Gysi von Wartburg y Giannis Mavris, adaptado al español por Antonio Suárez Varela y revisado por Patricia Islas

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