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Si Suiza es tan rica en agua, ¿por qué 151 municipios la están racionando?

Manguera de agua tirada sobre suelo seco.
Este verano, varios municipios suizos han prohibido llenar piscinas o regar jardines. Keystone / Ti-Press / Pablo Gianinazzi

Suiza tiene más agua de la que consume, pero este verano al menos 151 municipios han prohibido llenar piscinas o regar el jardín. Analizamos los motivos de estas restricciones.

El 22 de junio, la población de cinco localidades del cantón de Friburgo recibió un mismo mensaje: limiten su consumo de agua. Prohibido llenar o rellenar piscinas, regar el jardín y lavar vehículos o terrazas.

Resulta una situación desconcertante para un país conocido como el depósito de agua de Europa. Aunque este año ha llovido poco, a Suiza no le falta agua. Sin embargo, su reparto no es homogéneo, lo que lleva a algunas comunidades a temer por sus reservas mientras que en otras no hay de qué preocuparse.

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Más de 194 municipios, en su mayoría pueblos y ciudades pequeñas, han pedido a la población que ahorre agua. Además, según el recuento realizado por Swissinfo a fecha de 24 de julio, al menos 151 han dado un paso más y han fijado prohibiciones sancionables con multas de hasta 2.000 francos suizos (2.439 dólares) para determinados casos.

El alcance de estas medidas difiere notablemente. Existen ejemplos muy estrictos, como en una localidad del cantón de Tesino, donde el riego de los parterres depende del día y de si el número de la vivienda es par o impar. En otros lugares se permite regar la huerta a mano, pero usar la manguera se castiga con una multa de 1.000 francos suizos. Mientras tanto, multitud de municipios expuestos al mismo clima no han aplicado medida alguna y sólo han pedido a la ciudadanía que consuma de manera responsable.

Sin base de datos nacional

Nadie lleva la cuenta a nivel nacional. Los 26 cantones suizos se encargan de la distribución del agua en el país, pero las administraciones locales pueden aprobar sus propias normas. Sólo algunos cantones hacen un seguimiento de qué municipios han tomado medidas: Friburgo, por ejemplo, exige a cada municipio informar de sus medidas y las publica en un mapa. Según los datos del propio cantón, el 40% ha emitido recomendaciones o restricciones este verano.

Según Julie Boillat, hidrogeóloga de la oficina de medio ambiente del cantón, «desconocemos los verdaderos motivos detrás de estos avisos a la población». Francia, por el contrario, cataloga sus restricciones nacionales por sequía en un registro nacional actualizado a tiempo real llamado VigiEau.

Con el fin de arrojar más luz sobre la situación, Swissinfo utilizó una herramienta digital con la que analizó las páginas web oficiales de los 2.110 municipios suizos y verificó los avisos mediante una revisión manual.

Vista en su conjunto, la distribución de las restricciones permite entender por qué algunas comunidades de un país con tanta agua están sufriendo escasez, así como las razones por las que las limitaciones varían tanto entre zonas separadas por apenas unos pocos kilómetros.

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Por qué se corta el agua en algunos lugares

Los avisos rara vez explican los motivos del racionamiento del agua, pero el análisis de las restricciones revela tres razones principales. En primer lugar, está la escasez real. El suministro procedente de manantiales locales se agota relativamente pronto durante una sequía, ya que el caudal puede disminuir bastante en cuestión de días y las aguas subterráneas tardan mucho más en reaccionar. En Rossinière, un pueblo de montaña del cantón de Vaud, las autoridades locales prohibieron el riego de jardines porque sus manantiales se estaban secando, advirtiendo a la población de que una tormenta pasajera no bastaría para recuperarlos.

La segunda razón es el coste. Pfungen, situada a 20 kilómetros de Zúrich, se abastece sobre todo de sus propios manantiales y compra agua potable adicional a la vecina Winterthur para cubrir sus picos de consumo y compensar la caída de caudal de sus reservas.

Esta compra se rige por un contrato que fija el precio para un volumen de agua determinado a lo largo de varios días. Si Pfungen supera esa cantidad, el precio se multiplica por cinco. Puesto que las tarifas al consumo están fijadas de antemano, el municipio no puede repercutir directamente el sobrecoste a la ciudadanía, aunque en virtud del principio de recuperación de costes suizo, todos los gastos acaban trasladándose con el tiempo a la tarifa general del agua.

De este modo, antes de alcanzar el límite contractual, Pfungen pidió a la población que dejase de regar el césped, evitar el lavado de vehículos y reducir la duración de las duchas. El objetivo, según explicó el ayuntamiento a Swissinfo, era «proteger las reservas naturales de agua, asegurar la estabilidad de la red de suministro en todo momento y no sobrepasar el tope de compra fijado». La medida surtió efecto: la demanda cayó, en parte gracias a los desplazamientos por las vacaciones, y nunca se superó el límite fijado.

Según la Asociación Suiza de la Industria del Gas y del Agua (SVGW, por sus siglas en alemán) alrededor del 90% de las distribuidoras de agua en Suiza pueden comprar agua de un municipio vecino si es necesario, todo ello gracias a contratos y una red de conexiones desarrollada durante décadas. Es un sistema resiliente, pero implica que dos pueblos con el mismo clima y el mismo acuífero pueden llegar a responder de formas muy distintas en función de los acuerdos que hayan firmado y de las tuberías que hayan construido.

El tercer motivo es la infraestructura del suministro. En una tarde calurosa, cuando todo el mundo está en casa duchándose y regando el jardín al mismo tiempo, una red diseñada para una demanda normal puede no dar abasto. Según Christos Bräunle, portavoz de la SVGW, la infraestructura «no está diseñada para atender picos de consumo tan altos como los que se registran en periodos de calor».

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Una sola sequía, pero un centenar de normativas

Como las medidas se aprueban a nivel local, las restricciones dependen más de la localidad concreta en la que se resida que de la cantidad de agua disponible. Y las normas pueden ser de lo más minuciosas.

En Coldrerio, en el cantón de Tesino, las viviendas con número par tienen permitido regar los parterres los lunes, miércoles y viernes, mientras que los hogares impares disponen del resto de los días.

Los cantones imponen sus propias normativas, pero estas conviven con las municipales en vez de sustituirlas: restringen la extracción de agua de los ríos y lagos para proteger a los peces, no el consumo del grifo.

El cantón de Appenzell Rodas Interiores, al comprobar que la trucha común moría por el bajo caudal del río Sitter, el más grande de su territorio, prohibió sacar agua de los arroyos. Tampoco faltan las contradicciones entre cantones y sus municipios: el 16 de julio, San Galo declaró que el agua potable estaba «garantizada en todas partes», al mismo tiempo que varios servicios municipales pedían a la población restringir el consumo.

Por su parte, las autoridades federales supervisan y aconsejan sobre las restricciones, pero sólo pueden emitir órdenes si hay una «escasez grave» de agua, es decir, cuando los cantones no pueden asegurar cuatro litros de agua potable por persona y día.

Un verano que no será el último

Durante la sequía de 2018, el ejército suizo movilizó numerosos helicópteros para transportar agua de los lagos a los pastos alpinos cuyos manantiales se habían secado. En 2022, el año más caluroso jamás registrado en el país, camiones cisterna abastecieron a municipios de Tesino y Neuchâtel, mientras un total de 19 cantones pedían a la población que ahorrase agua. En agosto, los helicópteros militares se desplegaron de nuevo para llevar agua del lago de Montsalvens, en el cantón de Friburgo, al ganado de las secas laderas alpinas.

Lo que permitió al país salir adelante en aquellos veranos fue la red de suministro, es decir, los mismos trasvases entre empresas suministradoras que ahora están al límite. Cada año de sequía consolida este modelo. Un pueblo que vivió un siglo de sus propios manantiales firma un contrato de abastecimiento con el pueblo vecino y, de esta forma, el sistema de compra y racionamiento que empezó como una solución de emergencia pasa a convertirse en una infraestructura definitiva.

¿Qué ocurrirá después?

Los municipios disponen de una herramienta para limitar el consumo de agua que casi nunca utilizan: el precio. Las empresas suministradoras tienen permitido subir el precio del agua durante los periodos de escasez, siempre y cuando esté previsto de antemano en su normativa de tarifas. Mientras que varias ciudades francesas como Toulouse aplican ya esta medida, en Suiza ninguna compañía ha dado ese paso, según la SVGW.

El agua en Suiza es tan barata (2,30 francos suizos por cada 1.000 litros) que el precio tendría que multiplicarse enormemente para que alguien llegara a modificar de verdad sus hábitos, de modo que los municipios prefieren recurrir primero a los llamamientos al ahorro y, en última instancia, a las prohibiciones.

El Parlamento ha exigido una estrategia nacional sobre el agua que debería estar lista para finales de 2027. Sin embargo, parece que su alcance será limitado. La Oficina Federal de Medio Ambiente (BAFU, por sus siglas en alemán) declaró a Swissinfo que el número de empresas suministradoras «no desempeña un papel decisivo» y que las competencias de los cantones y municipios «se mantienen sin cambios». Así pues, el mosaico de razones y normativas expuestas anteriormente no está en revisión: según la Constitución, la gestión del agua sigue siendo competencia cantonal.

Por lo tanto, las normas seguirán redactándose pueblo a pueblo. El depósito de agua de Europa no se está secando. Sin embargo, verano tras verano, el país descubre que tener agua suficiente y ser capaz de distribuirla por todas partes, en la noche más calurosa del año, son dos cosas muy distintas.

Entre abril y junio de 2026, Suiza registró precipitaciones equivalentes a tan solo el 56% de la media del periodo 1991-2020, un nivel comparable al de 1976, el año más seco desde que comenzaron los registros en 1901. Según MeteoSwiss, es muy probable que esos veranos sean cada vez más frecuentes: entre 1991 y 2020, se producía, de media, una sequía cada diez años. Ahora se produce prácticamente cada siete y, en un escenario con un aumento de tres grados en la temperatura global, podría darse cada tres años. 

Fuente: MeteoSwiss

Artículo editado por Gabe Bullard/Virginie Mangin; y adaptado al español por Cristina Esteban. Revisado por Carla Wolff.

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