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Qué debe aprender Suiza de las cada vez más tempranas e intensas olas de calor

Sonia Seneviratne

La temporada de calor intenso se está alargando en Suiza. Para Sonia Seneviratne, climatóloga del Instituto Tecnológico Federal de Zúrich, el calor excepcional del mes de junio ha puesto de manifiesto las dificultades para hacer frente a estos nuevos fenómenos climáticos extremos.

La ola de calor que afectó a Suiza a finales de junio ha sido de una magnitud histórica, tal y como indicó MétéoSuisse. Aunque, si se tienen en cuenta las proyecciones de los modelos climáticos, la intensidad de este calor no ha sido realmente sorprendente.

A medida que el calentamiento global avanza, los modelos climáticos muestran que los días de calor aumentan sobremanera, tal y como también resumió el último informe del Grupo Intergubernamental de Especialistas sobre el Cambio Climático (GIEC, por sus siglas en francés). Unas proyecciones que también se confirman para Suiza en el reciente informe sobre escenarios climáticos.

Tanto para la gente como para la clase política, la principal lección es que las condiciones climáticas que vivimos en la actualidad —que ya se acercan al umbral de calentamiento de 1,5 °C fijado por el Acuerdo de París de 2015—suponen riesgos importantes para la población.

Sobrellevar el calor extremo en junio es mucho más difícil que hacerlo en julio o agosto, porque durante ese periodo la gente sigue estando muy activa. Eso es lo que ocurrió, por ejemplo, en los colegios.

En Suiza el calor extremo es más frecuente desde 2018

El calor de junio se inscribe en la evolución observada de las temperaturas en Suiza; donde las olas de calor antes de 2003 eran muy raras. Desde 2018, sin embargo, se han convertido en un fenómeno recurrente en verano.

Lo excepcional de este calor extremo radica en que ya se produjo durante el mes de junio. Y las previsiones climáticas, no obstante, apuntan claramente que estos fenómenos están destinados a ser más frecuentes, más tempranos y más intensos.

No es de extrañar que la temporada de calor extremo se prolongue progresivamente con el calentamiento global. Los episodios de calor extremo ahora se producen desde junio hasta septiembre, periodos que antes no solían ser propicios para estas condiciones.

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esquiadores que utilizan un telesquí en una franja de nieve sobre prados verdes.

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Relación clara entre las emisiones antropogénicas y la ola de calor

Las observaciones y los modelos climáticos disponibles demuestran a las claras la relación que hay entre las olas de calor y las emisiones de gases de efecto invernadero de origen humano. Un estudio de la red World Weather Attribution [Atribución del clima mundial] también ha demostrado que las emisiones de gases de efecto invernadero han aumentado considerablemente tanto la probabilidad como la intensidad de la reciente ola de calor en Europa.

Estas emisiones proceden principalmente de quemar combustibles fósiles, como el petróleo, el gas y el carbón. Según el estudio, la probabilidad de que una ola de calor de esta intensidad se produzca en junio hoy es casi 300 veces mayorEnlace externo que en 2003.

Falta de preparación ante las olas de calor

El calor extremo de junio provocó en Suiza la muerte de unas 200 personas. También se registraron numerosas muertes en el resto de Europa. Las personas afectadas suelen ser personas mayores que viven solas y que fallecen en sus hogares. Habría que encontrar el modo de ayudar a estas personas en sus propios hogares.

Durante el calor, las personas mayores no son las únicas vulnerables. La infancia, las mujeres embarazadas y otros grupos de riesgo también pueden sufrir importantes consecuencias en su salud. Las olas de calor tienen, además, un impacto significativo en la productividad; especialmente, entre quienes trabajan al aire libre.

Es importante señalar que en las dos últimas décadas se han logrado avances. El calor extremo de 2003 provocó un número mucho mayor de muertes, y la preparación ahora es mejor.  

Este calor extremo, sin embargo, ha puesto de manifiesto importantes carencias en nuestra preparación; en los centros educativos, sobre todo. En numerosas escuelas se han registrado temperaturas difícilmente soportables, lo que ha obligado al alumnado a asistir a clase, e incluso a realizar exámenes, en condiciones de calor extremo.

Hay que reconsiderar los horarios escolares y los edificios de las ciudades

Quizá habría que replantearse el calendario escolar. En Zúrich, las vacaciones de verano no empiezan hasta mediados de julio, mientras que en otros muchos cantones comienzan, como muy pronto, a principios de julio.

Es muy tarde, teniendo en cuenta el mayor riesgo de calor extremo a finales de junio y principios de julio. Podría plantearse un horario más ligero en verano y, tal vez, adelantar al mes de mayo los exámenes de fin de curso.

La adaptación también pasa por el diseño de las ciudades. La vegetación en los espacios urbanos permite limitar el efecto de isla de calor, que a menudo provoca temperaturas más elevadas en la ciudad que en las zonas rurales cercanas. Por último, también habría que replantearse el diseño de los edificios para hacer frente al calor extremo más frecuente e intenso en el futuro.

Superar la dependencia de las energías fósiles

Estas medidas de adaptación son imprescindibles, pero no suficientes. Si no abordamos la causa del problema, pronto se alcanzarán los límites de la adaptación.

Para estabilizar el calentamiento global, es fundamental reducir rápidamente las emisiones de gases de efecto invernadero, tanto en Suiza como en el resto del mundo. Para ello, de aquí a 2030 habría que reducir nuestras emisiones a la mitad aproximadamente, y reducirlas a cero en 2050, a más tardar. Eso requiere que dejemos de depender de los combustibles fósiles, ya sea el petróleo, el gas o el carbón.

En Suiza, las emisiones se podrían reducir en gran medida sustituyendo los coches de gasolina por coches eléctricos. También habría que sustituir los sistemas de calefacción de gas o gasóleo por bombas de calor o energía geotérmica.

Y, para suministrar la electricidad adicional necesaria sin emisiones de CO₂ y con un impacto medioambiental limitado, es fundamental invertir en energías renovables, ya sea solar, eólica o hidroeléctrica.

En conclusión, la reciente ola de calor de junio de 2026 encajaba perfectamente en las tendencias climáticas registradas y en los cambios previstos, teniendo en cuenta que, en los últimos años, las emisiones de gases de efecto invernadero han seguido aumentando a escala mundial. Suiza ha reducido ligeramente sus emisiones, pero no lo suficiente como para situarse en una trayectoria compatible con la estabilización del calentamiento global en 1,5 °C.

Como país rico y muy afectado por el calentamiento global, sería deseable que Suiza acelerara su transición energética, lo que también reduciría su dependencia de los precios del petróleo y del gas.

Las opiniones expresadas por la autora no reflejan necesariamente las opiniones de Swissinfo.

Artículo adaptado al español por Lupe Calvo. Revisado por Carla Wolff.

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