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Bélgica condena a un exfuncionario ruandés por «crimen de genocidio» en 1994

Esta foto tomada el 4 de noviembre de 2019 muestra al ruandés Fabien Neretsé frente al Palacio de Justicia en Bruselas afp_tickers

La justicia belga declaró este jueves culpable de «crimen de genocidio» a un ex alto funcionario ruandés por haber participado en el genocidio en su país en 1994, la primera sentencia de este tipo en Bélgica.

Fabien Neretsé, un hutu de 71 años que se declaraba inocente, también fue condenado a nueve «crímenes de guerra» cometidos en Kigali en abril de 1994 y otros dos perpetrados semanas más tarde en zonas rurales lejos de la capital.

Neretsé permaneció impasible durante la lectura del veredicto en el Palacio de Justicia de Bruselas. El condenado conocerá su pena previsiblemente el viernes tras una última discusión entre la fiscalía y la defensa.

En este proceso, iniciado a principios de noviembre, los «crímenes de guerra» que se le imputaban era el asesinato de trece civiles identificados: 11 en Kigali y dos en las zonas rurales.

Tras 48 horas de deliberación, el tribunal y el jurado absolvieron al acusado de dos de los 11 asesinatos en Kigali.

La acusación de «crimen de genocidio» se apoya por su parte en el hecho de haber atacado a un número indeterminado de personas en nombre del deseo de «destruir» la etnia tutsi.

El jurado sigue en este punto la tesis de la acusación. El fiscal federal belga estimó que el crimen quedó establecido en la participación de Neretsé en reuniones públicas llamando a atacar a los tutsis y por haber facilitado armas a milicias extremistas hutus.

– Una demandante determinada –

La acusación de «crimen de genocidio» no acabó de cuajar en los cuatro primeros procesos en Bélgica vinculados al genocidio en su antigua colonia y celebrados en 2001, 2005, 2007 y 2009.

En estos procesos, ocho personas en total fueron condenadas por «crímenes de guerra» a penas de entre 10 y 30 años de prisión.

Neretsé, un ingeniero agrónomo que fundó una escuela en Mataba (norte de Ruanda), también dirigió entre 1989 y 1992 la oficina nacional de promoción de la caficultura, un puesto clave sobre uno de los recursos más exportados del país.

La acusación lo consideraba un «señor local» en la región, cuya influencia se debe a su actividad en el seno del MRND, el antiguo partido único fundado por el presidente Juvénal Habyarimana.

En cambio, él aseguraba que era «un miembro no activo» del partido. «Nunca dejaré de repetirlo: ni planifiqué, ni participé en este genocidio», dijo antes de que el jurado empezara a deliberar.

La sentencia del tribunal señala «inverosimilitudes en las declaraciones del acusado».

Se describió a sí mismo en el juicio como un amigo de los tutsis, diciendo que quería proteger a algunos de ellos. También mintió restando importancia a su papel en el antiguo partido único MRND, estimó la corte.

Detenido en 2011 en Francia, donde había retomado su vida profesional y se beneficiaba del estatus de refugiado, el acusado solo pasó algunos meses en detención preventiva en el marco de este caso.

Su comparecencia ante el tribunal se debe en gran parte a la determinación de la belga Martine Beckers, cuya hermana, cuñado tutsi y sobrina de 20 años fueron asesinados el 9 de abril de 1994 en Kigali junto a vecinos tutsis.

Neretsé era uno de sus vecinos en la capital de Ruanda. Según la acusación, encargó a hombres armados impedir que estos y otros residentes de la zona buscaran refugio cuando las masacres habían empezado en la capital ruandesa.

«Fue el acusado quien previno a los militares de que estas personas se disponían a salir del barrio», afirma el auto.

Los hechos se produjeron tres días después del asesinato del presidente hutu Habyarimana, visto como el desencadenante del genocidio que costó la vida, según la ONU, a al menos 800.000 personas, esencialmente tutsis.

En el verano de 1994, Martine Beckers llevó el caso ante la policía federal belga. Con la ayuda de testigos ruandeses y de activistas de derechos humanos, consiguió llegar hasta los presuntos responsables.

«Esta sentencia del tribunal penal es verdaderamente histórica», reaccionó Eric Gillet, abogado de Beckers.

«Reconocer que las personas han sido atacadas por lo que son, no por lo que hicieron o por lo que pensaban (…) es realmente esencial», declaró a los periodistas.

Jean-Pierre Jacques, abogado de Neretsé, se mostró «decepcionado» con un veredicto que no tuvo en cuenta las dudas y las zonas de penumbra planteadas por la defensa.

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