La neutralidad suiza, un arma de doble filo en la carrera por la IA
Suiza atrae cada vez a más empresas de inteligencia artificial, desde gigantes como Google y Anthropic hasta startups del sector. Sin embargo, su tradicional neutralidad militar podría complicarles el acceso a importantes contratos internacionales de defensa.
Suiza se está convirtiendo discretamente en uno de los principales polos mundiales de talento en inteligencia artificial (IA).
Mientras la creciente carrera armamentística en torno a la IA entre Estados Unidos y China acapara titulares, el país alpino ha seguido atrayendo especialistas: en proporción a su población, hoy cuenta con el doble de investigadores en IA que Estados Unidos o que otros centros de referencia, como el Reino Unido.
En menos de dos años, OpenAI, Anthropic, el proyecto Prometheus de Jeff Bezos y un número creciente de empresas emergentes han abierto o ampliado sus centros de investigación en Suiza, lo que ha situado al país, con menos de diez millones de habitantes, entre los principales focos mundiales del sector.
«Me atrevería a decir que ahora tenemos una mayor concentración de grandes empresas tecnológicas que cualquier otro lugar del mundo», afirma Alexandre Meldem, de la fundación Deep Tech Nation Switzerland, una organización sin ánimo de lucro creada en 2024 por UBS y Swisscom para reforzar la competitividad de Suiza en inteligencia artificial.
Según el Stanford AI Index Report 2026Enlace externo, publicado en abril, Suiza contaba en 2025 con más de 110 investigadores e inventores especializados en IA por cada 100.000 habitantes, la cifra más alta del mundo.
Las razones de este éxito son diversas, pero una de ellas es especialmente suiza: la tradición de neutralidad del país. En un contexto de creciente rivalidad entre Estados Unidos, China y la Unión Europea (UE) por el control estratégico de la inteligencia artificial, la política suiza de mantenerse al margen de los bloques le permite colaborar con todas las partes.
«La neutralidad política de Suiza no es solo una tradición diplomática», explica Meldem a Swissinfo. «Para las empresas que trabajan con tecnologías de vanguardia, también puede representar una ventaja estratégica». A su juicio, esta circunstancia ha contribuido a atraer inversiones del extranjero.
Sin embargo, la neutralidad también puede convertirse en un arma de doble filo. La política de imparcialidad militar de Suiza, que incluye restricciones a la exportación de productos susceptibles de utilizarse en conflictos armados, hace temer que las empresas radicadas en el país encuentren obstáculos para vender en determinados mercados internacionales. La creciente difuminación de la frontera entre las tecnologías civiles y militares —como ha demostrado el uso de drones comerciales adaptados en las guerras de Ucrania e Irán— no hace sino reforzar estas inquietudes.
Un imán para los gigantes tecnológicos
Zúrich, que también es el principal centro financiero del país, constituye el corazón del sector tecnológico suizo.
La mayor ciudad del país atrae inversiones gracias a la concentración de centros de investigación de primer nivel, empresas punteras y mano de obra altamente cualificada. El Instituto Tecnológico Federal de Zúrich (ETH), especializado en ciencia y tecnología, es la universidad mejor situada de la Europa continental en los principales rankings internacionales.
La oficina de Google en Zúrich se ha convertido en su mayor centro de ingeniería fuera de Estados Unidos. En los dos últimos años, Apple, OpenAI, Anthropic y Microsoft también han reforzado sus inversiones en investigación en la ciudad, mientras que Meta ha ampliado igualmente su presencia, al parecer para promover sus actividades de IA e investigación. El proyecto Prometheus, respaldado por Jeff Bezos, ha sumado una oficina en Zúrich a las que ya tenía en San Francisco y Londres.
La ciudad también resulta especialmente atractiva para sectores estrechamente vinculados a la inteligencia artificial.
El Robotics and AI Institute, un grupo estadounidense de investigación fundado por Marc Raibert, creador de Boston Dynamics, abrió el año pasado un centro europeo de I+D junto con el ETH de Zúrich. Ese mismo año, la alemana Neura Robotics trasladó a Zúrich el desarrollo de su robot humanoide 4NE1, alegando el elevado nivel de innovaciónEnlace externo que ya existe en la ciudad.
Una regulación «flexible y pragmática»
Otro de los factores que explican este atractivo es el enfoque relativamente poco intervencionista de Suiza en materia regulatoria.
El país adopta una actitud «flexible y pragmática» frente a las nuevas tecnologías: prefiere observar primero su evolución antes que imponer restricciones desde el principio, explica Marc Pollefeys, profesor de informática del ETH y director del laboratorio Microsoft Mixed Reality and AI Lab.
A diferencia de la Unión Europea, Suiza no ha aprobado una legislación integral sobre inteligencia artificial. Según Pollefeys, las autoridades prefieren observar cómo aplican otros países sus normativas y aprender de esa experiencia antes de decidir si hacen falta nuevas reglas.
El Gobierno sigue evaluando si la legislación vigente en ámbitos como las finanzas o la sanidad basta para responder a los desafíos de las nuevas tecnologías. Esa estrategia deja mayor margen a las empresas para innovar y experimentar en un entorno en rápida evolución.
Suiza también está menos expuesta a las tensiones entre las grandes potencias económicas.
En junio, el Gobierno estadounidense bloqueó el acceso de ciudadanos extranjeros al modelo de IA más avanzado de Anthropic, lo que obligó a la empresa a retirarlo del mercado sin previo aviso. China, por su parte, exige que las compañías sometan sus modelos a aprobación oficial, mientras que Apple, Meta y la francesa Mistral AI han criticado la complejidad de la regulación europea.
«Las recientes controversias que rodean a los laboratorios estadounidenses de IA nunca ocurrirían en Suiza», sostiene Meldem. En su opinión, esa inestabilidad política y regulatoria tiene «un profundo impacto en la dirección de la I+D y en los costes de cumplimiento normativo de las empresas de inteligencia artificial».
El ejemplo más reciente llegó este mes, cuando China inauguró un modelo de IA de alto rendimiento que reavivó los intentos dentro del Gobierno estadounidense de prohibir los modelos extranjeros de código abierto, según informó el medio estadounidense Axios.
Estos acontecimientos contrastan con la neutralidad tecnológica de Suiza, su regulación pragmática y su estabilidad, factores que la convierten en «un lugar ideal para desarrollar tecnologías profundas como la inteligencia artificial, la robótica, la biotecnología y la ingeniería avanzada», afirma Meldem.
¿Neutralidad militar en un mundo de tecnologías de doble uso?
Pero la neutralidad suiza también tiene inconvenientes para las empresas.
La Ley Federal sobre el Material de Guerra, vigente desde mediados de la década de 1990, establece controles sobre la exportación de productos de doble uso, es decir, aquellos que pueden tener aplicaciones tanto civiles como militares. Por definición, la inteligencia artificial y el aprendizaje automático encajan en esta categoría.
«La frontera entre los ámbitos civil y militar es cada vez más difusa», escribió Leo Eigner, investigador sénior del Centro de Estudios de Seguridad del ETH, en un artículo publicado en la página web de la universidad. «Los debates académicos confirman el carácter de doble uso de prácticamente toda la investigación, especialmente en inteligencia artificial, biotecnología y otras tecnologías críticas».
La legislación suiza prohíbe exportar material militar a países inmersos en conflictos armados y también restringe la reexportación de equipos militares fabricados con más de un 50% de componentes de origen suizo.
Algunos países europeos ya han dejado de recurrir a empresas suizas de defensa por las dificultades para acceder a munición destinada a la guerra de Ucrania. Esta situación llevó al Parlamento, en Berna, a flexibilizar este año las normas de exportación para 25 países considerados aliados.
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Suiza flexibiliza la exportación de armas para proteger su industria
Aun así, sectores como la computación cuántica, la fabricación avanzada de semiconductores, la IA y la fabricación aditiva —como la impresión 3D— siguen sujetos a controles de exportaciónEnlace externo más estrictos para las tecnologías de doble uso, introducidos por la legislación de 2025.
Según Pollefeys, estas restricciones pueden afectar a las empresas que investigan y desarrollan tecnologías de defensa o de doble uso. Los obstáculos legales podrían limitar su acceso a importantes contratos con Estados Unidos, la UE o la OTAN, e incluso empujar a algunas compañías a abandonar el país.
Empresas que se marchan para acceder al mercado de defensa
A finales de 2024, Destinus, una empresa fundada en Suiza especializada en tecnología aeroespacial y aeronaves hipersónicas, trasladó su sede a los Países Bajos para poder optar a contratos multimillonarios relacionados con sus drones avanzados en la OTAN y la UE.
«Si la sociedad matriz siguiera teniendo su sede en Suiza, no podríamos beneficiarnos de esas oportunidades», declaró su fundador, Mihail Kokorić, al medio económico suizo BilanzEnlace externo, aunque precisó que el traslado no afectaría a las personas empleadas en Suiza. Destinus explicó a Swissinfo que la decisión respondió a varios factores, entre ellos la proximidad a sus clientes, socios industriales y cadenas de suministro, así como a los programas europeos de defensa.
Otra empresa que ha trasladado parte de sus operaciones es AuterionEnlace externo, una empresa surgida del ETH que desarrolló el estándar abierto de piloto automático PX4, utilizado por cientos de fabricantes de drones con aplicaciones en agricultura, topografía, logística y defensa.
La empresa de software trasladó su actividad a Múnich (Alemania) y Arlington (Virginia), cuya proximidad a Washington D. C. la situaba «en el epicentro de la innovación y de la política de defensa», según señaló entonces la compañía. En respuesta a las preguntas de Swissinfo, Auterion no quiso pronunciarse sobre el posible impacto de los controles suizos a la exportación, aunque aseguró que «sigue manteniendo sus operaciones civiles en Zúrich».
La Secretaría de Estado de Economía (SECO) indicó a este medio que no podía comentar «las decisiones de empresas concretas sobre la ubicación de sus sedes».
El talento sigue siendo el principal activo de Suiza
Pese a las dificultades relacionadas con la contratación pública en defensa, Suiza sigue siendo un destino muy atractivo para especialistas en IA y otros campos afines gracias a su gran comunidad científica y de ingeniería. Además, el país es un importador neto de talento y figura entre los cinco principales destinos mundiales para investigadores en IA.
Esa ventaja ha cobrado aún más importancia tras el endurecimiento de la política migratoria de la Administración estadounidense y las restricciones a los visados de trabajo para profesionales altamente cualificados. Según el Stanford AI Index Report, la llegada de talento especializado en IA a Estados Unidos se ha desplomado un 80% durante el último año.
«Suiza no solo cuenta con un sólido ecosistema local de talento, sino que, en parte gracias a su neutralidad política y cultural, también es capaz de atraer a especialistas de primer nivel de la UE, Estados Unidos y Oriente Medio», concluye Pollefeys. «Es algo que muchas otras regiones de Europa y del mundo todavía no han conseguido».
Pese a su éxito a la hora de atraer a gigantes tecnológicos y talento internacional, Suiza sigue enfrentándose a dos desafíos estructurales, según Meldem y Pollefeys: la energía y el acceso al capital de crecimiento.
A medida que más empresas tecnológicas instalan centros de I+D en el país y compañías como Microsoft, Google o Amazon amplían sus inversiones en la nube y en centros de datos, la demanda de capacidad de cálculo para entrenar modelos de IA y prestar servicios en la nube ejerce una presión creciente sobre el sistema energético. Los centros de datos ya consumen entre el 6% y el 8% de la electricidad del país, una proporción que podría alcanzar el 15% en 2030. Pollefeys sostiene que, si Suiza aspira a convertirse en el principal polo europeo de la inteligencia artificial, deberá garantizar el suministro energético necesario para los centros de datos y la computación de alto rendimiento.
El otro gran reto a largo plazo es el acceso al capital. Aunque Suiza destaca por su capacidad de investigación e innovación y crea numerosas empresas emergentes prometedoras, le cuesta convertirlas en líderes tecnológicos de alcance mundial. Como señala Meldem, sectores de tecnología profunda (deep tech) como la inteligencia artificial, la robótica o la computación cuántica requieren inversiones cuantiosas y sostenidas en el tiempo.
Sin embargo, Suiza carece de grandes fondos de crecimiento y del capital riesgo necesarios para transformar su excelencia científica en empresas tecnológicas capaces de competir a escala mundial. Mejorar el acceso a ese capital y crear mejores condiciones para comercializar las innovaciones tecnológicas será decisivo para mantener la competitividad del país.
Artículo editado por Tony Barrett; y adaptado al español por Carla Wolff.
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