Tener una tienda propia fue un sueño… hasta que llegaron los aranceles de Trump
Jacqueline Judd aprovechó la oportunidad que se le presentó de ser propietaria y gerente de una tienda de productos suizos en New Glarus, Wisconsin. Sin embargo, poco después de la inauguración, los aranceles impuestos por Trump afectaron negativamente su inventario de productos. Hoy, con paciencia y perseverancia, realiza pedidos de todos los productos que están disponibles, y aguarda por aquellos que no lo están.
Dirigir un negocio propio siempre fue un sueño de Jacqueline Judd. Cuando emigró, no tenía idea de que este sueño se haría realidad en el extranjero. En 2007, la entonces chef se encontró con una oferta de empleo en un restaurante de New Glarus, una comunidad de emigrantes de origen suizo basada en el estado estadounidense de Wisconsin. Su inglés era básico, pero le sobraba valor, así que partió hacia los Estados Unidos.
New Glarus fue fundada en 1845 por una comunidad helvética proveniente de Glarus. Con una población de 2.300 habitantes, esta comunidad mantiene orgullosamente sus raíces suizas desde entonces. El centro del pueblo está lleno de casas de estilo chalé y cada año celebran la Swiss Volksfest, un festejo que tiene lugar el 1 de agosto en el Wilhelm Tell Shooting Park. Pero pocas veces se escucha hablar suizo alemán, comenta Judd durante una charla telefónica. «Pese a ello, muchas personas son capaces de remontar varias generaciones atrás en su árbol genealógico hasta identificar a sus familiares en Suiza».
Judd trabajó por un tiempo en la cocina industrial que la contrató, pero las diferencias que había con respecto a la forma en la que se hacen las cosas en Suiza se hicieron patentes.
«Aquí no se cocinaba de la forma en la que yo había aprendido a hacerlo en Suiza», dice con tacto. Pero le gustaba New Glarus, lo que coincidió con el periodo en el que conoció a su futuro esposo. Por lo tanto, cuando su visa caducó, la joven pareja decidió ir a Suiza para casarse y vivir algunos años allá.
El sueño americano
En 2012, la pareja regresó a New Glarus. Judd encontró trabajo en una residencia canina en donde fue ascendiendo paulatinamente desde los puestos más básicos -limpiar los excrementos de las mascotas- hasta ser directora de la residencia. Rápidamente se dio cuenta que le gustaba más tratar con la clientela de dos piernas.
En 2016 tomó un nuevo empleo en una tienda de recuerdos que vendía vajillas de origen polaco. «Allí comencé como vendedora y, nuevamente, terminé dirigiendo la tienda», nos cuenta Judd. A partir de ahí, su deseo de dirigir su propio negocio se tornó algo más concreto. Por ello, decidió tomar la oportunidad que le ofreció Esther Zgraggen, también expatriada suiza, de adquirir su tienda de recuerdos suizos o Schwizerlädeli, como la llama Judd, en New Glarus.
Judd conocía a Zgraggen desde que había llegado a New Glarus, y la idea de hacerse cargo de este negocio había estado en la mente de ambas durante algún tiempo. Pero el momento adecuado no se presentó de inmediato. Judd tenía dos niños pequeños y llegó la pandemia de COVID, lo que llevó a la tienda a vender exclusivamente en línea.
Pese a ello, el plan de adquirir el negocio jamás fue abandonado. De forma simultánea a su trabajo en la venta al detalle, Judd hacía lo necesario para seguir aprendiendo al máximo sobre la administración de negocios. Realizó una formación y mantenía numerosas conversaciones con su jefa y mentora. También le fue de gran ayuda la buena preparación que había adquirido en Suiza y la ética de trabajo con la que laboraba.
«Lo reflexioné mucho antes de dar el paso», asegura. Dirigir una tienda sola suponía una gran responsabilidad y menos flexibilidad en la vida diaria. En abril del 2025, cuando asumió formalmente esta tarea, decidió que quería abrir nuevamente una tienda física.
Los aranceles, un freno para su negocio
Pocos meses después de que Judd decidiera saltar hacia el autoempleo, el presidente estadounidense Donald Trump llenó el camino de obstáculos con su imposición de aranceles. La emprendedora se dio cuenta de que el 2025 no sería un año ideal para la apertura de una tienda física especializada en importaciones.
Los elevados aranceles anunciados impidieron a Judd seguir abasteciéndose de mercancía con normalidad. «En septiembre y octubre, mis proveedores en Suiza prácticamente dejaron de enviar productos», dice, «eso fue muy difícil para mí»
Nuestra serie presenta la historia de hombres y mujeres de Suiza que han fundado y desarrollado negocios en el extranjero. Es un recorrido por sus historias personales que nos permite explorar por qué eligieron realizar sus proyectos más allá de las fronteras helvéticas, las condiciones laborales que enfrentaron, así como los retos y oportunidades que encontraron.
Las historias de vida que incluye esta serie también muestran cómo la comunidad suiza en el extranjero contribuye a la influencia económica, cultural y política de Suiza.
Se instaló pues un periodo de incertidumbre. Había ocasiones en las que podía realizar entregas limitadas. Otras, solamente a través de FedEx, lo que costaba el triple y alargaba de forma considerable los plazos de entrega. Para finales del 2025, su almacén estaba vacío. A Judd solo le quedaba lo que estaba en las estanterías de la tienda. Desde entonces, no ha podido reponer todas las existencias con holgura y todavía está a la espera de varios pedidos.
«Hay artículos que yo sé que se venden muy bien, pero que sencillamente no estoy logrando resurtir», dice. Por ejemplo, una taza que goza de una gran popularidad. Por ello, Judd revisa constantemente cuándo está disponible y en cuanto esto sucede, hace un pedido de inmediato. A finales de año, solo le quedaban cinco imanes. Así que, cuando volvieron a estar disponibles, hizo un pedido enorme.
En poco tiempo, su vida como empresaria se ha complicado mucho más de lo que había imaginado inicialmente. «Pero todavía no me rindo», asegura. Tampoco desea dirigir la tienda como un mero pasatiempo, este mismo año quiere pagarse ya un sueldo.
No puede faltar el dirndl
El surtido que ofrece Jackie’s Imports es amplio. Hay muchos recuerdos que son clásicos y que pueden encontrarse en otros comercios turísticos suizos, como las vaquitas de madera, las campanas, los cinturones de Appenzell o la vajilla marca Langenthal.
Pero Judd también ofrece ropa, incluidas camisetas con flores edelweiss o los dirndls, el traje tradicional de las regiones alpinas germanoparlantes. Pero no son suizos, ¿cierto?
«Aquí es necesario vender dirndls», dice entre risas.
Esto se debe a que la comunidad del pueblo suizo-estadounidense de New Glarus tiene la costumbre de utilizar dirndls o lederhosen -para los hombres- cuando acude a fiestas tradicionales como el Festival de la Polka. Las tradiciones alpinas se fusionan perfectamente en New Glarus.
Los dirndls se venden muy bien, aunque a algunas personas en esta zona les gustaría que hubiera algo más suizo. Pero los trajes helvéticos tradicionales auténticos son muy costosos y la tienda de Judd carece del espacio suficiente para almacenarlos.
Aunque heredó una gran parte del inventario de productos que ofrecía su predecesora, también ha complementado su oferta con recuerdos de la zona. Por ejemplo, los jabones manufacturados por Swiss FrauEnlace externo, una campesina de raíces suizas que confecciona jabones a base de leche de cabras suizas. Y es posible encontrar en la tienda los caquelones para fondue y las parrillas para hacer raclette.
Judd ha encontrado también una empresa especializada en las hierbas aromáticas que elabora una mezcla de especias para la raclette y también ofrece té para acompañar la fondue. La gente debe adquirir los quesos en otro sitio, pero esto no supone un problema en Wisconsin, estado que produce más quesos que cualquiera otro en Estados Unidos.
Una clientela con raíces suizas
Además de la gente que habitualmente consume en su tienda, la clientela de Judd está integrada también por turistas estadounidenses -con o sin raíces suizas- que visitan New Glarus. «El número de personas suizas que visitan la zona se ha reducido durante los últimos años», destaca. Pero desde su tienda virtual envía productos a personas de todo Estados Unidos, que en su mayoría tienen origen suizo.
En verano, la tienda abre de martes a domingo. Judd dedica su día libre a ponerse al día con las tareas administrativas pendientes. En invierno, un periodo en el que hay menos actividad, la tienda cierra a veces durante algunos días. El ambiente del pequeño pueblo de New Glarus es propicio para que Judd concilie la vida privada con la laboral. Por ejemplo, sus dos hijos pequeños pueden ir al colegio en bicicleta.
Además de atender su negocio, Judd también desempeña algunas funciones en la comunidad local de New Glarus. Si la puesta en escena de la obra de «Heidi» no se hubiera cancelado por falta de participantes, la emprendedora habría sido parte de ella. Judd y su familia se reúnen regularmente con otras personas suizas en encuentros en los que se habla alemán. Pero admite que mantener vivas las tradiciones suizas supone un gran esfuerzo.
No tiene claro todavía si se quedará en Estados Unidos definitivamente. Pero es un hecho que este país ha hecho realidad varios de sus sueños: tener el perro que siempre había deseado, construir una familia y tener su propia tienda. Cuando se vive tan lejos de casa, el vínculo con Suiza es muy importante. De hecho, se vuelve esencial. «Significa mucho para mí que la gente sepa que soy de Suiza, y no de Suecia», dice.
Artículo editado por Balz Rigendinger; y adaptado al español por Andrea Ornelas. Revisado por Carla Wolff.
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