Los problemas son sinónimo de oportunidad para el emprendedor Lucas Rondez
Lucas Rondez no se considera experto en ningún dominio, aunque su trayectoria personal sugiera lo contrario. Para alcanzar su sueño, decidió abandonar Suiza e instalarse en China.
La trayectoria empresarial de Lucas Rondez empezó a los 15 años, cuando decidió organizar una carrera de descenso en patines en Bassecourt, su pueblo natal, ubicado en el cantón del Jura. Buscó patrocinios, obtuvo los permisos necesarios para cerrar la carretera e invitó a participantes del mundo entero. El evento fue altamente exitoso y le permitió saborear por primera vez lo que significaba ser emprendedor.
«Me gustó mucho, había creado algo desde cero y pude ver los resultados de inmediato», recuerda.
Esa experiencia sembró en Rondez el deseo de ampliar sus horizontes. Los campos del Jura no eran precisamente Manhattan, y su familia tampoco era la más aventurera.
«Mi padre nunca ha subido a un avión. Tiene miedo a volar, así que nunca viajamos demasiado. Así que todo era un gran interrogante para mí».
Nuestra serie presenta las historias de hombres y mujeres de Suiza que han fundado y desarrollado negocios en el extranjero. Es un recorrido por sus historias personales que nos permite explorar por qué eligieron materializar sus proyectos más allá de las fronteras de Suiza, las condiciones laborales que encontraron, así como los retos y oportunidades que se les presentaron.
Las historias de vida que incluye esta serie también muestran cómo la comunidad suiza en el extranjero aporta a la influencia económica, cultural y política de Suiza.
El primer paso hacia lo desconocido fue una formación en un banco. Era un universo del que no tenía conocimiento alguno, carecía de algún recorrido familiar previo que pudiera seguir. Pero la madre de Rondez le dijo que trabajar en un banco era como organizar una competición de patinaje sobre ruedas. Así que, con expectativas que estaban a años luz de la realidad que encontraría, Rondez se unió al banco suizo UBS.
Mientras trabajaba en el banco tuvo la oportunidad de viajar a Canadá para aprender inglés. Allí conoció a personas de todas las latitudes, pero particularmente de Asia.
«Fue una experiencia totalmente novedosa para mí. Seamos sinceros, no había demasiadas personas asiáticas en el Jura, mi tierra natal», dice.
Simultáneamente, Suiza se abría al mundo. Conocer personas de esta región geográfica animó en Rondez el deseo de visitar Asia. Pero cuando solicitó a sus superiores que lo trasladaran a China, lo que recibió fue un rotundo no. Le hicieron saber que carecía del perfil adecuado. Sin embargo, decidió demostrar que se equivocaban.
Aprendiendo de la gente
En 2007, Rondez decidió dar un giro total a su vida. Decidió renunciar al UBS un lunes, y el viernes de la misma semana ya estaba a bordo de un avión rumbo a China.
«No tengo años de estudio a mis espaldas. De hecho, no estudié nada en particular. No soy una persona que aprende en las aulas, sino con la gente que conoce. Me fascina explorar cosas nuevas en diferentes lugares, y conocer más y más gente», añade.
Así es como se describe Rondez a sí mismo. Eso explica por qué lanzarse a lo desconocido y apostar por una nueva vida al otro lado del mundo era una opción natural para él. Al conversar con el entrevistado se hace patente su extraordinaria capacidad de conexión con las personas y que es alguien que no se deja intimidar por ninguna dificultad.
Durante poco más de un año en Hangzhou, una de las ciudades más industrializadas y vanguardistas del mundo, puso en marcha sus talentos, intentando dominar el idioma y estableciendo lazos con tanta gente como le era posible. Así conoció a una persona que trabajaba en un banco local, que posteriormente lo contrató.
Su sueño, no obstante, seguía siendo montar su propio negocio.
«Pero lograrlo exigía un plan, contactos y recursos. Y yo no tenía absolutamente nada en ese momento. Me dije pues que lo mejor era hacer lo que ya sabía hacer», dice.
El banco fue una plataforma valiosa para Rondez. Aprovechó el tiempo que estuvo ahí para relacionarse con personas de distintos sectores, incluido el empresarial. En 2015 se sintió listo para dar el salto.
De emprendedor a «meta emprendedor»
«Para mí, problema es sinónimo de oportunidad. Aprovecho al máximo los problemas, pues impulsan a personas como yo -que amamos innovar y ver las cosas desde nuevas perspectivas- a reaccionar con rapidez y a ofrecer soluciones», explica Rondez.
Esta filosofía emprendedora ha sido la base sobre la que ha construido toda su vida profesional. Su primer proyecto se llamó «Ni-hao» (que significa «hola» en mandarín, que era la única expresión que conocía al llegar), una aplicación móvil diseñada para ayudar a la población extranjera a resolver los retos de la vida cotidiana en China.
«En realidad, China no es complicada. Es solo que no tenemos acceso a la información», afirma Rondez.
Ni-hao dio justo en el clavo. En poco tiempo la aplicación tenía ya 100.000 personas usuarias.
«Lo anterior comenzó a atraer la atención de la gente sobre lo que yo estaba haciendo, pero sobre todo, sobre la forma en la que lo estaba realizando».
Lo anterior llevó a Rondez a convertirse en una especie de «meta emprendedor», pues comenzó a ayudar a empresas extranjeras que necesitaban afianzar su posición en China.
«Tenía claro que había gente más interesante que yo, más inteligente que yo, con proyectos todavía más ambiciosos, pero a quienes les faltaba el aspecto relacional, los contactos y el acceso a financiación que yo tenía».
La mirada puesta en Estados Unidos
Poco después llegó la pandemia de COVID-19 y con ella, el confinamiento de todo el país. Su incubadora de empresas, llamada Ni-hub, tuvo que frenar repentinamente. Pero, nuevamente, ¿qué es una pandemia sino un gran problema? ¿Y qué es un gran problema sino una enorme oportunidad?
Se asoció a un empresario chino que también se vio afectado por la situación y se lanzaron juntos a la producción de mascarillas. Rondez tenía dos ventajas claras sobre la competencia: ya estaba en China, que es donde se fabrica todo, y conocía bien los mercados extranjeros, donde hubo una gran demanda.
«Comenzamos a vender mascarillas y el negocio se disparó. Hicimos un negocio multimillonario en unos cuantos días», dice.
Los dos empresarios entendieron rápidamente lo prometedor que era el sector de la salud en el largo plazo. Comprendieron además que la pandemia cambiaría el paradigma de la cadena de suministro global, que evidenció sus vulnerabilidades durante la emergencia.
Una suma de factores que le llevaron a colocar la mira en otro mercado también altamente dinámico (Estados Unidos) para fabricar batas médicas allí. Para superar el obstáculo de los costes laborales, los socios invirtieron las ganancias de la venta de mascarillas en la automatización de procesos. La fábrica que tienen actualmente en Los Ángeles produce batas con una plantilla muy pequeña y Taromed -la empresa que basaron en Estados Unidos- se ha convertido en líder del mercado.
«En Suiza, jamás habría sido empresario»
Rondez está convencido de que no habría sido tan exitoso si se hubiera quedado en Suiza. Su familia habría ejercido presión para que conservara su empleo seguro en el banco y el ecosistema empresarial suizo no era el más propicio para él.
«No quiero decir que Suiza no ofrezca oportunidades para los emprendimientos, al contrario. Hay muchas empresas extraordinarias. Pero, en lo personal, sé que jamás habría logrado lo mismo en Suiza. No habría tenido la formación necesaria, ni el acceso a los recursos ni personas que me permitieron convertirme en un emprendedor», asegura.
Para Rondez, la mayor ventaja de emprender en el extranjero es ser diferente, y es a partir de esas diferencias que surgen las soluciones. Como ciudadano suizo viviendo en Suiza habría carecido de oportunidades frente a personas que han estudiado muchos años y que poseen títulos impresionantes, dice.
El momento ideal para convertirse en emprendedor
El reconocimiento le llegó a Rondez, pero en China. Hasta hace poco era presidente de la Cámara de Comercio Suiza (SwissCham) en China, un cargo que desempeñó durante dos años. Se sumó a la organización hace seis años, impulsado por el deseo de marcar una diferencia.
«Como emprendedor suizo en China, yo sentía que la SwissCham no me estaba ofreciendo nada. Por ello, en vez de quejarme, decidí involucrarme», dice.
Al hacerlo, jamás pensó que terminaría siendo presidente de la SwissCham.
«Sabía que la junta directiva incluía personas de Novartis y Nestlé, personas que habían estudiado por décadas y que tenían posiciones ejecutivas de alto nivel. Sin embargo, el hecho de que yo fuera distinto, creo que jugó a mi favor», refiere.
Rondez opina que las personas emprendedoras nacen, no se hacen, y reconocen con facilidad a sus pares. Es gente que busca constantemente nuevos retos y que desea dejar huella -pequeña o grande- en este mundo.
¿Qué opina de los tiempos que vivimos, llenos de tensiones geopolíticas e inquietudes con respecto al auge que adquiere la inteligencia artificial?
«Todo cambiará, para bien o para mal, así que es un momento perfecto para quienes emprendemos. Estamos viviendo un mundo fascinante», puntualiza.
Editado por Daniele Mariani. Texto adaptado del inglés por Andrea Ornelas. Vídeo adaptado por Carla Wolff.
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