Con el movimiento «Black Lives Matter», los yemeníes negros, desesperados, alzan la voz
En pleno auge internacional del movimiento «Black Lives Matter», los yemeníes negros, a los que llaman «marginados», asisten impotentes a un aumento de las discriminaciones, agravadas por la crisis humanitaria que atraviesa el país en guerra.
Una ola de protestas sacudió el mundo entero tras la muerte, el 25 de mayo, de George Floyd, un afroestadounidense de 46 años que murió en el suelo, asfixiado por un policía blanco en Mineápolis. El movimiento «Black Lives Matter» (la vida de los negros importa), nacido en Estados Unidos en 2013, sirvió de punta de lanza.
En la capital de Yemen, Saná, Haitham Hasan afirma que sigue padeciendo discriminaciones a diario, pues muchos suelen tratarlo de «esclavo» o de «sirviente» por su color de piel.
En Saná, los miembros de esta minoría, llamada en árabe «muhamashun» (literalmente, «marginados»), se concentran en Mahaui, una barriada del sur de la ciudad.
Entre las chozas de cartón y lona, las tiendas y algunas casas más sólidas, varias mujeres cocinan en la calle.
«Es como si fuéramos ciudadanos de segunda, pese a que tengamos documentos de identidad yemeníes», comenta Haitham.
«En la escuela, tratan a nuestros hijos de forma diferente y nos miran de soslayo por la calle y en los mercados», lamenta.
– Más integración –
Están presentes, sobre todo, en la llanura de Tihama, que abarca desde el estrecho de Bab al Mandeb hasta la ciudad de Hodeida, en el litoral oeste de Yemen, y en Adén, la gran ciudad del sur.
«Existen controversias sobre los orígenes étnicos del grupo. Algunos creen que descienden de esclavos africanos o de soldados etíopes del siglo VI. Otros consideran que son de origen yemení», subraya Minority Rights Group International.
En su página web, la oenegé da cuenta de sus dificultades: malas condiciones de vida, falta de acceso a los servicios básicos como el agua, el saneamiento y la educación, el paro o empleos como la recogida de basura o la limpieza.
Conforman entre el 2 y el 10% de los 27 millones de yemeníes, según las estimaciones, y los miembros de esta minoría se encuentran al margen del sistema tribal, pilar esencial de la sociedad del país y escudo protector de sus miembros, lo que acentúa su vulnerabilidad, según los especialistas.
«Sufrimos discriminaciones […] pero ha llegado el momento de que nos den nuestros derechos», insiste uno de los representantes de la comunidad en Saná, Muyahid Azzam.
El jefe de los rebeldes hutíes -que controlan Saná y buena parte del norte de Yemen-, Abdel Malek al Huti, pidió en junio que se «integre» a los miembros de esta comunidad en la sociedad yemení.
Abdel Malek al Huti mencionó un programa a largo plazo para lograrlo, lo cual alimentó la esperanza de algunos, como Haitham, que espera que el llamado «ayude a cambiar la actitud respecto a nosotros».
– «Infierno en la Tierra» –
Sin embargo, el jefe de la Unión Nacional de los Muhamashun, Noman al Hadifi, acusa a los hutíes de querer «enrolar [a los miembros de esta comunidad] en las filas de los rebeldes». Los rebeldes «quieren enviarlos a combatir al frente», declaró por teléfono a la AFP.
El conflicto, que enfrenta a los hutíes y al gobierno, ha tenido un especial impacto en esta minoría.
«Antes del conflicto, desde hace décadas, el sistema de castas de Yemen colocó a los muhamashun en la parte baja de la escala social», explicó a la AFP Afrah Nasser, de Human Rights Watch.
La guerra ha agravado esta situación, sobre todo en las zonas controladas por los rebeldes, haciendo que la vida de esta comunidad se haya convertido en un «infierno en la Tierra», indicó la investigadora. Según ella, los muhamashun reciben muchas veces menos ayuda humanitaria que el resto de yemeníes.
Según Hadifi, los muhamashun participaron en la revuelta de 2011 celebrada en el contexto de la Primavera Árabe. Él mismo participó en el diálogo nacional que debía esbozar los principios del nuevo Yemen, tras la salida del expresidente Ali Abdalá Saleh por la presión de la calle.
Pero desde 2014 la guerra frenó este impulso, denunció.
«Es lamentable pero en Yemen no va a cambiar nada, porque la estructura social es muy compleja, con discriminaciones fundadas en la pertenencia tribal, regional o confesional», asegura.