Ciudades de Suiza llenan vacío en la ayuda al mundo
Los gobiernos locales de Europa están haciendo frente a los recortes estatales en materia de ayuda al desarrollo y ayudando a las ciudades de las regiones con menores ingresos a hacer frente a retos comunes como el cambio climático. Ciudades como Zúrich insisten en que estas iniciativas son beneficiosas para todas las partes.
Cada día, el mercado mayorista de Nuevo Abasto, en la mayor ciudad de Bolivia, suministra hasta 13.000 toneladas de frutas y verduras a comerciantes, restaurantes y familias, lo que deja al ayuntamiento con 20 toneladas de residuos orgánicos que gestionar.
El mercado es un recurso vital para la población de Santa Cruz de la Sierra, una de las ciudades de más rápido crecimiento del continente americano. También es un ejemplo de cómo las ciudades de todo el mundo pueden aprender unas de otras a la hora de hacer frente a problemas comunes.
La ciudad suiza de Zúrich ha proporcionado al mercado de Nuevo Abasto fondos y conocimientos técnicos para instalar enormes contenedores de compostaje que producen abono a partir de las verduras en descomposición. También está colaborando con los planes de Santa Cruz para crear un sistema de recogida de residuos orgánicos en toda la ciudad.
El municipio más grande de Suiza forma parte de un número cada vez mayor de autoridades locales y regionales de países ricos que desafían los recortes de la ayuda exterior impuestos por sus gobiernos nacionales y mantienen o amplían directamente sus propios programas de desarrollo.
En conjunto, su contribución a la ayuda internacional aumentó casi un 40 % a partir de 2015, alcanzando los 2.8 mil millones de dólares (2.8 mil millones de francos suizos) en 2021 entre 11 países donantes, según los últimos datosEnlace externo disponibles de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
No se trata solo de dinero. La experiencia de las ciudades ricas a la hora de abordar los problemas del crecimiento las sitúa en una posición única para contribuir al desarrollo sostenible, especialmente en las comunidades urbanas de las regiones de ingresos bajos y medios del mundo.
«Las ciudades son laboratorios de innovación: simplemente nos vemos obligadas a encontrar soluciones concretas para la población», afirmó Christina Wandeler, responsable de relaciones internacionales del Ayuntamiento de Zúrich. «Por eso debemos formar parte del sistema de cooperación internacional».
Suiza, junto con Francia, Bélgica y España, cuenta con una de las mayores concentraciones de centros urbanos implicados en la labor de desarrollo, según un informeEnlace externo de 2024 que recoge un mapa de estas denominadas «ciudades donantes». Ese año, los cantones y municipios suizos aportaron 74 millones de francos suizos al presupuesto de ayuda al desarrollo de Suiza, que ascendió a 3.000 millones de francos suizos.
Un mundo cada vez más urbano
No es casualidad que las ciudades donantes estén centrando su atención en los problemas locales en el extranjero. Las ciudades son motores económicos que generan más del 70 % de las emisiones de carbono del mundo y la mitad de sus residuos. En consecuencia, se encuentran en primera líneaEnlace externo frente a retos como el cambio climático y la búsqueda de soluciones para abordarlos.
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Hoy más de cuatro mil millones de personas viven en zonas urbanas, una cifra que se prevé que aumente en otros 2.5 mil millones para 2050. La mayor parte de este crecimiento se está produciendo en Asia y África, donde las metrópolis en rápida expansión se enfrentan a enormes presiones.
«No pueden satisfacer la demanda de vivienda, infraestructuras y servicios públicos», afirma Brigitte Hoermann, responsable del centro de Asia de ‘Cities Alliance’, con sede en Bruselas, que lucha contra la pobreza urbana. «Y hay una enorme población activa joven que necesita encontrar empleo».
En 2019, las y los habitantes de Zúrich mostraron su disposición a ayudar: el 70 % de la ciudadanía aprobó destinar entre el 0,3 % y el 1 % de los ingresos fiscales de Zúrich a la ayuda al desarrollo. El presupuesto de cooperación internacional de este año asciende a 12 millones de francos suizos, una cifra que ha crecido de forma constante desde la votación, según Wandeler, la responsable de relaciones internacionales del Ayuntamiento de Zúrich antes mencionada.
Ambas se encuentran entre los municipios que se han comprometido con el objetivo internacional de destinar el 0,7 % de su presupuesto a la ayuda al desarrollo. En cuanto al gasto total, «las ciudades más grandes, como Zúrich y Ginebra, lideran la iniciativa con recursos sustanciales y marcos de cooperación formales», señala el informe.
En total, alrededor de 200 municipios de este país alpino participan activamente en la cooperación al desarrollo, según el informe de 2024 sobre ciudades donantes. Entre ellos se encuentran desde la localidad de Anières, en el oeste de Suiza, con una población de 2.500 habitantes, hasta la ciudad de Ginebra.
Esto contrasta con la reducción del presupuesto nacional destinado a la ayuda exterior, que sufrirá un recorte de más de 400 millones de francos suizos de aquí a 2028, a pesar de que las encuestas muestran el apoyo de la ciudadanía a la ayuda. Este mes, el Gobierno suizo anunció planes para destinar una mayor parte de ese presupuesto a la ayuda humanitaria y poner fin a todas las actividades de cooperación al desarrollo en América Latina.
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A raíz de estos anuncios, Wandeler afirmó que su ciudad seguirá apoyando proyectos en todos los países de bajos ingresos. La colaboración de Zúrich con Santa Cruz en materia de gestión de residuos, gestionada por la ONG ‘Swisscontact’, también incluye a Santiago de Cali, en Colombia.
En Europa, otras ciudades están desafiando los recortes de los gobiernos nacionales. Una encuestaEnlace externo realizada en 2025 por el Consejo de Municipios y Regiones de Europa (CEMR) entre los gobiernos locales de 11 países reveló que la mayoría tenía previsto mantener o aumentar sus presupuestos de desarrollo.
Algunos países, como Alemania, ofrecen plataformas que ayudan a sus ciudades a cooperar con sus homólogas en regiones destinatarias en el extranjero.
En España, las demandas públicas de una mayor participación en el desarrollo en todos los niveles de gobierno comenzaron a surgir ya en la década de los noventa, según Ivana Skazlic, analista de investigación del CEMR. En 2022, las ciudades y regiones españolas destinaban 436 millones de dólares a la cooperación internacional, y 15 municipios de Cataluña alcanzaban ya el objetivo del 0,7 %.
Alianzas con beneficios mutuos
Sin embargo, las ciudades no pueden aportar ni de lejos tanto dinero como los gobiernos nacionales.
Y, aunque cualquier financiación es bienvenida, en los últimos años se ha producido un cambio que va más allá del mero envío de fondos a las regiones en desarrollo, ya que ahora ambas partes intercambian ideas basadas en sus experiencias, según Skazlic.
«Hoy en día, las ciudades se enfrentan a muchos de los mismos retos, independientemente de su ubicación geográfica», afirmó Alejandro Eder, alcalde de Santiago de Cali, la tercera ciudad más grande de Colombia. «Por eso la cooperación entre ciudades es tan valiosa: no creemos que cada ciudad tenga que reinventar las soluciones desde cero».
Cali, añadió, está muy interesada en aprender de Zúrich y compartir sus propias prácticas: «Estas colaboraciones generan valor en ambos sentidos».
Wandeler está de acuerdo y destaca el uso que hace Santa Cruz de WhatsApp y de las visitas puerta a puerta para sensibilizar sobre la gestión de residuos. Zúrich publica esta información en su página web y en su aplicación móvil, distribuye folletos y carteles, y señaliza claramente las infraestructuras de gestión de residuos para informar a sus ciudadanos.
«Esto plantea la pregunta: ¿cómo se llega a las personas que no leen nuestros folletos, nunca visitan nuestra página web y están tirando bolsas de plástico en el contenedor de residuos orgánicos?», dijo Wandeler. «Por supuesto, no se trata de copiar directamente una práctica de Santa Cruz, sino de abrir la mente: quizá haya otras posibilidades que deberíamos considerar».
Las condiciones locales también son un factor importante a tener en cuenta. El servicio de gestión de residuos y reciclaje de Zúrich, ERZ, por ejemplo, atiende a una población de poco más de 450 000 habitantes, mucho menor que la de Cali o Santa Cruz. Y, a diferencia de Zúrich, los recolectores informales de basura constituyen una parte significativa de la mano de obra dedicada a la gestión de residuos en Santa Cruz, por lo que son una parte integral de la colaboración, señaló Wandeler.
Las ciudades quieren un puesto en la mesa multilateral
Hoermann, de Cities Alliance, señaló que una forma de hacer frente a la escasez de recursos es centrarse en las ciudades secundarias pequeñas y medianas, que a veces se quedan rezagadas respecto a las capitales a la hora de solicitar recursos al Estado y a los donantes internacionales. Suelen contar con presupuestos reducidos, en los que una pequeña cantidad de dinero y conocimientos técnicos pueden tener un gran impacto, señaló la experta, con sede en Bangkok.
Considera que las ciudades de los países ricos pueden aportar no solo fondos, sino también su voz, especialmente en el ámbito mundial. En las reuniones multilaterales sobre cuestiones como la financiación climática, que les afectan directamente, las ciudades luchan cada vez más por conseguir más voz en la mesa de negociaciones, señaló Hoermann.
«Serán las ciudades del Norte [Global] las que lideren esta lucha», afirmó, sugiriendo que pueden utilizar su prestigio internacional y ejercer presión para que se escuche la voz de todos los gobiernos locales.
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Las ciudades también pueden aportar perspectivas y experiencias importantes, según Bettina Etter, responsable de proyectos de asuntos exteriores del Ayuntamiento de Zúrich.
«Como contamos con soluciones que pueden replicarse, somos capaces de abordar los problemas más importantes», afirmó. «Por eso es importante que las ciudades formen parte del debate a nivel de política global».
El actual recorte de la ayuda al desarrollo por parte de los gobiernos nacionales puede ser incluso el momento para que las ciudades alcen la voz, añadió Etter. «Podemos aprovecharlo como una oportunidad para dar un paso más, en el sentido de que se reconozca lo que las ciudades ya están haciendo. En realidad, no se trata solo de dinero».
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Artículo editado por Tony Barrett, adaptado al español por Patricia Islas
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