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Del tractor al buey: el campo cubano se adapta a la falta de combustible

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Alexander Quesada recibió un tractor como premio por convertir un vertedero en una granja en Cuba, pero ahora ha tenido que volver a arar con bueyes en momentos en que una crisis energética, agravada por el bloqueo de Estados Unidos, paraliza la producción de alimentos.

Los altibajos de la finca «La Bugambilia», en la provincia de Artemisa, vecina de La Habana y considerada el granero de la capital, reflejan la evolución de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos durante la última década.

Quesada, de 52 años, recuerda con nostalgia «los años de Obama», hace una década, cuando un histórico deshielo entre Washington y La Habana impulsó un auge turístico en la isla comunista.

Cuando los turistas comenzaron a desembarcar de los cruceros en La Habana, los dueños de restaurantes empezaron a acudir en masa a la finca, que debe su nombre a la planta que adorna su entrada, en busca de verduras de mayor valor comercial, como la rúcula, prácticamente desconocida en el país.

Las ventas a los restaurantes impulsaron las finanzas de la finca de ocho hectáreas, lo que permitió a Quesada invertir en nuevos proyectos, como la producción de miel orgánica.

«Vendíamos un kilo de rúcula y con eso subsidiábamos 100 kilos tal vez de lechuga, y entonces eso nos mantenía en equilibrio y podíamos ir desarrollando», dijo este padre de dos hijos.

Quesada trabajó sin descanso para convertir un terreno abandonado en una finca productiva: retiró rocas, construyó bancales para sembrar hortalizas y cavó un canal de riego.

Sin embargo, desde que el presidente Donald Trump impuso en enero un bloqueo petrolero a Cuba y asestó un duro golpe a su ya debilitada industria turística, Quesada lucha por sostener su finca.

– «En retroceso» –

El bloqueo petrolero agudizó la crisis energética que ya enfrentaba el país, sumiendo a hogares y negocios en la oscuridad durante periodos de hasta 70 horas consecutivas en algunas zonas.

Con un litro de diésel que ronda los tres dólares, equivalentes a casi la mitad del salario mensual en el sector público, el tractor rojo que Quesada recibió del gobierno mexicano como reconocimiento a su rendimiento agrícola permanece inactivo en el cobertizo.

Ahora, un par de bueyes tiran del arado.

Y la rúcula fue sustituida por tubérculos baratos como la yuca y el boniato, que los lugareños pueden permitirse, pero con los que Quesada apenas cubre sus gastos.

«Ya estamos detenidos y más bien en retroceso», admitió Quesada, que tiene su finca en Caimito, un pequeño pueblo de Artemisa.

El exuberante paisaje verde de la zona estuvo cubierto de plantaciones de caña de azúcar hasta la década de 1990, cuando colapsó la Unión Soviética, entonces el principal aliado de Cuba.

Los «años de ‘Período Especial (nombre oficial de la crisis económica de los años 1990) fueron fuertes, pero no como esto», explicó Raúl Castillo (52), que trabaja como jornalero para Quesada.

Al disminuir los ingresos del azúcar, el gobierno comenzó a entregar tierras estatales en usufructo. 

José Joaquín Rodríguez, de 29 años, cuya familia lleva tres generaciones labrando la tierra, acusó a las autoridades de frenar toda iniciativa.

«Está la traba del municipio, de la provincia, de la nación, y está la traba del Ministerio de Agricultura para darte un pedazo de tierra», enumeró.

– «Los reyes de las tierras –

Cuba importa casi todos los alimentos que consume, incluso los huevos. Pero ante la escasez de fondos estatales para traer los productos y venderlos a precios altamente subsidiados, la malnutrición acecha. 

Bajo fuerte presión de Washington, el gobierno presentó en junio un amplio programa de reformas para privatizar sectores de la economía. 

Si bien la tierra seguirá siendo mayoritariamente propiedad pública, los agricultores podrán cultivar áreas mucho más extensas y crear empresas. Las cooperativas tendrán derecho a importar y exportar directamente, y se eliminarán los controles de precios.

Los agricultores, al igual que la mayoría de los cubanos, han depositado sus esperanzas en las reformas, pero no avizoran un alivio real mientras persistan las sanciones estadounidenses. 

El economista cubano Ricardo Torres, investigador de la Universidad Americana de Washington, advierte sobre un panorama «incierto» en el sector.

«Quienes cuenten con capital y capacidad organizativa se beneficiarán; quienes no, se enfrentarán a una transición más difícil», explicó Torres a la AFP.

Esta perspectiva inquieta al agricultor Rodríguez: «No tenemos el coeficiente (poder) económico para importar un contenedor de fertilizante», se lamentó.

«Ahora va a venir cualquiera, lo va a importar y van a ser los reyes de las tierras», concluyó. 

cb/rd/cjc/nn

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