El peor escenario climático para Suiza es ahora más probable, según la comunidad científica
Investigaciones realizadas en Suiza y Alemania apuntan a que el mundo va camino de un calentamiento mayor del que contemplan las proyecciones oficiales, lo cual tiene importantes implicaciones para la planificación climática.
El año pasado, la Oficina Federal de Meteorología y Climatología (MeteoSuisse) y el instituto federal de tecnología ETH de Zúrich publicaron ‘Climate CH2025’, un informe sobre cómo será el país a medida que se caliente el planeta. Planteaba tres escenarios: uno en el que el mundo sería 1,5°C más cálido que en la época preindustrial, otro con un calentamiento de 2°C y un tercero, más grave, con un planeta 3°C más cálido. Este último marcaba el límite de lo que los modelos científicos podían describir con un mínimo de fiabilidad.
Ahora, un nuevo estudio del ETH de Zúrich y la Universidad de Leipzig apunta a que ese escenario más grave es hoy el más probable. Según los cálculos de la autora principal del estudio, con las políticas actuales el calentamiento global podría alcanzar los 3,25°C en 2100, muy por encima de lo que la mayoría de los países tienen previsto y más del doble del límite fijado en el Acuerdo de París de 2015.
«Para cualquier trayectoria de emisiones que no incluya recortes inmediatos y drásticos, prevemos un calentamiento un 25% mayor», afirma Gergana Gyuleva, doctoranda del grupo de física del clima del ETH de Zúrich y autora principal del estudio, publicado en agosto en la revista Earth’s Future. «Nuestros resultados no cambian lo que ocurre en un mundo 3°C más cálido. Sólo cambian cuándo podría llegar ese mundo o con qué probabilidad».
Además, para buena parte de la comunidad científica, estos 3ºC ya no son una previsión lejana. En una encuesta realizada en 2024 entre 211 personas autoras de informes del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), el 42% afirmó que esperaba un calentamiento de 3°C o más para finales de siglo.
Para la ciudadanía de a pie en Suiza, el calor extremo ya es una realidad. Este verano ha sido el más caluroso jamás registrado, con largos periodos de temperaturas extremas y una fuerte sequía en buena parte del país. Además, Suiza se calienta más rápido que la media mundial, de modo que en un mundo 3°C más cálido las temperaturas del país subirían unos 4,9°C.
Cómo se llegó a subestimar el calentamiento global
La predicción más sombría del estudio del ETH parte de una revisión de los modelos climáticos. Normalmente, las proyecciones se basan en el pasado: cuánto se ha calentado el planeta en función del aumento del dióxido de carbono en la atmósfera.
Sin embargo, el equipo investigador señala que las oscilaciones naturales del propio clima -como La Niña, la fase fría de un patrón climático recurrente en el Pacífico- hicieron que el mundo se calentara más despacio durante esos años de lo que lo habría hecho en otras circunstancias. «En realidad, tuvimos mala suerte estadística al dar con un periodo en el que la variabilidad produjo menos calentamiento en el mundo real», explica Gyuleva.
La investigación elimina el efecto de estas fluctuaciones y recurre, además, a otra fuente de datos: las mediciones por satélite de cuánta luz solar absorbe el planeta y cuánto calor irradia de vuelta al espacio. La diferencia entre la luz absorbida y el calor liberado se ha más que duplicado desde el año 2000, lo que indica que la cantidad de calor atrapado en la atmósfera terrestre crece más rápido de lo que se creía.
«La principal revisión al alza se debe a la inclusión del desequilibrio energético», afirma Gyuleva. Esto eleva sobre todo el extremo inferior del rango: los escenarios de calentamiento bajo no son compatibles con lo que observan los satélites.
Gyuleva reconoce abiertamente que este es el punto más débil de la investigación. Los registros por satélite se remontan a sólo 25 años, por lo que es difícil saber cómo se compara esta tendencia con épocas anteriores. Los modelos predicen mejor el calor saliente que la luz solar entrante, que depende de las nubes y el hielo. Por eso, Gyuleva repitió el cálculo utilizando únicamente el calor saliente, la mitad que los modelos manejan bien. El resultado fue el mismo, y ese es precisamente, según explica, el motivo por el que confía en él.
Cómo se vive con 3°C más
Si el mundo se encamina hacia esos 3°C más, ¿cómo se traduce eso en el día a día?
Suiza acaba de tener un anticipo. Para evaluar este verano, el punto de comparación más pertinente es el de 2003, cuando el calor causó la muerte de unas 70.000 personas en toda Europa, según las estimaciones, y de alrededor de 1.000 en Suiza. Desde entonces, aquel verano ha servido como referencia de lo que es el calor extremo en el país. Este año lo ha superado en casi todos los indicadores.
Basilea registró 58 días con temperaturas por encima de 30°C, frente a los 41 de 2003; Berna, 46 frente a 29, y Zúrich, 38 frente a 27. La estación meteorológica de Basilea-Binningen marcó un récord absoluto de 39,7°C y encadenó 20 días consecutivos por encima de 30°C; y Locarno llegó a 24, un récord nacional. En Basilea, las precipitaciones de los tres meses de verano sumaron 82,8 milímetros, aproximadamente la mitad que en 2003.
Los escenarios publicados por MeteoSuiza y el ETH de Zúrich en noviembre de 2025 prevén unos 30 días de calor por encima de 30°C en la zona de Zúrich durante un verano típico en un mundo 3°C más cálido. Este verano hubo 38.
Sonia Seneviratne, directora del Instituto de Ciencias Atmosféricas y del Clima del ETH de Zúrich y coautora de los escenarios nacionales, afirma que la intensidad de este verano no fue ninguna sorpresa. Antes de 2003, las olas de calor eran poco frecuentes en Suiza. Desde 2018, en cambio, se han convertido en algo habitual cada verano, y el propio verano se está alargando por ambos extremos, ya que ahora va de junio a septiembre.
Cómo evitar el peor escenario
La mayor parte del calentamiento que se avecina todavía puede evitarse. Según el equipo investigador, un recorte drástico de las emisiones reduciría a la mitad los escenarios de calentamiento.
La comunidad científica lo mide con el llamado presupuesto global de carbono: la cantidad total de CO₂ que el mundo puede emitir todavía antes de superar un determinado umbral de temperatura.
El estudio de Gyuleva atribuye a cada tonelada de CO₂ más calentamiento que los modelos anteriores. Con esta revisión, el presupuesto restante se reduce en aproximadamente una quinta parte. El margen de error es menor, pero aún hay tiempo para actuar.
«Nuestros resultados apuntan a la necesidad de acelerar la mitigación para cumplir un determinado objetivo de temperatura», afirma. En la práctica, esto significa que las emisiones mundiales deben reducirse a la mitad hacia 2030 y llegar a cero en 2050 a más tardar. Para ello es necesario acabar con la dependencia del petróleo, el gas y el carbón. En el caso concreto de Suiza, según Seneviratne, eso implica sustituir los coches de gasolina por eléctricos y la calefacción de gasóleo y gas por bombas de calor o geotermia, y después ampliar la energía solar, eólica e hidroeléctrica para abastecer la demanda adicional de electricidad. Estas sustituciones abarcarían la mayor parte del problema, ya que el transporte y los edificios representan, en conjunto, más de la mitad de las emisiones de gases de efecto invernadero de Suiza.
El país helvético se ha comprometido a reducir sus emisiones a la mitad para 2030 con respecto a los niveles de 1990 y a alcanzar las cero emisiones netas en 2050. Hasta ahora, las ha recortado algo más de una cuarta parte. En agosto, el ministro de Medio Ambiente, Albert Rösti, afirmó que Suiza probablemente no cumplirá su objetivo para 2030.
Aún se puede elegir
En el informe ‘Climate CH2025’, quienes lo firman señalan también que los relatos alarmistas sobre el clima son contraproducentes y que lo que ayuda es acompañarlos de posibles líneas de actuación.
«Para mí, lo que falta en el panorama político en materia de mitigación del cambio climático son relatos positivos», afirma Gyuleva.
Al preguntarle cómo sería un relato positivo, Gyuleva propone ejemplos suizos basados en beneficios colaterales. Los coches eléctricos enchufados por la noche sirven de almacenamiento para la red eléctrica, y las ciudades se vuelven más silenciosas y con un aire más limpio a medida que disminuye el número de vehículos de gasolina, sin prohibirle a nadie que conduzca. Producir y consumir menos carne y lácteos, sin renunciar a ellos por completo, mejoraría la calidad de los alimentos, reduciría la importación de piensos, disminuiría los nitratos en las aguas subterráneas y mejoraría el bienestar animal. Por su parte, un sistema energético que no dependa de los combustibles fósiles importados está menos expuesto a las tensiones geopolíticas.
Un informe publicado recientemente por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) expresa en cifras una versión de la misma idea. Con las políticas que los gobiernos han adoptado prevé un calentamiento de unos 2,6°C para 2100. Si se cumplieran íntegramente todas las promesas nacionales y los compromisos de cero emisiones netas, esa cifra bajaría a alrededor de 1,8°C.
«La sociedad necesita relatos positivos, visiones positivas del futuro que sean factibles», asegura Gyuleva. «Y lo son».
El estudio climático más reciente del ETH muestra que un calentamiento de 3°C es un escenario muy posible, pero no inevitable. Según quienes lo firman, lo que depare el futuro dependerá de las políticas, los relatos y las acciones de hoy.
Artículo editado por Gabe Bullard y adaptado al español por Cristina Esteban. Revisado por Carla Wolff.
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