El sector sanitario en el sur del Líbano, bajo ataque israelí y difícil de abastecer
Noemí Jabois
Nabatieh (Líbano), 25 mar (EFE).- «¡Noooo, noooo, seguro que no es él! ¡Algo no cuadra, hay algo que no está bien, ayer mismo le vi!», grita una enfermera en la sala de Urgencias de un hospital en Nabatieh, en el sur del Líbano. Se acaba de enterar de que el hijo adolescente de un compañero ha perdido la vida en un ataque israelí.
La motocicleta en la que viajaba con su amigo ha sido alcanzada a poca distancia del Hospital Gubernamental Universitario Nabih Berri, donde los trabajadores lloran el fallecimiento de estos dos jóvenes paramédicos de Ambulancias Nabatieh y que, según dicen, no llegaban a la mayoría de edad.
Son las últimas víctimas de una serie de bombardeos israelíes contra objetivos sanitarios, en las que han muerto 42 personas y 119 resultaron heridas en tres semanas de conflicto en todo el país, y que se suman a otros desafíos como las dificultades para abastecer el sector en regiones muy golpeadas como el sur del Líbano.
En la Unidad de Quemados del Hospital Nabih Berri se recupera precisamente un miembro de una organización de la defensa civil, que hace unos días fue víctima de un doble bombardeo mientras socorría a las víctimas de un primer impacto en una aldea no muy lejos de la ciudad.
Traslados preventivos
Aquí, uno de los dos hospitales operativos en la localidad para las víctimas del conflicto, el número de heridos varía diariamente. A veces son cinco y a veces son diez, a veces están muy graves y a veces son enviados posteriormente a Beirut o a Sidón, más al norte, explica a EFE el cardiólogo Zoher Shaaben.
También reciben algunos pacientes ordinarios, aunque si precisan atención médica a más largo plazo también les trasladan a otras zonas menos afectadas, como hicieron esta misma semana con un hombre después de operarle por un ataque al corazón.
«No les estamos dejando aquí, estamos dejando espacio libre por si las cosas escalasen, para recibir pacientes de la guerra», indica Shaaben.
Como muchos otros doctores y enfermeros del Hospital Gubernamental Universitario Nabih Berri, reside en el propio centro dada la gran cantidad de bombardeos que sacuden la zona.
«Al final es nuestro deber como médicos, nos hemos quedado aquí para ayudar a la gente (…) Si nosotros nos vamos ¿qué dejamos para el resto? No podemos dejar al pueblo, la gente nos necesita», defiende el cardiólogo.
El director del centro hospitalario, Hasán Wazni, estima que en la actualidad se alojan en las instalaciones entre 250 y 300 miembros del personal y familiares de estos, como ya ocurrió durante el anterior conflicto de 2024.
«Muchos de ellos no tienen forma de volver al hospital, no es seguro, así que prefieren quedarse aquí. Pero quisieron traer a sus hijos con ellos y yo acepté porque no tengo otra opción; necesito empleados en el laboratorio, en Anestesias, en Radiología, enfermeras, médicos», reconoce a EFE.
Normalmente tiene unos 380 empleados, pero ahora el centro funciona con solo 120, apenas un tercio que en tiempos de paz. Wazni afirma que los médicos disponibles «permanecen de servicio todo el tiempo, día y noche».
Conseguir suministros
El hospital no ha sido objetivo de ataques directos como ha ocurrido con otros centros médicos, pero aún así presenta algunos daños en cristales y techos a causa de un bombardeo a alrededor de 300 metros de aquí, que también causó heridas leves a dos enfermeras.
Y es que en Nabatieh no dejan de resonar bombardeos, lo que también dificulta el envío de suministros.
«La gestión de todo esto, del combustible para los generadores que están trabajando todo el rato, o del oxígeno, tampoco es fácil. Nos proporcionaron oxígeno hace dos días, porque solo teníamos una pequeña cantidad», afirma el director del Nabih Berri.
La ruta es «peligrosa» y, para evitar potenciales ataques a los camiones, deben ir siempre acompañados por el Comité Internacional de la Cruz Roja.
«La comida no es fácil, porque tenemos arroz o algo que podamos almacenar aquí, pero carne y demás no puedes tener una gran reserva. Así que cada semana envío a algunos a comprar a Sidón; no está lejos, pero la carretera tampoco es segura», agrega Wazni.
Medicamentos y suministros médicos sí tienen suficientes para alrededor de un par de meses, ya que habían almacenado reservas con anterioridad temiendo que estallase una nueva guerra en algún punto.
El director cree que el actual conflicto es más intenso que el finalizado hace 15 meses, aunque el número de víctimas fue mayor entonces debido a los ataques de envergadura ocurridos sin previo aviso a su inicio, como la explosión simultánea de buscas de los miembros de Hizbulá y bombardeos contra edificios aún habitados.
Esta vez, estima que su hospital ha recibido unos 30 muertos y 300 heridos desde el 2 de marzo.
«Esta guerra es peor que la otra, es más dura», zanja. EFE
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