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Habitantes sedientos en noreste de Siria acusan a Turquía de cortar el agua

Un niño sirio se moja bajo un chorro de agua, después de que organizaciones humanitarias suministraran agua a la zona durante un corte de agua, en la ciudad nororiental siria de Hasakah, el 22 de agosto de 2020 afp_tickers

Frente a su domicilio del noreste de Siria, Shija Majid cuenta que su vida se ha convertido en una búsqueda interminable de agua potable, desde que Turquía se apoderó de una estación de bombeo que suministra el líquido a su ciudad.

«Paso el tiempo corriendo detrás de camiones cisterna», resume esta abuela de 43 años, que sufre la escasez de agua desde hace meses en Hassake, ciudad bajo control de la administración semiautónoma kurda.

«A veces, tengo que mendigar agua a mis vecinos», añade.

A esta preocupación se añade la aparición de 394 casos de nuevo coronavirus –con 26 muertes– registrados en las zonas kurdas, decenas de ellos en Hassake.

Los habitantes de la región pagan el precio de un nuevo pulso entre las fuerzas turcas y kurdas.

El ejército turco y sus apoyos sirios ocupan desde 2019 una franja fronteriza de 120 km en Siria, incluida la estación de Alluk que proporciona agua potable a 460.000 personas.

Para los responsables kurdos y analistas, Ankara utiliza el agua como herramienta de presión para obtener más corriente eléctrica, proporcionada por los kurdos, en las zonas que conquistó.

Turquía lo desmiente. El ministerio turco de Defensa afirmó el 6 de agosto que la estación de Alluk estaba en obras de mantenimiento y que Hassake seguía recibiendo agua.

A lo que los kurdos replicaron inundando las redes sociales con fotos, acompañadas de comentarios y la etiqueta: «La sed estrangula a Hassake».

Las organizaciones humanitarias advirtieron muchas veces sobre el uso del agua con fines políticos o militares, en detrimento de los civiles.

La ONU dio la voz de alarma desde el mes de marzo, advirtiendo de la graves consecuencias sanitarias y humanitarias.

Damasco también acusó el lunes a Ankara de usar el agua como un «arma contra los civiles sirios».

– 21 días sin agua –

En agosto, los grifos quedaron secos durante 21 días.

«La mayoría del tiempo, nos bañamos en el agua salada» de los pozos para mantener la higiene básica, cuenta Shija, que vive con sus siete hijos y dos nietos.

En las calles estrechas, mujeres y niños cargan con bidones vacíos esperando la entrega de agua. Una joven rellena una reserva con una larga manguera unida a un camión cisterna.

«Esta vez, esto ha durado realmente mucho», lamenta Mohamad Khata, un habitante. «No tenemos nada que ver con la política, lo que queremos es comer pan, beber agua y trabajar».

Ankara cerró las válvulas hasta ocho veces desde otoño, según los kurdos.

«Ocupan nuestras tierras y ahora nos cortan el agua», se lamenta Saleh Fattah, de 45 años.

Las fuerzas kurdas lideraron la batalla contra el grupo yihadista Estado Islámico en Siria, junto a Estados Unidos, pero Ankara las considera «terroristas» por sus relaciones con el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), que lleva a cabo una sangrienta lucha en Turquía desde los años 1980.

Según los responsables kurdos, un acuerdo inicial tras la última ofensiva turca en el norte de Siria preveía que Ankara continuara proveyendo agua a la región a cambio del suministro de corriente por parte de los kurdos.

Las presiones han ido en aumento para «pedir más electricidad», lamenta Suzdar Ahmad, codirector de la autoridad hidráulica en la administración kurda.

– «Interminables» negociaciones –

«Desde que los turcos ocupan Ras al Ain, ha habido interminables ciclos de negociaciones sobre los cortes de agua», añade Aheen Sweid, codirectora de la autoridad de la energía.

Esta vez, los kurdos decidieron responder: el 13 de agosto, cortaron la corriente en esta región, indicó.

Las dos partes terminaron por negociar un acuerdo con Rusia que prevé una vuelta a la normalidad a partir del lunes en Hassake.

Para el analista Nicholas Heras, «apoderarse de la estación de Alluk era uno de los principales objetivos de la campaña militar turca» en octubre de 2019.

«Turquía quiere utilizar el agua como medida de presión para poner a la población local […] en contra de las Fuerzas Democráticas Sirias», alianza dominada por los combatientes kurdos.

Y Ankara domina ampliamente esta relación de fuerza, pues cuenta con la «capacidad de cortar indefinidamente el agua a más de medio millón de personas», explicó.

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