Harry Styles regresa a la música con una fiesta analógica y televisada en Mánchester
Raúl Bobé
Mánchester (Reino Unido), 7 mar (EFE).- El cantante británico Harry Styles certificó este viernes su regreso a la música, tras más de tres años de parón, con el lanzamiento de su cuarto álbum de estudio, ‘Kiss All The Time. Disco, Occasionally’, y un concierto especial en Mánchester que más bien fue una fiesta analógica y televisada.
Esta ciudad del noroeste inglés, cuna del ‘Britpop’ y grupos como Oasis, y su Co-Op Live, el estadio cubierto más grande del Reino Unido, se convirtió en un gran plató de televisión y unos 23.500 asistentes se convirtieron esta noche en figurantes rodeados de cámaras para el especial ‘Harry Styles: Una noche en Mánchester’, que verá la luz este domingo en Netflix.
El exintegrante de la boyband británica One Direction, de 32 años, quiso que su primer concierto en solitario desde julio de 2023 y el reencuentro con sus seguidores se sintiese íntimo. Por ello, invitó al público a guardar sus móviles en el bolsillo y les entregó una cámara desechable para que, en vez de una historia efímera de Instagram, guarden un recuerdo físico para toda la vida.
Hasta Mánchester llegaron ‘Harries’ -fans de Styles- de todos los lugares del mundo, desde otras ciudades de Inglaterra, hasta Nueva York o España. Algunos tenían la fortuna de haber logrado una de las cotizadas entradas del evento a 20 libras (23,07 euros), que se asignaron de manera aleatoria entre las millones de personas que expresaron su interés.
Otros, llegaron a coger un avión solo con la esperanza de intentar vivir el concierto. Horas antes del concierto, una fila de personas se postraba junto al estadio con carteles en los que pedían conseguir una entrada, encabezados por la joven sevillana Carmen Vilella, de 26 años, que viajó desde España en el mismo día y ofrecía un retrato pintado a mano de Styles a cambio de la oportunidad de entrar.
Un disco hecho para el directo
En el interior del estadio, un escenario central hexagonal con dos pasarelas recibió al público de Mánchester, y un reloj de agujas marcó la cuenta atrás para el concierto con una lista de canciones en la que sonó ‘Wham’, ‘Gorillaz’ o un sorprendente ‘Nos quedamos solitos’ de Rosalía minutos antes de comenzar.
Con puntualidad británica, a las 21:00 GMT inició el concierto, que duró cerca de dos horas y repasó las doce canciones del nuevo álbum de Styles en orden y cinco de los grandes éxitos de su discografía.
Styles apareció en el escenario vestido con un jersey azul y pantalones amarillos, se acercó a la mesa de mezclas, como el DJ que está a punto de empezar su fiesta, y el estadio enloqueció al escuchar las primeras notas de ‘Aperture’ mientras el británico gritaba con ímpetu ese «We belong together» en su primera toma de contacto con la audiencia (sin contar la actuación de los premios Brit sobre ese mismo escenario una semana antes).
«¡Buenas noches, Mánchester! Mi nombre es Harry», dijo Styles, que agradeció a los asistentes su presencia en el día de lanzamiento de un disco que germinó en un festival de Madrid y que, admitió, «ha significado mucho» para él y que ha cobrado sentido tras cantárselo a su público.
Después llegaron temas como ‘American Girls’, ‘Ready, Steady, Go’ o ‘Are You Listening Yet?’, en este último, con una especie de megáfono en mano y bailando en la pasarela. Porque, pese a los tres años de pausa, Styles sigue siendo un auténtico showman y su nuevo álbum está hecho para vivirlo y disfrutarlo en directo.
Hasta las canciones que quizás pueden pasar desapercibidas en la versión de estudio, como ‘Taste back’ o ‘The Waiting Game’ o ‘Season 2 Weight Loss’, ganan exponencialmente en vivo, ya sea por la gente que corea sus estribillos -aunque a solo un día de su lanzamiento todavía sonaban a nuevo-, el carisma de Styles o el acompañamiento de su banda y un coro gospel.
Styles se acompañó de una orquesta de cuerda para cantar ‘Coming Up Roses’, una de las canciones más bonitas del disco, que el británico calificó como una de sus favoritas y dedicó a su amigo Tom (Kid Harpoon), con el que ha producido conjuntamente este álbum.
La divertida ‘Pop’ y el ‘Dance No More’ (que suena por momentos al ‘Uptown Funk’ de Mark Ronson y Bruno Mars) abrieron el bloque más ochentero del álbum y también el precinto de las fundas de los móviles de los que ya empezaban a sucumbir a su nomofobia y necesitaban grabar a escondidas el concierto.
Tras una calmada ‘Paint by Numbers’ con orquesta y coro, Styles amarró su guitarra; cantó ‘Carla´s Song’, la última canción del disco, y desapareció brevemente antes de iniciar un bis con temas de sus trabajos anteriores.
‘Hits’ previos y un mensaje de paz
Empezó con ‘From The Dining Table’ y estrofas como «incluso mi teléfono añora tus llamadas, no hemos hablado desde que marchaste» sonaron casi como un homenaje velado al que fuese su compañero en One Direction, Liam Payne, tras su fallecimiento en octubre de 2024.
La traca final llegó de la mano de hits como ‘Golden’, ‘Watermelon Sugar’, ‘As It Was’ y ‘Sign of The Times’, esta última, acompañada de un mensaje político y alentador.
«En un mundo como el de hoy, tan caótico, es muy fácil sentirse desesperanzado. Pero miro a este lugar, a lo que habéis creado, y veo esperanza aquí (…) Al mundo le vendría bien un poco más de paz en este momento», dijo Styles.
Este hubiera sido un cierre redondo, pero el público pidió una canción más y el británico se la dio. «Espero que llevéis zapatos cómodos», dijo, antes de repetir un ‘Aperture’ que supo como aperitivo e inicio de todo lo que está por venir en la nueva era de Harry Styles. EFE
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