«Inundación»: crítica y advertencia sobre el turismo hacia 1900
Al casarse con Marie Stern, una hotelera de Wengen, el arqueólogo Jakob Wiedmer descubrió, casi por casualidad, el auge del turismo de la Belle Époque en el Oberland bernés. Plasmó sus impresiones en su novela Flut, una crítica al turismo que lo obligó a renunciar de inmediato a su cargo de gerente de hotel.
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De hijo de panadero a arqueólogo y, luego, a hotelero
Nacido en 1876 en Herzogenbuchsee (cantón de Berna), a Jakob Wiedmer se lo consideró desde muy temprana edad una especie de genio. En la escuela, elogiaban su talento para el aprendizaje. Sin embargo, su padre, panadero de profesión, opinaba que ya había suficientes «intelectuales», y lo animó a aprender un oficio de verdad: el de empleado de comercio.
Apenas Wiedmer fue contratado para un puesto en Zúrich, su empleador lo envió a Atenas. Al parecer, las prácticas en la capital griega despertó en él un interés por la arqueología mucho mayor que el que sentía por el comercio. De regreso a Berna, el joven se convirtió primero en arqueólogo y luego en escritor. En enero de 1904, a los 27 años, contrajo matrimonio con Marie Stern, propietaria de un hotel en Wengen, y se convirtió así en director del establecimiento, conforme a lo determinado por la legislación vigente en aquella época.
Hacia el turismo de masas en el Oberland bernés
La experiencia que Jakob Wiedmer vivió como hotelero en 1904 y 1905, durante la expansión del turismo de masas -o incluso del sobreturismo-, parece haberlo marcado para siempre. En aquella época, la región del valle de Lauterbrunnen, en particular el valle de Lütschine, a los pies del Eiger, el Mönch y Jungfrau, ya contaba con una tradición bastante arraigada de turismo alpino. Desde la segunda mitad del siglo XVIII, los viajes turísticos al Oberland bernés se habían multiplicado y, en un comienzo, se concentraban en algunos atractivos naturales específicos.
¿Turismo de masas o sobreturismo?
El turismo de masas se define como el desplazamiento de un gran número de personas hacia destinos populares, a menudo con ofertas estandarizadas. El sobreturismo, en cambio, designa una situación en la que el turismo alcanza tal magnitud que termina comprometiendo considerablemente la calidad de vida de la población local, así como la experiencia de los turistas.
El glaciar inferior y el glaciar superior de Grindelwald, que en aquella época todavía podían verse desde el pueblo y a los que se podía acceder tras una breve caminata, despertaron un gran interés. El atractivo que la «vista de los glaciares» ejercía sobre un público mayoritariamente urbano puede apreciarse en la gran cantidad de acuarelas y pinturas que se realizaron. Por otra parte, durante la época romántica, los visitantes también se sentían fascinados por las imponentes cascadas.
Además de las maravillas de la naturaleza, los acontecimientos culturales también atrajeron a un público mayoritariamente urbano. Con el espíritu de un retorno a las formas de vida tradicionales de las poblaciones alpinas, en 1805 nació el Festival UnspunnenEnlace externo. Al sur de Interlaken, unos patricios de la ciudad de Berna organizaron un encuentro inspirado en las tradicionales fiestas de los pastores alpinos, que incluía concursos, así como demostraciones artesanales y artísticas. En aquella ocasión, había que alojar a cerca de 600 invitados, lo que provocaba una sobrecarga en los hoteles y las pensiones.
El auge del turismo en el Oberland bernés está estrechamente ligado al desarrollo de la infraestructura de transporte, cuyo punto de partida fue la construcción de carreteras a partir de mediados del siglo XVIII. Los lagos más grandes del Oberland bernés, el lago de Thun y el lago de Brienz, se cruzaban inicialmente en barco. Ya en 1835, el primer barco de vapor surcó el lago de Thun, y cuatro años más tarde lo hizo en el lago de Brienz. Sin embargo, numerosas embarcaciones siguieron prestando servicio para el transporte de pasajeros hasta la década de 1870.
No obstante, fue la conexión de la región con la red ferroviaria la que resultó decisiva para el advenimiento del turismo de masas, aunque al principio el enlace se limitaba al tramo entre Berna y Thun (terminado en 1859/1861), desde donde era posible continuar el viaje en barco. Recién a partir de 1885 se aceleró la ampliación de la red ferroviaria: en el lapso de diez años, se construyó la línea ferroviaria de Thun a InterlakenEnlace externo, a lo largo del lago de Thun, así como las conexiones entre Interlaken, Grindelwald y Lauterbrunnen y la línea del Brünig, que unía Brienz con Lucerna a través del paso del Brünig.
Finalmente, con la apertura de la línea del Lötschberg en 1913, se estableció una conexión con el Alto Valais y hasta Milán. Gracias a esta mejor accesibilidad, el turismo siguió creciendo en el Oberland bernés. Comenzó entonces una competencia entre las distintas localidades y regiones, que se desarrollaba en dos frentes: el atractivo de la oferta hotelera y los ferrocarriles de montaña.
Al principio, los mejores alojamientos para una clientela internacional adinerada se concentraban en las localidades situadas en la periferia de los Alpes, como Thun.
Pero a finales del siglo XIX surgieron nuevos complejos hoteleros a orillas del lago de Brienz, en Grindelwald, Wengen y Mürren, dando inicio a una carrera por las mejores ubicaciones y por atraer a la clientela más adinerada, lo que, como es de imaginar, generó una fuerte competencia y no pocos celos entre las comunidades de los pequeños pueblos.
Los ferrocarriles de montaña cumplieron una función decisiva: transformaron la percepción de las montañas. Hasta entonces, la contemplación de los Alpes desde las alturas estaba reservada, en gran medida, a los alpinistas. La construcción de estas infraestructuras introdujo un cambio crucial de perspectiva, al permitir que un público mucho más amplio accediera a miradores situados a gran altitud sin necesidad de realizar esfuerzos físicos excepcionales. Desde finales de la década de 1870 y hasta la Primera Guerra Mundial, se construyó un gran número de ferrocarriles de cremallera y funiculares cada vez más perfeccionados.
En este marco, la construcción del ferrocarril de Wengernalp, que subía desde Lauterbrunnen hasta Wengen y luego hasta la Kleine Scheidegg, antes de descender a Grindelwald (1893), fue fundamental. La línea contribuyó decisivamente al desarrollo del pequeño pueblo de montaña de Wengen, lo que nos sumerge concretamente en el universo de la pareja Wiedmer-Stern. Sin embargo, el proyecto más audaz, sin duda, consistía en conectar la Kleine Scheidegg con el Jungfraujoch mediante un nuevo tramo ferroviarioEnlace externo. Numerosas fotografías de la Belle ÉpoqueEnlace externo dan cuenta del atractivo que este trayecto ejercía sobre los turistas.
La publicación de guías turísticas tampoco fue ajena al desarrollo del turismo de masas. Así, la serie Murray’s Handbook for Travellers (en español, «Manual Murray para viajeros»), destinada al público angloparlante, y su equivalente alemana, la Baedeker (Guía Baedeker), desempeñaron un papel fundamental. Estas guías señalaban los lugares imprescindibles durante un viaje a Suiza. Se actualizaban con regularidad, de modo que la comparación entre las distintas ediciones ofrece una buena visión de la evolución del turismo. Gracias a nuevos ferrocarriles de montaña o a hoteles atractivos, destinos que hasta entonces apenas se mencionaban pasaron de repente a ganar protagonismo.
Flut, una novela que critica el turismo
Con el ímpetu que lo caracterizaba, Jakob Wiedmer escribió ya en 1904 su novela Flut («Inundación»),Enlace externo publicada al año siguiente. La obra tuvo una gran repercusión desde su aparición por entregas e incluso fue mencionada en la revista Times de Londres. Sin embargo, su contenido no despertó precisamente entusiasmo en el Oberland bernés. Y es fácil entender por qué.
El tema del libro sigue siendo candente aún hoy. La acción transcurre en Stägen; evidentemente, se trata de Wengen, aunque algunos pasajes también evocan otros lugares, como Mürren. Este aislado pueblo de montaña, de tradición campesina, se transforma de repente en un centro turístico internacional invadido por visitantes. Los campesinos se convierten en hoteleros, en medio de rivalidades y conflictos.
Las descripciones de Jakob Wiedmer en su novela Flut (original en alemánEnlace externo) no son arbitrarias y evocan numerosas localidades del Oberland bernés. Al final, el lugar queda destruido por el fuego en un desenlace apocalíptico. Casi proféticamente, este epílogo catastrófico pone de manifiesto el problema que supone una orientación centrada en el turismo y sus consecuencias para el entorno alpino. El primer colapso se produjo con el estallido de la Primera Guerra Mundial, que provocó una prolongada ausencia de visitantes internacionales.
«¡Sigan adelante, construyan ferrocarriles por todas partes, profanen el Jungfrau con el estruendo de sus máquinas y la multitud sombría, y pisoteen su cima con sus suelas manchadas por la inmundicia de la gran ciudad! […] ¡Pero ya lo han violado; lo están malvendiendo para su propio beneficio, como a una mujer de mala vida!»
Extracto de Flut, página 228 de la nueva edición (traducción libre). Este pasaje presagia lo que denunció la caricatura de 1912 con motivo de la inauguración del ferrocarril del Jungfrau.
La novela crítica de Jakob Wiedmer sobre el turismo se inscribe en una tradición de relatos que abordan, con reservas, de manera matizada o abiertamente negativa, el surgimiento del turismo de masas y sus consecuencias para las comunidades de los valles alpinos suizos, hasta entonces eminentemente rurales.
A finales del siglo XIX, el enfrentamiento entre la población local y los turistas comenzó a ser objeto de una mirada cada vez más crítica; las fracturas en el seno de las sociedades alpinas también cobraron mayor importancia. Así, el relato de Arnold Halder Die Stiefelchen oder Was sich in Interlaken Alles treffen kannEnlace externo («Las botitas o lo que se puede pasar en Interlaken», 1883) examina también, aunque brevemente, el mundo que se oponía a los hoteles de lujo.
Reedición de la novela Flut
La reedición de la novela FlutEnlace externo salió a la venta hace poco en la editorial Chronos, 120 años después de la publicación original del libro. Incluye un prólogo del biógrafo de Wiedmer, Felix Müller, y un epílogo de Christian Rohr sobre la historia del turismo.
Junto a los hoteles, subsistían barrios miserables con niños harapientos, mendigos y salteadores de caminos. En su tesis de 1891 sobre «Los principales cambios en el modo de vida de las poblaciones de alta montaña en Suiza durante el siglo XIX», el futuro poeta en dialecto bernés Rudolf von TavelEnlace externo también daba cuenta de una mendicidad manifiesta o encubierta, representada por músicos que tocaban el corno alpino o por niños que vendían ramos de flores. En 1900, el Oberland bernés ya estaba, por lo tanto, afectado por el sobreturismo.
Tras la ruptura con Wengen
La publicación de la novela provocó la ruptura de la pareja con Wengen. A continuación, se mudaron a Berna, donde Jakob Wiedmer presentó su candidatura a un puesto en el Museo Histórico de Berna, del que asumió la dirección en 1907.
Su trabajo como arqueólogo, cuyos efectos perduran hasta hoy, merece ser calificado de pionero en el ámbito de la investigación. Sin embargo, incluso esta actividad llegó a parecerle demasiado monótona. Con el producto de la venta del hotel de Wengen, financió proyectos en el extranjero, hasta que el estallido de la Primera Guerra Mundial puso fin a sus ambiciones.
Así, el financiero se convirtió en inventor de máquinas de todo tipo. Incansablemente, multiplicó sus proyectos. Su último sueño fue llevar al cine su novela Kyra Fano, con nada menos que Alfred Hitchcock como director. Pero el proyecto nunca llegó a concretarse. Aquejado desde hacía años por las secuelas de la sífilis y de una enfermedad reumática, Jakob Wiedmer, el genio que nunca pudo encontrar la paz, falleció el 3 de agosto de 1928.
El autor de este artículo, Christian Rohr, es profesor de historia ambiental y climática en el Instituto de Historia de la Universidad de Berna.Enlace externo
El artículo original en el blog del Museo Nacional SuizoEnlace externo.
Artículo adaptado al español por Norma Domínguez. Revisado por Carla Wolff.
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