Qué puede aprender Suiza de Australia sobre prohibir las redes sociales a menores
Australia ha prohibido las redes sociales a los menores de 16 años. Y esto ha desatado un debate mundial. Aunque Suiza también está valorando la posibilidad de establecer normas para las plataformas digitales, la gente entendida advierte: las prohibiciones, por sí solas, no bastan para resolver el problema de los algoritmos y el diseño perjudiciales.
Aunque el primer país en pasar a la acción ha sido Australia, de unos años a esta parte se debate la posibilidad de prohibir las redes sociales en la adolescencia. El pasado mes de diciembre Australia bloqueó el acceso de los menores de 16 años a diez plataformas, entre ellas TikTok, Instagram y YouTube.
El primer ministro, Anthony Albanese, ha calificadoEnlace externo la entrada en vigor de la medida como «el día en que las familias australianas recuperan el control frente a las grandes tecnológicas» .
Las principales plataformas tecnológicas están en el punto de mira en todo el mundo. Los tribunales estadounidenses, en dos casos distintos, recientemente se han pronunciado en contra de Meta (propietaria de Facebook, Instagram y WhatsApp) y de YouTube, de Google. Que han sido condenadas por daños que van desde la explotación sexual infantilEnlace externo hasta problemas de salud mental y adicciónEnlace externo.
La medida de Australia ha desatado una reacción en cadena: países como España, Francia y el Reino Unido están valorando medidas similares. Mientras Suiza reflexiona sobre cómo actuar, los expertos y las organizaciones de la sociedad civil advierten de que la cuestión fundamental no se refiere solo a quién utiliza las redes sociales, sino sobre todo a cómo funcionan las plataformas y sus algoritmos, y a la influencia que ejercen sobre quienes las utilizan.
Una ley suiza para regular las plataformas de comunicación y los motores de búsquedaEnlace externo se ha sometido a consulta pública recientemente. Han participado en ella partidos políticos, empresas privadas y otros actores. Y, aunque obliga a las plataformas a dotarse de herramientas para denunciar los abusos, la ley no les obliga a prevenir los daños ni a proteger a la gente joven. Además, no prevé un mecanismo para sancionar a las grandes empresas tecnológicas en caso de infracciones.
No están regulados, por ejemplo, los chatbots y los sistemas de recomendación basados en la inteligencia artificial (IA), que determinan qué contenidos se muestran e influyen en el tiempo que se pasa en línea. Según el experto australiano Daniel Angus, director del Centro de Investigación de Medios Digitales de la Universidad Tecnológica de Queensland, se trata de una omisión importante.
Y señala: «Si queremos mejorar las plataformas para toda la sociedad, debemos intervenir en cómo están diseñadas y en su lógica económica, no solo en quién está autorizado a utilizarlas».
«Prohibirlo no resuelve el problema»
Según Angus, la ley australiana es demasiado simplista y no aborda las causas estructurales de los daños en internet. «Es una ley que no apoya a la juventud, no la educa y no resuelve los problemas de fondo», afirma.
El problema principal —sostiene Angus— es el modelo económico de las plataformas, que utiliza algoritmos de IA para perfilar a la gente que las utiliza, maximizar la atención y aumentar el tiempo que pasan en línea con el fin de vender publicidad.
Los sistemas de recomendación de contenidos suelen funcionar de forma opaca y la ley australiana, sin embargo, no exige una mayor transparencia, subraya Angus, que considera que excluir a la gente más joven puede debilitar la presión para que se limiten las publicaciones y la publicidad nocivas, con la lógica de que el problema se reduce si los y las adolescentes no están presentes.
«¿Por qué no limpiamos las plataformas en lugar de excluir a los jóvenes? ¿Por qué no eliminamos los contenidos nocivos y mejoramos la experiencia para todos?», pregunta este experto.
El Gobierno de Canberra defiende su ley
El Gobierno australiano, por su parte, defiende su enfoque legislativo. Un portavoz de la Comisaria para la Seguridad Digital, en respuesta a Swissinfo, ha subrayado que la prohibición no es más que una parte de un marco más amplio.
Este marco incluye medidas para combatir los abusos en línea, el ciberacoso y los contenidos ilegales, incluidos los materiales generados mediante IA, como los deepfakes [contenido falso]. Las autoridades, además, pueden solicitar a las plataformas información sobre cómo gestionan los riesgos asociados a la IA.
Según el portavoz, estas medidas ya están surtiendo efectos concretos. Una empresa británica de servicios muy populares de «nudify» [desnudos] —que generan imágenes íntimas falsas con IA, a menudo incluso de personas menores— ha retirado, por ejemplo, sus plataformas del mercado australiano.
¿Está funcionando la ley australiana? Los primeros datos son ambiguos
Los datos iniciales tras introducirse en Australia la prohibición muestran resultados contradictorios. Por un lado, las plataformas ya habrían eliminado millones de cuentasEnlace externo atribuibles a menores. Al mismo tiempo, el 61 % de los padres que participaron en una encuesta gubernamentalEnlace externo afirma haber observado efectos positivos en sus hijos, como una mayor interacción en persona.
También surgen, sin embargo, críticas. En torno a una cuarta parte de los padres y las madres sostiene que sus hijos e hijas se han trasladado a plataformas alternativas y señala que las interacciones sociales y la creatividad han disminuido.
Además, según varios medios de comunicación australianosEnlace externo, eludir la prohibición es fácil. Este es un aspecto que ya había salido a la luz en una encuesta que realizó Unicef en Australia entre más de 2.000 jóvenes de entre 13 y 17 años. La encuesta indica que casi una cuarta parte a menudo consigue eludir las restricciones. «Esto demuestra lo importante que es crear plataformas digitales más seguras, en lugar de simplemente limitar el acceso», declaró en una publicación en líneaEnlace externo la responsable de políticas y defensa de los derechos de Unicef Australia, Katie Maskiell.
Angus confirma esta tendencia: «Todos los días oigo historias de jóvenes que siguen en Instagram a pesar de las restricciones», afirma.
En Suiza el debate sigue abierto
En Suiza, el proyecto de ley se está debatiendo todavía, pero los desacuerdos ya son evidentes.
La normativa prevé que las plataformas expliquen por qué se elimina un contenido o se bloquea una cuenta y ofrezcan a los usuarios y usuarias la posibilidad de impugnar estas decisiones. Permite, asimismo, denunciar contenidos ilegales a través de un sistema de reclamaciones interno. Aunque no obliga a las empresas a prevenir activamente los contenidos nocivos. «Si una plataforma identifica un riesgo, no está obligada a remediarlo», señala Estelle Pannatier, directora sénior de políticas de AlgorithmWatch CH.
Las organizaciones de la sociedad civil reclamanEnlace externo, por tanto, normas más estrictas, en particular sobre los algoritmos de recomendación, que pueden exponer a las personas a contenidos nocivos, favorecer un uso prolongado y explotar datos sensibles con fines publicitarios.
Ven, además, en los chatbots de IA generativa —cada vez más integrados en las redes sociales y los motores de búsqueda— una amenaza potencial, ya que sus respuestas pueden influir en las opiniones individuales e incluso en los procesos democráticos. «Suiza actualmente no dispone de los instrumentos necesarios para intervenir de manera eficaz en las plataformas, incluso cuando la democracia está en peligro», reconoce Rahel Estermann, codirectora de la organización de defensa de las personas usuarias digitales Digitale Gesellschaft.
Estas posturas contrastan con las de la industria. Swico, la asociación que representa a las empresas digitales, se opone a que el Gobierno regule las plataformas sociales, sobre todo si incluye restricciones sobre la IA. «La inteligencia artificial ya es objeto de un proceso normativo propio. Regularla en el marco de esta ley aumentaría innecesariamente el riesgo de solapamientos no coordinados y perjudiciales», declara Simon Ruesch, responsable de asuntos jurídicos y relaciones públicas de Swico.
Por qué Europa puede ofrecer un modelo mejor que Australia
El caso australiano y el debate suizo ponen de manifiesto lo complejo que es regular las plataformas digitales.
Según Daniel Angus, las restricciones basadas en la edad son políticamente atractivas porque son fáciles de comunicar, pero corren el riesgo de dejar sin resolver cuestiones más profundas. «El verdadero reto político es abordar la lógica comercial y los algoritmos que subyacen detrás de estos sistemas», afirma.
Por este motivo, Angus invita a los países, entre ellos Suiza, a que reflexionen detenidamente antes de tomar como modelo a Australia. Sugiere como alternativa fijarse en la Ley de Servicios Digitales de la Unión Europea, que apuesta por la transparencia y la responsabilidad de las plataformas, y además prevé sanciones significativas en caso de incumplimiento.
De hecho, la normativa europea obliga a las plataformas a explicar cómo funcionan sus algoritmos de recomendación y limita —con multas de hasta el 6 % de la facturación global en caso de infracción— la publicidad dirigida a menores. «La ley europea, aunque imperfecta, es mucho más avanzada que la australiana», concluye Angus. Antes de que termine el año, el Gobierno suizo debería examinar las posiciones de todos los grupos de interés y decidir los próximos pasos a dar para la regulación.
Editado por Gabe Bullard. Adaptado del italiano por Lupe Calvo. Versión en español revisada por Carla Wolff.
En cumplimiento de los estándares JTI
Mostrar más: SWI swissinfo.ch, certificado por la JTI
Puede encontrar todos nuestros debates aquí y participar en las discusiones.
Si quiere iniciar una conversación sobre un tema planteado en este artículo o quiere informar de errores factuales, envíenos un correo electrónico a spanish@swissinfo.ch.