La mirada latinoamericana sobre las Fallas de Valencia: «Impactante y emocionante»
Valencia (España), 18 mar (EFE).- «Impactante y emocionante» podrían ser las palabras más repetidas entre los turistas extranjeros que estos días visitan la ciudad española de Valencia para disfrutar de las Fallas, aunque no sea la primera, la segunda ni la tercera vez que viven esta fiesta de interés turístico internacional y Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.
«Con las ‘mascletas’ se me revuelve el cuerpo de arriba a abajo y se me saltan hasta las lágrimas», cuenta a EFE Macrina, una joven venezolana que ya a las 11:00 horas (10:00 GMT) estaba sentada en la plaza del ayuntamiento, el ‘kilómetro 0’ de las Fallas, para esperar el lema ‘Senyor pirotècnic, pot començar la mascletà’ (Señor pirotécnico, puede comenzar la mascletà) que ordena la fallera mayor desde el balcón consistorial cada dos de la tarde desde el 1 de marzo.
Mientras come pipas y ve pasar los minutos del reloj, asegura que son sus segundas Fallas y que intenta no faltar a ninguno de esos espectáculos pirotécnicos, por lo que no le importa llegar con tanta antelación; se lo pasa bien viendo el ambiente, escuchando la música de las charangas y fijándose en los trajes de fallera.
Para los valencianos, criarse entre petardos y pólvora es algo común -los niños empiezan a tirar ‘bombetas’ antes que a escribir-, pero para los extranjeros sigue siendo «una locura» aunque ya vivan en Valencia desde hace años.
Gisela y Matsi son argentinos, llevan cuatro años en la ciudad y se siguen poniendo en primera fila con la misma ilusión que la primera vez. Así, apoyados a las vallas de seguridad, señalan que la palabra que más describe lo que sienten es «impresión» y destacan que lo que más les gusta es «ver a los locales vivir tan intensamente la tradición».
Unos buñuelos por primera vez
Bajo un sol radiante, la cola en el puesto de Bunyols Bienve ocupa media calle, en el céntrico y fallero barrio de Ruzafa, pero a nadie parece importarle esperar «lo que haga falta» por probar los tradicionales buñuelos de calabaza que Leticia, cuarta generación de buñoleras, está estirando y metiendo en aceite.
Jacky, una mujer venezolana que lleva solo un par de meses en Valencia, no ha probado nunca un buñuelo -son sus primeras Fallas- y espera con expectación este dulce típico de la ciudad que la ha acogido.
«Me gustaría ser una fallera para vivir la fiesta de cerca», asegura Jacky, quien explica que lo que más le ha impactado son los monumentos falleros y -como muchos otros turistas extranjeros- considera «increíble que se vayan a quemar este jueves», el día de San José.
«Una fiesta que no es para los turistas»
Isaul -diseñador- y Marcelo -arquitecto- tampoco es la primera vez que ven las Fallas, sino la tercera.
Son mexicanos y, aunque les encanta esta fiesta, reconocen que son más «críticos», porque «no pueden evitar» pensar en la contaminación que puede suponer la masificación, las ‘mascletas’ y la ‘cremà’ de los monumentos, el momento en que sucumben a las llamas esas esculturas de madera y cartón piedra que menudo representan a personajes famosos o hacen una crítica de temas de actualidad.
«Lo que más nos gusta es ver cómo los valencianos se entregan y se dedican a las Fallas. No es una fiesta hecha para los turistas, aunque haya muchos. Es una fiesta verdaderamente local, que no busca solo tener fama, sino mantener tradiciones», señala Isaul sobre esta celebración cuyo origen se remonta a la costumbre de improvisar hogueras con muebles viejos para conmemorar la llegada de la primavera.
Ambos lo comparan con el Día de Muertos en México, una festividad tradicional que, a su juicio, sí que tiene mucho de «espectáculo» para atraer a turistas. «Valencia se masifica porque está en el mapa, pero es la tradición y la emoción de los valencianos lo que importa», aseguran. EFE
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