La oposición polaca deberá limar diferencias ideológicas y luchas internas para gobernar
Miguel Ángel Gayo Macías
Cracovia (Polonia), 21 oct (EFE).- La europeista oposición polaca proyecta formar una coalición de gobierno tras las recientes elecciones, pero la falta de definición en los términos de esa alianza y la asignación de puestos en un eventual ejecutivo son un obstáculo más en su camino hacia el poder.
La posibilidad de formar un gobierno de coalición que desbanque al gobernante PiS y ponga fin a ocho años de conservadurismo duro es lo que ha alentado a la oposición a plantear un ejecutivo de tres alianzas (y más de una docena de partidos en total) pero, del mismo modo, la perspectiva de acceder al poder ha desatado rivalidades y disputas por los puestos de ese futurible gobierno.
El Sejm, como se llama el Parlamento polaco, tiene 430 escaños, por lo que los 194 que logró el PiS en las elecciones se quedaron cortos para obtener la mayoría absoluta mínima de 231 y formar gobierno en solitario.
Por su parte, la troika formada por Plataforma Cívica (PO, 157 diputados), Tercera Vía (65) y Nueva Izquierda (26), con 248 asientos en conjunto, rebasa holgadamente ese número, lo que llevó a los respectivos líderes de esas coaliciones a proclamar «el fin del PiS».
Hay un consenso generalizado sobre quién debería encabezar un ejecutivo resultante de esa coalición, y con toda probabilidad será Donald Tusk quien sea el próximo primer ministro de Polonia.
Tanto es así, que Tusk viajará la semana que viene a Bruselas «para reunirse con los líderes de los países europeos y garantizar la rehabilitación de Polonia en el ámbito internacional».
Sin embargo, muchos analistas políticos coinciden en señalar que es más urgente para Tusk ocuparse de la política doméstica y cazar el oso antes de vender una piel de la que todos quieren su parte, en forma de cargos o puestos de influencia en el próximo gobierno.
El PiS, por su parte, y gracias a que su aliado, el presidente Andrzej Duda, previsiblemente retrasará el traspaso de gobierno todo lo que le permita la Constitución, tendrá así más tiempo para la «caza» de voluntades y posibles tránsfugas que ya ha comenzado.
El principal objetivo es el Partido de los Agricultores (PSL), el más conservador de todos los del grupo que aspira a formar gobierno y a cuyo líder, Władysław Kosiniak-Kamysz, le habrían tentado incluso con presidir el ejecutivo.
Muchos representantes del PSL están en una órbita ideológica más cercana al PiS que a Nueva Izquierda, por ejemplo, lo que pone de manifiesto que, una de las cosas que ha unido a la oposición -y está por ver si la única-, es el deseo de destronar al PiS.
Y es que, en temas como el aborto, hay diferencias fundamentales dentro de una coalición que algunos ya han bautizado como «Frankenstein» político, y por ejemplo Kosiniak-Kamysz ya ha advertido que liberalizar las restricciones actuales debería someterse a un referéndum.
Por otra parte, el PSL tendría en el punto de mira las carteras de Agricultura y también Economía, o en su defecto Medio Ambiente y Energía, además de la presidencia del Parlamento para Kosiniak-Kamysz, que combinaría esas funciones con la vicepresidencia del gobierno.
Pero la presidencia del Parlamento, un cargo prestigioso y que en caso de necesidad sustituye al de primer ministro, habría sido prometido por Tusk a Borys Budka, secretario general de PO, para compensarle por el hecho de haberle eclipsado con su vuelta a la política polaca.
Szymon Holownia, líder de Polonia 2050, que aporta más de 30 escaños, también tiene sus ojos puestos en un puesto que le permitiría aumentar su experiencia y prestigio políticos y verse en una posición ideal para presentarse a las elecciones presidenciales que habrá dentro de dos años.
Holownia, que precisamente inició su carrera política como candidato a las presidenciales de 2020, reclamaría además las importantes carteras de Defensa y Asuntos Exteriores para su partido, algo difícil de aceptar para Tusk.
Más problemas: Adam Zandberg, líder de Nueva Izquierda, es conocido por haber dicho, entre otras cosas, que «no aguantaría» un gobierno con Tusk al frente, y es de prever que solo se avenga a tragar ese sapo si le asignan a su coalición el ministerio de Trabajo y Medio Ambiente… como mínimo.
Las ecuaciones, conversaciones de pasillo, reuniones sin rueda de prensa posterior y declaraciones bajo anonimato a la prensa para sondear la reacción de los rivales llenan las páginas de la prensa política, a la espera de que la oposición presente públicamente su propuesta con todo detalle y se certifique su voluntad de limar asperezas y asumir compromisos que contenten a los dos tercios del electorado que, en conjunto, representan. Algo que aún no ha ocurrido. EFE
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