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La victoria militar total, más improbable tras 3 años de guerra en Sudán

Al Nur al Zaki

Jartum, 14 abr (EFE).- En tres años de guerra, que se cumplirán mañana miércoles, el Ejercito de Sudán y el grupo paramilitar Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR) han sufrido un desgaste que ha provocado un estancamiento de los frentes de combate, un escenario que reduce las probabilidades de una victoria militar total de cualquiera de las partes y forzaría una solución negociada.

El 15 de abril de 2023, los paramilitares tomaron Jartum y amplias zonas del centro y el oeste de Sudán ante el descalabro del Ejército, que no pudo recuperar la capital de Sudán hasta marzo de 2025 para darle un giro a una guerra que, desde entonces, ha estado estancada en gran parte del país a excepción de algunas regiones del oeste.

«Ambas partes han agotado su capacidad para lograr una victoria militar decisiva», dijo a EFE el experto en seguridad sudanés Ibrahim Abdelqader, que anticipó un mayor uso de drones por ambos bandos para impedir cualquier avance terrestre en un momento en el que los combates se concentran en la región suroccidental de Kordofán.

¿Frentes estancados?

Sudán está ahora dividido militarmente en el oeste, donde las FAR se han hecho con el control de la vasta región de Darfur; y el este y norte, donde el Ejército ha logrado consolidar su dominio tras expulsar a los rebeldes de la capital y otras zonas del centro del país.

La clave de esta fragmentación fue la caída de Al Fasher, la capital del estado de Darfur Norte que, tras casi dos años de asfixiante asedio, fue tomada por los paramilitares a finales de octubre pasado.

Esa victoria otorgó a las FAR el control efectivo de una región cuyo tamaño es comparable al de la España peninsular, aunque todavía quedan tres localidades en manos del Ejército y sus aliados, así como otras zonas donde operan las fuerzas rebeldes del Movimiento de Liberación de Sudán del guerrillero Abdelwahid al Nur.

Desde entonces, los combates se han trasladado a la vecina región de Kordofán, que ambos bandos se disputan en alianzas con otros grupos armados e incluso, como denuncia la cúpula militar sudanesa, con la participación de mercenarios a sueldo de las FAR.

Y es que, tras perder Jartum, los paramilitares comenzaron a movilizar una gran cantidad de refuerzos a Kordofán, que conecta la capital y los estados centrales con Darfur, e incluso establecieron una alianza con el Movimiento de Liberación del Pueblo de Sudán-Norte (SPLM-N), que hasta entonces se había mantenido al margen del conflicto.

Un momento delicado

Sin embargo, persisten también otros frentes en el este del país, después de que las FAR y sus aliados tomaran la ciudad de Kurmuk, en el estado de Nilo Azul y fronteriza con Etiopía, país al que el Gobierno sudanés acusa de proporcionar apoyo militar y logístico a los paramilitares.

El Ejército ha denunciado en múltiples ocasiones la «intervención extranjera» en la guerra, y acusa a varios países, en especial a Emiratos Árabes Unidos (EAU), de financiar y dar apoyo a los paramilitares, algo que Abu Dabi niega pese a las denuncias de organizaciones de derechos humanos y reportes «creíbles» de la ONU en este sentido.

Esta guerra «subsidiaria», como la han calificado varios analistas a EFE, también ha hecho saltar las alarmas por las amenazas a la estabilidad regional y la seguridad del mar Rojo y el Cuerno de África, unos emplazamientos estratégicos a los que varios países de la región quieren acceso.

Esto viene acompañado del fracaso de los múltiples esfuerzos internacionales para sentar al Ejército y a las FAR a negociar, especialmente los impulsados por el llamado ‘Cuarteto’, compuesto por Estados Unidos, Arabia Saudí, Egipto y Emiratos, aunque el Gobierno sudanés desaprueba la presencia de este último en el mecanismo.

Y ahora, ¿qué?

Las pérdidas sobre el terreno del Ejército han llevado a que el jefe de Estado Mayor, el recién nombrado Yasser al Atta, que forma parte de la línea dura de la cúpula militar, anunciara la creación de una gran fuerza para «liberar» Kordofán y Darfur con la ayuda de «armamento avanzado» que puede cambiar el curso de la guerra.

El analista Abdelqader, sin embargo, apuntó que esta campaña tendría el objetivo de «mejorar la posición negociadora» del Ejército, en un momento en el que se pueden renovar las conversaciones para, al menos, acordar un alto el fuego humanitario.

De la misma forma, el experto militar Abdel Rahim dijo a EFE que el Ejército perdió la oportunidad de hacerse con Kordofán y Darfur cuando las FAR se retiraron de Jartum, algo que los paramilitares aprovecharon para reagruparse y enquistarse en el oeste de Sudán.

Mientras tanto, tres años de guerra han provocado la muerte de unas 400.000 personas -según estimaciones de EE.UU.-, han abocado a más de 21,2 millones de personas a una situación de hambruna aguda y han obligado a otras alrededor de 14 millones a abandonar sus hogares, convirtiendo a Sudán en el escenario de la peor crisis de desplazamiento y hambre del mundo, según la ONU. EFE

az-ar-cgs/amr/cg

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