La paz duradera necesita la experiencia de las mujeres, aunque rara vez se tiene en cuenta
Veinticinco años después de la adopción de una resolución histórica de la ONU, las mujeres siguen estando en gran medida ausentes de las mesas de negociación para la paz. Sin embargo, numerosos estudios demuestran que su participación hace que los acuerdos sean más sólidos y duraderos. La directora ejecutiva de ONU Mujeres alerta sobre esta situación.
En la foto oficial de la cumbre de la OTAN celebrada los días 7 y 8 de julio en Ankara (Turquía) apenas aparecen cuatro mujeres junto a 29 hombres. Una imagen que refleja una realidad más amplia: son mayoritariamente los hombres quienes inician las guerras y también quienes negocian la paz.
Sin embargo, las investigaciones realizadas durante las dos últimas décadas muestran que cuanto mayor es la participación de las mujeres en los procesos de paz, mayores son las probabilidades de que los acuerdos perduren. A pesar de ello, siguen estando notablemente infrarrepresentadas en las negociaciones formales.
«En Sudán no ha participado ninguna mujer sudanesa en las negociaciones de paz», lamentó recientemente Sima Bahous, directora ejecutiva de ONU Mujeres, durante un debate en las Naciones Unidas. Según la responsable del organismo, la misma situación se repite en Ucrania, Líbano, Palestina, la República Democrática del Congo y otros escenarios de conflicto.
Una resolución que apenas se ha aplicado
Hace más de 25 años, la ONU reconoció formalmente el papel de las mujeres en la construcción de la paz. La Resolución 1325Enlace externo, aprobada el 31 de octubre de 2000, instaba a los Estados miembros a «garantizar una mayor representación de las mujeres en todos los niveles (…) de las instituciones y mecanismos (…) para la prevención, la gestión y la resolución de conflictos».
El objetivo no respondía únicamente a una cuestión de igualdad. También partía de una constatación práctica: por el papel que desempeñan en sus comunidades, las mujeres suelen estar en primera línea de la construcción de una paz duradera y efectiva. Al mismo tiempo, junto con las niñas y niños, son las principales víctimas civiles de los conflictos armados, expuestas en mayor medida al desplazamiento forzoso, la violencia sexual, la pobreza y la pérdida de acceso a la atención sanitaria.
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Un conocimiento esencial que se desaprovecha
Como otros países, Suiza promueve la aplicación de esta resolución de la ONUEnlace externo para reforzar la participación de las mujeres en los procesos de paz.
Sibylle Obrist, subdirectora de la División de Paz y Derechos Humanos del Ministerio suizo de Asuntos Exteriores (DFAE), destaca el valor de sus conocimientos específicos. «En la mayoría de las sociedades son las mujeres quienes organizan la vida cotidiana. Se ocupan de las redes sociales, de los cuidados, de las personas mayores y de los niños», explica. Por ello, añade, disponen de información clave sobre las necesidades reales de la población.
Durante las conversaciones para un alto el fuego en Sudán celebradas en Suiza en 2024, un grupo de mujeres detectó, por ejemplo, un problema que hasta entonces había pasado desapercibido: el acceso a las infraestructuras de telecomunicaciones. Muchos de esos puntos estaban controlados por grupos armados que exigían dinero o favores sexuales a cambio de permitir su uso.
La cuestión no llegó a incorporarse a un acuerdo porque las negociaciones fracasaron, pero Suiza sí la incluyó posteriormente en su labor diplomática.
El retroceso del multilateralismo pasa factura
¿Por qué la situación apenas ha cambiado 25 años después de la Resolución 1325? Una de las razones es que las negociaciones son cada vez más opacas y responden con mayor frecuencia a lógicas transaccionales. Además, muchas se desarrollan al margen del marco multilateral de Naciones Unidas, precisamente la institución que más ha promovido la inclusión de las mujeres.
Entre 2019 y 2024, la participación femenina en los procesos de paz liderados por la ONU se situó entre el 16 % y el 23 %. «Es una cifra insuficiente, pero representa el doble de la media mundial», afirma Sima Bahous. Estos avances, sin embargo, corren peligro debido a la pérdida de protagonismo de Naciones Unidas, que «el año pasado solo dirigió tres procesos de paz, frente a los catorce de hace quince años».
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Un trabajo invisible, pero imprescindible
Las mujeres desempeñan un papel fundamental en la construcción de la paz, aunque rara vez aparecen en las fases más visibles y mediáticas de las negociaciones. «La mayor parte del trabajo por la paz ocurre fuera de los focos», señala Liv Halpérin, asesora principal de la ONG PeaceWomen Across the Globe.
Antes de las negociaciones, ayudan a detectar y prevenir episodios de violencia o facilitan el acceso de la ayuda humanitaria. Durante las conversaciones participan en foros paralelos y aportan enfoques alternativos para alcanzar la paz. Después de la firma de un acuerdo, continúan trabajando durante años en ámbitos como la justicia transicional, la reintegración de excombatientes o la reconstrucción del tejido social. «Es una labor mucho menos visible y que recibe mucha menos financiación», subraya.
Una financiación insuficiente
En el actual contexto de creciente militarización, menos del 0,5 % de la ayuda internacional al desarrollo destinada a países en conflicto llega a organizaciones de mujeres.
«El trabajo por la paz está infrafinanciado en términos generales», lamenta Liv Halpérin. A ello se suma el retroceso de los derechos de las mujeres y el ascenso de líderes populistas o de extrema derecha, factores que, a su juicio, dificultan la puesta en marcha de procesos de paz verdaderamente participativos.
«Existe la sensación de que todo debe resolverse con mucha rapidez», analiza Joëlle Germanier, directora del Centro de Competencia para la Negociación Humanitaria (CCHN). Esa urgencia deja menos espacio para abordar los detalles y planificar cómo se llevarán a cabo los acuerdos. «Si los procesos no son participativos, es poco probable que los resultados sean positivos», recuerda.
Liv Halpérin concluye que el trabajo de estas mujeres que construyen la paz sobre el terreno es cada vez más peligroso, pero también más imprescindible que nunca.
Artículo adaptado al español por Carla Wolff.
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