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Seis lecciones que deja el rechazo a la iniciativa sobre la neutralidad

Material informativo sobre la iniciativa de neutralidad en una reunión de la UDC.
Material informativo sobre la iniciativa de neutralidad, durante una reunión del partido a favor de la propueta, UDC. Keystone / Urs Flueeler

La población suiza ha respaldado la forma en que el país entiende y aplica su neutralidad desde la invasión rusa de Ucrania. La iniciativa que pretendía consagrar en la Constitución una interpretación más estricta de este principio ha sido rechazada, entre otras razones, porque las intenciones de quienes la promovían generaron dudas. Análisis.

1. La guerra en Ucrania ha cambiado de forma duradera la percepción de la neutralidad

Hay un antes y un después de la guerra en Ucrania cuando se habla de la neutralidad suiza. Antes, el tema apenas despertaba pasiones. La neutralidad parecía un concepto inamovible y polvoriento, capaz de interesar, como mucho, a un puñado de personas interesadas en la historia recluidas en sus bibliotecas.

El regreso de la guerra al continente europeo cambió las cosas. Tras un breve periodo de dudas, la Confederación adoptó las sanciones de la Unión Europea contra Rusia, bajo presión internacional. La decisión sacó a la neutralidad de los libros de historia para devolverla al centro del debate político: ¿hizo bien Suiza en seguir a sus vecinos europeos o debería haberse abstenido en nombre de una concepción más estricta de su neutralidad? Hoy, la ciudadanía ha zanjado la cuestión en las urnas: ha aceptado la neutralidad como un instrumento que puede evolucionar y deja al Gobierno margen de maniobra para adaptar su aplicación a los cambios geopolíticos.

El hecho de que las personas mayores de 65 años se mostraran más críticas con la iniciativa de Pro Suisse resulta revelador. Esta postura puede explicarse por la experiencia de una generación que vivió la Guerra Fría bajo la amenaza de un conflicto a gran escala. En aquella época, Suiza mantenía una estricta neutralidad militar y jurídica, al tiempo que formaba parte del mundo occidental. Al rechazar una concepción más estricta de la neutralidad, la población ha optado hoy por una vía comparable, en un momento en que la guerra vuelve a estar a las puertas de Europa.

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2. Para la población, una neutralidad flexible y la credibilidad diplomática pueden ir de la mano

Al defender una neutralidad integral, quienes promovían la iniciativa aseguraban que querían preservar la credibilidad de Suiza como país que ofrece sus buenos oficios y como terreno de mediación independiente.

Esta postura no sólo la defendía la derecha soberanista, sino también un movimiento presentado como apolítico y creado expresamente para la ocasión: el Comité para la Defensa de la Neutralidad Suiza y de la Ginebra Internacional. Según este último, la reputación de imparcialidad de Suiza en el extranjero estaba en juego. «Un poco neutral ya no es neutral», resumió su presidente.

Sin embargo, la mayoría de la población coincidió con las voces que, especialmente desde los ámbitos diplomático y humanitario, advertían del riesgo contrario: aplicar la neutralidad de forma absoluta podría dar la impresión de que el Estado depositario de los Convenios de Ginebra trata por igual a las víctimas de una agresión y a quienes la perpetran, o incluso que favorecería de facto a estas últimas.

Para muchas personas, la credibilidad diplomática de Suiza depende en parte de su neutralidad, pero sobre todo de la constancia de su compromiso con la paz, el derecho internacional y los derechos humanos. El electorado ha considerado que permitir al Gobierno reaccionar por la vía política cuando estos principios son vulnerados no es incompatible con la neutralidad.

3. Ante una evolución geopolítica imprevisible, Suiza no quiere aislarse

El rechazo del domingo refleja también la voluntad de no desvincularse del resto de Europa en un contexto geopolítico cada vez más incierto.

En 2022, la decisión de Suiza de adoptar las sanciones de la Unión Europea contra Rusia generó un intenso debate. De aquella decisión surgió la iniciativa sobre la neutralidad. Sin embargo, una amplia parte de la población parece entender ahora el cálculo estratégico del Consejo Federal (Gobierno helvético).

La mayoría del electorado no ha querido que Suiza se comprometa a mantenerse sistemáticamente al margen de las sanciones europeas, con el riesgo de generar desconcierto entre sus vecinos e incluso de quedar aislada. Del mismo modo, tampoco ha querido cerrar la puerta a cualquier futura cooperación con alianzas militares, por temor a no poder contar con su ayuda si algún día fuera necesaria.

El jefe del Ejército ha señalado recientemente que Suiza ya no está a salvo de las amenazas que afectan al continente. En caso de conflicto, necesitaría el apoyo de sus vecinos europeos para defenderse. Ante esta realidad, para muchas personas la iniciativa suponía una apuesta demasiado arriesgada de cara al futuro.

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4. La percepción de que la iniciativa era prorrusa pesó en el resultado

Quienes han promovido la iniciativa han intentado restar importancia a su carácter prorruso, pero no lo consiguieron. El electorado percibió los carteles de la campaña, con el lema «No a la guerra» acompañado de una paloma de la paz, como un ejercicio de propaganda poco sincero. Resultaba demasiado evidente que la iniciativa estaba dirigida, sobre todo, contra las sanciones impuestas por Suiza a Rusia.

Desde el inicio de la campaña, la portavoz del Kremlin, Maria Zakharova, había elogiado la iniciativa, marcando así la pauta. Posteriormente, varios actores vinculados a la influencia rusa en Suiza se sumaron a la campaña de quienes la promovían. A partir de ese momento, quedó patente que algunas de las personas que apoyaban esta iniciativa de la Unión Democrática de Centro (UDC), un partido que se presenta como defensor de los intereses de Suiza, también defendían intereses extranjeros.

Al mismo tiempo, Rusia protagonizó una serie de actos hostiles contra Europa: un ataque con drones frustrado en Alemania, operaciones de sabotaje en el mar Báltico y acciones contra responsables políticos europeos en Polonia. En septiembre, el propio jefe del Ejército suizo, Benedikt Roos, lo reconoció: «Sí, Suiza es un objetivo para Moscú».

El claro rechazo de la iniciativa por parte de la población suiza constituye así también un rechazo a las ofensivas rusas contra Occidente.

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5. El electorado castigó la impresión de que Christoph Blocher buscaba ante todo sus propios intereses

Este rechazo supone un duro revés para el político de derechas Christoph Blocher, que a sus 85 años quiso volver a liderar una campaña de votación. El exconsejero federal recibió duras críticas durante la campaña. ¿Defendía realmente una neutralidad estricta, como afirmaba? ¿O perseguía ante todo sus propios intereses económicos, como le reprochaban sus oponentes?

Las dudas sobre la sinceridad de sus motivaciones terminaron imponiéndose. Ya en los primeros años de su empresa EMS, Christoph Blocher siguió haciendo negocios con el régimen del apartheid sudafricano, pese a que estaba sometido a sanciones internacionales. Más recientemente, EMS, dirigida ahora por su hija, ha seguido haciendo negocios con Rusia incluso después de la invasión a Ucrania. Christoph Blocher no ha dejado de restar importancia a estos vínculos, lo que ha hecho aún más llamativo su apego a Rusia.

Para el grupo EMS, sin embargo, China representa un mercado mucho más importante que Rusia. Y esta potencia también podría ser objeto de sanciones si Pekín atacara algún día Taiwán, algo que afectaría directamente a las actividades de la empresa en China.

Christoph Blocher se hizo multimillonario gracias a EMS y se convirtió en una figura destacada de la política suiza gracias a su instinto político. Tardó años en asimilar su salida del Ejecutivo colegiado suizo, lo que fue su primera gran derrota. Ahora, a una edad avanzada, acaba de sufrir una segunda.

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6. El debate sobre neutralidad seguirá

El debate sobre la neutralidad está lejos de quedar zanjado. Volverá a ocupar un lugar primordial en la próxima votación el 29 de noviembre, donde la flexibilización de la ley de material de guerra se decidirá en las urnas. La legislación actual prohíbe exportar armas a países implicados en un conflicto. La modificación prevé permitir las exportaciones a determinados Estados considerados socios estrechos, aunque Ucrania no figura en la lista.

Esta vez, los partidos de la derecha y la centroderecha apoyan una flexibilización de las normas para salir en defensa de la industria armamentística suiza. La izquierda teme que un mayor número de armas suizas acabe en zonas de conflicto y lamenta, al mismo tiempo, que la reforma no permita apoyar a Ucrania.

Aunque el derecho de la neutralidad no prohíbe en sí mismo que Suiza exporte armas, la cuestión volverá a estar en el centro del debate: ¿se pueden exportar más armas y seguir siendo neutrales? ¿Dónde se sitúa la frontera entre neutralidad militar y solidaridad política?

Artículo editado por Samuel Jaberg, adaptado al español por Carla Wolff y revisado por Patricia Islas

Ilustración de Helvetia

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