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Miedo a la sharía en localidad asediada por los yihadistas en Mali

Soldados vigilan el aeropuerto malí de Mopti antes de la llegada del primer ministro Soumeylou Boubeye Maïga, el 14 de octubre de 2018 afp_tickers

Con un dedo tembloroso Amadou Koïta muestra el lugar donde recibió latigazos en nombre de la sharía, la ley islámica. Durante meses los yihadistas ocuparon la ciudad malí de Toguéré-Koumbé y ahora la rodean.

En esta localidad del centro de Mali, miles de habitantes recibieron al grito de «¡Mali! ¡Mali!» al primer ministro Soumeylou Boubeye Maïga, llegado en helicóptero para romper «el embargo impuesto de hecho por los yihadistas» que se retiraron de ella hace unas semanas por la presión del ejército.

«Me acusaron de haber fumado un cigarrillo», cuenta Amadou Koïta, un agricultor de 55 años. «Los yihadistas me llevaron a esta plaza. Agarraron el Corán. Después de recitar unos versículos decidieron que debía recibir 30 latigazos. Y me dieron los golpes delante de todo el mundo».

Al este de la localidad, en una casa a punto de derrumbarse, dos hombres vigilan. Uno explica que los yihadistas izaron su bandera negra y «juraron que la de malí no ondearía nunca más aquí».

«Los hombres estaban separados de las mujeres. Las mujeres iban cubiertas de la cabeza a los pies. Nadie podía encender la televisión. Los jóvenes no podían jugar la balón. Era realmente duro», declara otro habitante.

Según varios testimonios, entre estos yihadistas había malíes, pero también burkineses, nigerinos y nigerianos.

La presencia del ejército distendió el asedio pero no lo levantó completamente.

Los yihadistas colocaron minas en los caminos de tierra y continúan apostados en el río a bordo de piraguas.

– Economía bajo asedio –

«Seguimos asediados. Si sales de Toguéré, no puedes regresar. Y si vuelves no puedes salir porque los yihadistas están a tres kilómetros de aquí», explica un concejal que ha pedido mantener el anonimato por motivos de seguridad.

Según él, «desde hace un mes, por haber intentado salir de la localidad, tres civiles de Toguéré fueron detenidos y son retenidos como rehenes por los yihadistas a menos de tres kilómetros del centro de la ciudad».

La situación económica es precaria.

«Sigue sin haber mercado en Toguéré. No hay feria porque los yihadistas no dejan a nadie entrar ni salir», lamenta un ama de casa bajo anonimato.

Los agricultores también están preocupados. «¿Cómo labrar la tierra sin nuestros bueyes? Los yihadistas y otras personas robaron cientos de reses», declaró a la AFP Oumar, un campesino arruinado por culpa de la inseguridad.

Desde la aparición hace tres años en el centro de Mali del grupo del predicador radical Amadou Koufa, la violencia interconfesional se multiplica entre los peul (tradicionalmente ganaderos) y los bambara y dogon, que se suelen dedicar a la agricultura.

Los peuls denuncian abusos cometidos por grupos de cazadores, fomentados según ellos por las autoridades o el ejército en nombre de la lucha contra los yihadistas. El gobierno lo desmiente.

Durante su visita a Toguéré-Koumbé y a la ciudad aledaña de Ténenkou, el primer ministro prometió restablecer las administraciones públicas y garantizar la seguridad en los alrededores de la ciudad, pero pidió la colaboración ciudadana.

«No hay que tener miedo de las personas cuyas acciones os hacen daño», afirmó. «Hay que ayudar al Estado, a las fuerzas armadas malíes a ayudaros, a protegeros».

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